Connect with us
Leaderboard 1 XX
Leaderboard 2 XX

Síguenos y subscríbete

Como estar informado y participar en sorteos de carreras y productos, NO TE LO PIERDAS!

Ciclismo antiguo

Los recuerdos de Iñaki Gastón

Publicado

en

Puedo decir, sin temor equivocarme, que Iñaki Gastón fue uno de mis ciclistas favoritos en la infancia. En el primer ciclismo, ese que ves de refilón, que vas apreciando paulatinamente, que te coge y te sienta cada tarde frente al televisor, porque te gustan las carreras, los relatos, el paisaje, en ese ciclismo primerizo Iñaki Gastón fue uno de los ciclistas que marcaron el periodo.

Aún le recuerdo en una salida del barrio de Sants de la Volta, al lado del mercado, con Mottet, Fignon, Pino, Perico en el PDM y Sean Kelly, vestido de blanquiverde. En aquel ambiente, en aquella salida recuerdo a Iñaki en Kelme. También le veo roto por el esfuerzo en el Morrot, cerca de Colón, en un intermedio de la Escalada a Montjuic. Corría para el Clas en esos momentos.

Aquellas sensaciones me las despertó el activísimo Manuel Pérez poniendo esta foto de Iñaki junto a Miguel Indurain, líder del Tour, de su primer Tour, además. Iñaki Gastón fue corredor profesional durante unos diez años, el bilbaíno tendría una complicada comparación en el presente. Era como Blanco Villar, como Pepe Recio, un excelente corredor para romper el sprint final.

Gastón era el ciclista que rompía sprints, que se granjeó un palmarés muy digno, que llegó a ganar dos etapas de la Vuelta a España en la misma edición, que también luce en el palmarés de la Clasica de San Sebastián. Ese palmarés también incluyó ataques de ultima hora, amargando llegadas masivas, cuando los pelotones no eran cuellos de botella de equipos que bloquean cualquier atisbo de incertidumbre porque se disponen en diferentes filas para situar lo mejor posible a sus líderes.

1

Hoy ver a alguien hacer lo que hacía Iñaki es imposible, o casi. Gaviria en Tours, poquito más. Como también es inaudito su perfil en este ciclismo que no premia el ciclista de clase media, siempre muy bien valorado, pero ahora arrinconado en el sistema de la UCI. El Gastón ganador de Kelme e incluso Kas, fue un gregario ejemplar en el Clas, el primer Clas de Tony Rominger, antes del desembarco del Mapei.

Todos recordamos aquella etapa enorme camino del Naranco cuando en el duelo de suizos, Rominger tentó la suerte para ver como Alex Zulle se caía en el descenso de La Cobertoria. Rominger caminaba sobre seguro, delante tenía a Iñaki que tiró de él como si no hubiese un mañana para auparle hacia su segunda Vuelta, una Vuelta que no fue nada sencilla, porque Zulle fue un rival complicadísimo que se batió en los detalles, en la cuneta, y ahí Gastón fue una de las claves.

No sé qué fue de iñaki, si continúa o no vinculado al cilcismo, pero su foto junto a Miguel me trajo recuerdos, buenos recuerdos, el primer ciclismo, ese que siempre llevas trenzado en la piel, y ese primer ciclismo tuvo, entre otros nombres, el de Iñaki Gastón.

Imagen tomada de Facebook

INFO

Endura ya ha diseñado el nuevo maillot de Movistar

Continuar Leyendo
Click para Comentar

Dejar Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ciclismo antiguo

Cuando las carreras ciclistas se decidían por la calidad de un tubular

Publicado

en

Hubo un tiempo que un buen tubular y su calidad coronaban ciclistas…

Retrocediendo al ciclismo de otros tiempos, recordamos con indudable admiración y hasta con cierta nostalgia, aquellos esforzados ciclistas equipados con vestimentas más o menos llamativas, con un tubular acomodado en forma de chaleco, apostados en la línea de salida de cualquier competición.

Por eso nos llamaba poderosamente la atención, lo que son las cosas, contemplar sobre los hombros de los corredores participantes aquellos neumáticos de tonalidad más bien grisácea y oscura, atados o prendidos de manera rudimentaria sobre los hombros y espalda de cualquier hombre del pedal.

En las carreras constituía un elemento imprescindible y previsor ante cualquier eventual pinchazo, un contratiempo muy en boga en aquellas épocas en las cuáles los corredores ciclistas se veían obligados a transitar por carreteras pedregosas y, en general, en muy mal estado. Un suelo asfaltado era una estampa cara de ver en aquel ciclismo de antaño que no dudamos en catalogarlo de heroico, sufrido, y, a la vez, digno para ser admirado y contrastado.

El camino de la gloria deportiva no era un objetivo fácil de alcanzar ante las ingratitudes que aportaban las carreteras.

Los neumáticos, aquellos elementos imprescindibles

Era una estampa un tanto corriente el contemplar a aquellos ciclistas sumergidos en la interminable serpiente multicolor pedaleando con más o menos entusiasmo hacia una meta más o menos lejana. Todos iban provistos con los correspondientes neumáticos de rigor, colgados sobre sus espaldas.

Esta pieza adherida al cuerpo de cualquiera de los ciclistas que competían se la conocía más comúnmente como el tubular

Fue en el año 1955, cuando los corredores fueron prescindiendo paulatinamente de esta prenda tan útil y que se hizo tan popular en las carreras de cualquier índole. El progreso técnico exigía otros derroteros.

Poco a poco, pues, fueron despareciendo como por arte de magia. El progreso y la modernidad exigían otros derroteros y otras facilidades a favor del corredor que se veía frustrado ante un inoportuno pinchazo en cualquier recóndita carretera.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Existían ampulosos vehículos que acompañaban la caravana perfectamente dotados de material diverso para auxiliar a los atletas del pedal ante cualquier problema de carácter mecánico. Las casas comerciales fueron las que adquirieron un protagonismo que con anterioridad nunca habían tutelado. El cambio de neumático pasó a ser responsabilidad de los mecánicos de cada equipo o escuadra.

El corredor de aquella manera se sacaba de encima aquella pesadilla incómoda, ingrata; es decir, tener que manipular el tubular o neumático por sí mismo y sin ayuda de nadie. Este hecho tan corriente en tiempos del pasado pasó a ser historia.

Sabido es que las carreteras de entonces no eran precisamente una delicia. Incluso una parte de ellas estaba sin asfaltar; tenían una capa de gravilla, o bien una simple protección con tierra compactada. El escenario se convertía en un verdadero calvario. El soportar un pinchazo, o varios en una sola jornada, estaba a la orden del día.

El neumático se había convertido en la pieza fundamental en el desarrollo de las carreras. En la actualidad, todos lo sabemos, la situación ha cambiado drásticamente. Nosotros en este comentario trataremos de transparentar unos hechos que tuvimos la oportunidad de poder vivir muy de cerca.

Fue fortuito incluso el estar presente ante un pinchazo inesperado sufrido por tal o cuál corredor en una ruta polvorienta y hasta perdida. Era una situación angustiosa para el ciclista accidentado, a pesar de las precauciones tomadas. Los medios disponibles eran un tanto limitados y cualquier contratiempo de esta índole representaba una pérdida de tiempo notable.

Mercado negro entre ciclistas para adquirir un tubular de calidad

El tubular en sí, este elemento que ahora muy pocos ciclistas suelen usar, consistía en una cubierta de caucho y en su interior una cámara, con las dos piezas integradas en un sólo cuerpo. Cuando se pinchaba el mismo corredor por su cuenta y riesgo se cuidaba de realizar la incómoda tarea que suponía el tener que restituir la goma. Los mecánicos de los equipos se preocupaban tan sólo de tener en existencia los repuestos suficientes para ir cubriendo cualquiera de estos contratiempos que caían casi siempre de manera inesperada. El suministro de neumáticos no fue nunca una tarea asequible para cualquiera, especialmente en nuestro país. Las escuadras de más renombre y con figuras consagradas tenían más facilidades para conseguir un buen material. Trataban a toda costa de nutrirse con suficientes existencias. Las escuadras más modestas, con menos recursos económicos, debían de trampear el temporal de la mejor de las maneras. Existía un mercado negro al respecto. El tubular no dejaba de ser en aquel entonces un repuesto esencial y su adquisición muy perseguida.

Los suministradores más conocidos en nuestra península fueron las entidades “Pirelli” y “Galindo”. Aunque bien es verdad que marcas procedentes de Francia e Italia dominaban la situación con más holgura por la calidad del producto servido. La única pega es que su coste era prohibitivo, muy elevado. No estaba al alcance de todos los bolsillos.

Lloret 300×250
Gran canaria 300×250



Aquel pinchazo de Mariano Cañardo en la Volta

Como colofón a esta divagación ciclista que siempre hemos recordado con natural apego retrocediendo al paso de los tiempos, quisiéramos comentar acerca de una anécdota que vivió el famoso ciclista Mariano Cañardo, que aunque era nacido en Olite (Navarra), en el mes de febrero de 1906, se trasladó pronto a Catalunya, y se le acepto y adoptó casi inmediatamente como ciudadano catalán. Fue un verdadero ídolo para los aficionados. Cañardo, desde luego, fue protagonista de muchas anécdotas a lo largo de su trayectoria deportiva.

Tuvimos la inmensa suerte de conocerle personalmente y mantener con el paso de los años una sólida amistad. Queremos dar luz, por ejemplo, a un hecho llamativo ocurrido en precisamente una edición de la Volta a Catalunya en la cual él concurría.

Tras transitar por el control de avituallamiento de la localidad de Pons y algunos kilómetros más adelante, tuvo la desgracia de sufrir un inoportuno pinchazo, debiendo el mismo proceder a su reparación sin ayuda de nadie.

Así era dictado en aquel entonces por el reglamento. No le acompañó mucho la suerte al perder unos valiosos minutos ante aquel contratiempo. Enmendada la avería, se puso manos a la obra con el propósito de poder alcanzar al pelotón principal.

Unos campesinos, que estaban apostados al borde de una carretera de segundo orden, envueltos por sendas nubes de polvo que levantaban la caravana multicolor motorizada, le gritaron a Cañardo al verle transitar: “¡Cuando logres alcanzar a los ciclistas que van delante tuyo, Cañardo ya habrá llegado a la meta!”

Lo cierto fue ¡vaya confusión! que Mariano Cañardo, el héroe de mil batallas, no pudo alcanzar al grupo de vanguardia en cuestión. No llegó primero a la meta, tal como auguraban aquellos rudos hombres de campo ante aquella presencia para ellos desconocida. Aquellos payeses, apostados al borde de la carretera, no se habían percatado de que aquel ciclista al que increparon y que pasó un tanto fugazmente ante sus ojos, no era otro que el mismo Cañardo, aquel atleta del pedal, catalán de adopción, que había movilizado a tantas y tantas multitudes y durante tantos y tantos años.

Por Gerardo Fuster

Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

En la Italia de Coppi y Bartali

Publicado

en

Un país como Italia dividido por dos talentos como Coppi y Bartali

La Italia de postguerra fue terreno de pillaje: un amasijo de ruinas que cabía reconstruir con algo más que intentar joder al de al lado para mantenerte a flote. Esa gente presa del hambre y las ganas de algo mejor tenía  necesidad de referencias y el ciclismo se las dio. Uno de esos iconos ya estaba vigente bastante antes de la segunda contienda mundial. Era Gino Bartali, un frondoso toscano, duro y fuerte, rudo, contundente pero piadoso, muy piadoso. Su religiosidad fue transversal, alcanzó desde las clases bajas a las acomodadas. En una sociedad que creció con un profundo sentimiento cristiano, este moreno toscano fue hilo conductor y vaso comunicante entre gente de muy diferente pelaje.

En junio de 1938, recién finalizado el Giro de Italia, Benito Mussolini, obsesionado con hacer de sus éxitos fruto del fascismo, empujó a que Bartali representara a Italia en el inminente Tour de Francia. “Si no va él, ¿quién mejor?”. Bartali fue y ganó y lo volvió a ganar diez años después, en una rara efeméride que sólo él protagonizó y por medio, con la Segunda Guerra Mundial de telón de fondo, salvó judíos cuyos nombres transportaba ocultos en el cuadro de su bicicleta.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Pero hubo un día, en la antesala de la gran conflagración, en junio de 1939, que, en el Giro del Piemonte, se cruzó un escuálido ciclista nacido en la Liguria, esa tierra que vive el ocaso de la San Remo. Su nombre era el de Fausto Coppi. Su tez afilada, pelo como engominado y mirada profunda que enamora. Rasgos míticos.

Coppi, de origen también campesino, como Bartali, ganó el Giro de 1940 con una serie de maniobras que se entendieron desde el lado del “Piadoso” como poco claras. El furor que acompañó la entrada de Coppi en la Arena de Milán, mientras Alemania invadía Francia, acabó de convencer a Bartali de que aquí, en este ciclista que el propio Constance Girardendo avalaba, tenía algo más que un rival.

Pasaron los años y la guerra concluyó dejando un país al borde del colapso. La rivalidad Coppi vs Bartali dio material hasta para novelas y filmes.

En la Milán-San Remo de 1946 Fausto Coppi firmaba una jornada antológica. Ganaba una carrera tras 147 kilómetros escapado. A Bartali esta exhibición le sentó como una patada en el estómago.

Se encontraban frente al espejo las dos Italias. Por un lado Bartali, religioso, creyente, modesto, sacrificado, ancestral. En el otro, opuesto, Coppi, moderno, avispado, carente de supersticiones, amante del método y de la ciencia, compitió por inspiración pero sabedor de que sus piernas estaban perfiladas y amasadas para ganar, para machacar. Uno anclaba a Italia al pasado, a la superstición y el esfuerzo supremo, el otro miraba al futuro, innovaba.

Lloret 300×250
Gran canaria 300×250



Los métodos de Coppi fueron revolucionarios, hasta donde la historia nos permite saber. Lo fueron tanto que ese masajista ciego llamado Cabanna, el alma de Coppi, siempre fue mirado con recelo y puesto en cuestión por Bartali. “Miraré cada uno de sus frascos, saber qué llevan y qué contienen” afirmaba el piadoso en secreto.

Bartali no quiso recibir besos de azafatas, Coppi mantuvo relaciones adulteras con la llamada Dama blanca. Dos mundos, distintos, ufanos, sideralmente separados que sin embargo dieron a Italia un periodo de prosperidad ciclista jamás igualado.

Ganaron ocho Giros, cuatro Tours y sesenta grandes premios de la montaña. Enormes e irrepetibles, su aureola, ahora que gusta tanto recordar batallitas, sigue intacta.

Si quieres ver otra rivalidad que marcó época, Bahamontes vs Loroño, puedes clicar aquí.

Imagen: Il Gionale di Vicenza

Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

Charly Gaul, el ciclista que hizo grande Luxemburgo

Publicado

en

Cuando la carretera miraba al cielo, Charly Gaul trepaba como un ángel

Charly Gaul, el famoso ciclista de otros tiempos, oriundo del Ducado de Luxemburgo, y más concretamente nacido en la localidad de Pfanffentnal, con data el 6 de diciembre de 1932, es decir casi 90 años, fue un corredor de los que dejaron huella en los anales históricos del deporte de las dos ruedas y muy particularmente a raíz de sus actuaciones sobresalientes en las altas cumbres.

Podemos afirmar que fue una estrella rutilante que brilló con cierta soltura en estas lides del pedal  cuando la carretera enfilaba cuesta  arriba, hacia la cima de turno. En su época la supremacía desplegada en esta modalidad podía paragonarse o ponerse en paralelo a la realizada en campaña por nuestro conocido representante español apelado Federico Martín Bahamontes.

Años más tarde, surgió en este campo y como escalador también nato el malogrado italiano Marco Pantani, que se mostró igualmente muy belicoso en los puertos de alta montaña. Campeones de esta índole no surgen así como así todos los días. Son estrellas que surgen de manera intermitente en el firmamento rutero.

Un meteoro llamado Gaul

Sabido es que este pequeño Ducado de Luxemburgo, situado en frontera al lado de Francia, Bélgica y Alemania, no era tierra de campeones. Como excepción cabía señalar a un tal François Faber, que se permitió el lujo de ganar el Tour del año 1909, y, años más tarde, a Nicolás Frantz, más popular en los ambientes ciclistas, que llegó a París como vencedor en las ediciones pertenecientes a los años 1927 y 1928. En aquel diminuto país, sin apenas tradición ciclista, surgió inesperadamente aquel famoso meteoro llamado  Charly Gaul, que pronto se hizo valer en los foros internacionales.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Para los que hemos tenido la oportunidad de seguir de cerca las hazañas vividas en aquellos tiempos de antaño, cuando el deporte de la bicicleta se valía más de la individualidad del individuo más los protagonismos colectivos, léase movimiento actual, nos es fácil recordar con cierto entusiasmo aquellas gestas un tanto heroicas escritas sobre el asfalto por los verdaderos esforzados de la ruta. Queremos hacer mención ahora de este corredor luxemburgués de excepción que en estas fechas precisamente son coincidentes con el décimo aniversario de su muerte acontecida en el 2005.

Cabe afirmar sin lugar a dudas que Gaul, con su estatura de un metro con 73 y un peso liviano de 64 kilos, fue y ha sido el corredor ciclista de más prestigio que ha dado el Gran Ducado, más que los mismos hermanos Schleck, compatriotas fugaces si se quiere.

Es razón más que suficiente el anotar sus dos victorias absolutas en el  Giro de Italia, y  una en el Tour de Francia, en un plazo corto de tiempo, entre los años 1956 y 1959, en su época pletórica dorada. Su carrera activa y básica se centró en el periodo comprendido entre  la temporada de 1953 y su final en 1965; es decir, traducido en trece años dándole a los pedales, una faceta que se encuadra dentro de la normalidad. En el compendio de este tiempo logró oficialmente 52 victorias que engrosaron a su historial, una cifra de todas a todas nada despreciable.

Ágil como una gacela cuesta arriba

El luxemburgués tenía una capacidad de resistencia admirable dentro de unos cánones de excepción. Cultivó severamente su mejor arma que era la montaña. En aquellos tiempos las altas cumbres diseminadas a lo largo de las pruebas de largo kilometraje tenían un peso específico incalculable y hasta decisivo. Los futuros vencedores se valían de aquel privilegio. Hoy, en cambio, el prisma de la contienda marca otros derroteros y otras estrategias. A Gaul, sí lo recordamos, daba gusto el verle pedalear, el contemplar  su marcha  frenética cuando atacaba sin piedad a sus adversarios más directos, imprimiendo sobre sus piernas un ritmo acelerado y sin pausa. Nuestro Federico Martín Bahamontes, su rival más contundente, sabía bien de sobras lo que Gaul alentaba cuesta arriba. Sin pecar de ser exagerados, diremos que los dos marcaron en este sentido un hito positivo y emotivo a favor del ciclismo.

Lloret 300×250
Gran canaria 300×250



 

El Giro y el Tour, su hoja de ruta

A Charly Gaul los cronistas le asignaron variados adjetivos o apodos de elogio. El más elocuente fue aquel cuya transcripción se transparentaba bajo el título: “El ángel de las montañas”. Dentro del esfuerzo que realizaba, aparecía con su rostro inmutable y pétreo que no delataba el dolor que sufría su físico cuando la carretera se enfilaba hacia la cima perdida de un puerto. Contemplar su ágil pedaleo y hasta al son musical de su ritmo constante, era un espectáculo único que no olvidaremos. Todo nos hacía imaginar que salvaba la distancia con sendas alas invisibles atadas a los pies. Era un espectáculo digno que daba cierta conmoción  para los que sentimos de cerca las grandezas que encierra este viejo deporte.

Por encima de todo, Gaul, aparte de ser un escalador excepcional, se desenvolvía más holgadamente en las carreras por etapas de largo kilometraje. Aunque sus prestaciones fueron ya conocidas y justamente divulgadas, destacó su tercer puesto en el Tour de Francia del año 1955, tras el francés Louison Bobet y el belga Jean Brankart. Consiguió, además, el Gran Premio de la Montaña, título que repitió al año siguiente.

El Tour que le fue más propicio fue el de l958, que venció sin paliativos sobre el italiano Vito Favero y el francés Raphael Geminiani, con victorias en las dos etapas de contrarreloj individual con meta en la cima del Mont Ventoux, y, días más tarde, en Dijon. Apuntamos, además de corrido, un majestuoso y victorioso recital llevado a cabo en el corazón de los Alpes, en la etapa que finalizó en Aix-les-Bains.

Recordamos también el protagonismo llevado a cabo por aquel dúo  denominado Bahamontes-Gaul, con una estocada certera lanzada en el collado de Romeyère, en la etapa Saint-Étienne-Grenoble. Fue en aquella memorable jornada en donde el toledano Bahamontes vistió la camiseta amarilla como líder del Tour, que llevaría con toda honra hasta París ante el pasmo de miles y miles de aficionados. Eso en el año 1959, un Tour que no se nos va de la memoria.

El Giro de Italia, con todo, fue una prueba siempre apetecida por el corredor luxemburgués. Dio la campanada en el año 1956, gracias a la célebre etapa de las Dolomitas, en la cual se afrontó el temido Monte Bondone. En aquella jornada dantesca hubo de todo: lluvia, granizo, nieve y desatadas borrascas de viento.

El resultado fue que más de la mitad de participantes abandonaron la contienda, incapaces de resistir las pésimas condiciones climatológicas. Gaul, el gran vencedor del día, pasó de ocupar una vigesimocuarta posición desdibujada en la clasificación general a conquistar la camiseta rosa que distinguía al líder, llegando a Milán en apoteosis. Tenía tan sólo 24 años. Volvió a ganar en 1959. Logró por dos veces ser tercero en los años 1958 y 1960, y un cuarto en 1961.

Colofón final

Abandonó quizá algo pronto el duro deporte ciclista: a los 33 años. Un anuncio cayó un tanto de sorpresa; sin hacer ruido, en silencio. Se puede afirmar para los que tuvimos la suerte de conocerle personalmente, que era, por encima de todo, un hombre sencillo y sin alardes de pedantería como les acurre a tantos otros, sumergidos en la fama.

Era un hombre modesto y a la vez impenetrable; con aquella frialdad que su faz reflejaba frente a los sufrimientos que le ofrecía la ruta. No se nos olvida su diminuta e inconfundible figura, cuando se perdía como una exhalación tras unas revueltas en acusada pendiente. Fui testigo afortunado, singularizo diciéndolo, como seguidor cercano a sus proezas ciclistas, especialmente en el Tour de Francia, que me compensó con un buen signo.

Charly Gaul, con sus recitales, nos mostró las excelencias que me ha brindado este deporte. Es para mí una satisfacción el haber podido plasmar, siquiera someramente, algo en torno a este campeón a todas luces un tanto singular y muy propio en sus actitudes.

Por  Gerardo Fuster

Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

Para Jean Robic las carreras duraban hasta el final

Publicado

en

Un Tour ganado en la última jornada marca el carácter de Jean Robic

Al redactar estas líneas quisiéramos exponer a los lectores un hecho histórico insólito cuyo significado se escapó de toda la normalidad cotidiana. Este escrito refleja una noticia histórica que en su época causó un verdadero impacto deportivo. Se puede encuadrar como un hecho más bien chocante desde nuestra perspectiva y tiene por objeto a un histórico como Jean Robic.

Es una estampa del pasado que siempre he recordado con especial agrado y hasta nostalgia en mis años de adolescencia, y singularizo al decirlo. Fue en aquel entonces cuando empecé a interesarme por el deporte de las dos ruedas, sus grandezas y sus decepciones.

Aquel Tour de 1947 que volvió a ser noticia… 

El de que en el Tour de Francia, en el último día de carrera, no acontecieran eventos de importancia era una tradición que los aficionados bien asimilaban. Era una jornada de tono festivo y nada más; un día de asueto casi. La clasificación general se solía mantener inamovible. Es algo que se ha cumplido por lo general sin reparos. Basta repasar un poco por encima la historia del Tour. La excepción, sin embargo, alguna que otra se produjo; se rompió el molde de lo establecido.

Por eso queremos hacer referencia al Tour de Francia del año 1947, que volvió a ponerse en activo tras la finalización definitiva de la Segunda Guerra Mundial que asoló el territorio francés y el resto de Europa.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Los organizadores galos, luchando contra viento y marea, no cesaron en su empeño de poner de nuevo en órbita la histórica e importante competición por etapas, el máximo acontecimiento ciclista de siempre. Había la necesidad de  hacer olvidar las ingratitudes que nos deparó una guerra bélica cruenta y sin concesiones, llena de muertes en ambos contendientes enfrentados sin piedad.

El golpe de teatro protagonizado por Robic

Quedaba pendiente la última etapa Caen-París, la vigésimo primera. Figuraba como líder el italiano Pierre Brambilla, afincado de tiempo en Francia, que se ganaba la vida ejerciendo de albañil.

Era un ciclista fornido con una voluntad de hierro que no se rendía así como así a los acontecimientos adversos.

En la citada jornada el bretón Jean Robic, así se llamaba, con su diminuta e inconfundible figura, atacó de firme en la cuesta denominada Bon-secours, situada a 140 kilómetros de la capital francesa.  Le secundó en la escaramuza y en el esfuerzo otro compatriota suyo, su  compañero de fatigas apellidado Edouard Fachleitner.

El pelotón quedó en consecuencia totalmente diseminado en varios grupos. Cada cual trató de salvarse como pudo ante el naufragio general vivido con particular rudeza.  La etapa al final la ganó el belga Alberic Schotte.

Pero el gran triunfador fue el pequeño Robic, que gracias a su inesperado ataque pudo enfundarse con todas las de la ley la casaca amarilla de líder en la misma París, en el famoso Parque de los Príncipes, sin haber tenido el honor de haberla lucido en el transcurso de todas las anteriores etapas de que constaba el Tour.

Toda la gloria fue para él ante la mirada atónita de miles y miles de aficionados que aplaudieron su improvisado cometido y su apurada decisión fraguada a última hora.

Lloret 300×250
Gran canaria 300×250



Caso inédito el vivido en aquel Tour. Jean Robic, curiosidad aparte, fue considerado como regional bretón, cuando en realidad  había nacido en la localidad de Condé-lès-Vouziers, colindante a las Ardenas, no lejos de la frontera con Bélgica.

Se le apodaba comúnmente “Biquet” o “Tête de cuir” (Cabeza de cuero), dado que fue el primer ciclista que usó la consabida protección, cosa que llamaba poderosamente la atención en las pruebas  en donde él participaba. Se entiende en carretera abierta, dado que en los velódromos ya se usaba una defensa similar a la que usó Robic, siempre situándonos en una época ya lejana.

La fatalidad de un destino

Aquella protección vino como consecuencia de una grave caída acaecida contra unos malditos   adoquinados en la conocida clásica París-Roubaix, en el año 1944, con fractura de cráneo. Estuvo a dos pasos de la muerte.

Con todo nunca está de más el airear este hecho protagonizado por Jean Robic, que sufrió ¡qué fatalidad! otras seis fracturas en diversas partes del cuerpo a lo largo de su carrera deportiva como ciclista, quizá atenazado por su manera peculiar de correr guiada por su temperamento un tanto marcadamente impetuoso.

Hombre polémico pero de gran corazón, al que tuve la oportunidad de conocerle personalmente y entablar una buena amistad. Recuerdo cuando participó en el Campeonato del Mundo de ciclocross del año 1953, que tuvo lugar en nuestro país, en Oñate (Guipúzcoa), en el que venció su compatriota Roger Rondeaux. Nunca está de más decir en torno al polifacético Robic, que en el año 1950 conquistó el título mundial en esta durísima especialidad.

En 1980, retirado del deporte activo, un aparatoso accidente de automóvil le segó la vida a los 59 años, dejando un recuerdo imborrable entre los entusiastas aficionados de la bicicleta que habían seguido al dedillo sus pasos y su historial.

Poseía mucho tesón y admirable coraje frente a las adversidades que tuvo a lo largo de su carrera. Todos nosotros, sumergidos en nuestra edad juvenil, sentimos muy de veras su muerte, que llegó un tanto prematura por la incógnita del destino.

Por Gerardo  Fuster

Continuar Leyendo

TWITTER

Ane Santiesteban no es ajena al momento dulce que describimos para el ciclismo femenino.

https://joanseguidor.com/podcastjs-ane-santiesteban/

#PodcastJS con @ane_santesteban y @elsterrato

Oscar Freire: "Yo sé cómo se ganan mundiales"

https://www.ivoox.com/oscar-freire-yo-se-como-se-ganan-mundiales-audios-mp3_rf_78896420_1.html

#PodcastJS

Cómo me gustaba Jean Christophe Péraud en todos los aspectos. Cilcistazo que no se valoró todo lo que hizo.

https://joanseguidor.com/jean-christophe-peraud-ciclista/

Entre los diez maillots que más me gustan de este bendito deporte, me quedo con éste, por estética atemporal, grandes recuerdos y quiénes lo llevaron

https://joanseguidor.com/maillots-ciclistas/

En Ruanda el ciclismo causa estragos, un deporte que gusta e ilusiona con grandes perspectivas en el corto plazo

https://joanseguidor.com/ciclismo-en-ruanda/

Load More...

Lo + leído