Ciclismo
Los favoritos a la Lieja-Bastogne-Lieja no llenan los dedos de una mano
Es complicado pensar en otros favoritos para Lieja-Bastogne-Lieja más allá de Pogačar, Remco y cia
La Lieja-Bastogne-Lieja siempre tuvo ese aroma a ciclismo de verdad, un escenario donde lo dantesco se convertía en estética pura.
Crecimos con los duelos de Michele Bartoli contra un Frank Vandenbroucke que en el 99 parecía tocado por una varita, o esos pulsos con Laurent Jalabert que nos mantenían en vilo.
Después llegaron Paolo Bettini y Stefano Garzelli, los podios de David Etxebarria o la insultante facilidad de un Alejandro Valverde que hizo de las Ardenas su patio.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, parece que el asfalto ha perdido ese brillo frente al creciente atractivo del adoquín.
Cuando el velódromo de Roubaix echa el cierre el domingo de Pascua, queda una sensación de vacío, de capítulo finiquitado, que solo la “Decana” puede intentar llenar con su dureza ancestral.
Estamos ante un monumento que, esperemos, recupere esos duelos que el aficionado lleva años reclamando.
En la cima de todas las apuestas aparece el nombre de Tadej Pogačar
El esloveno, vigente ganador —doble ganador, si nos ponemos estrictos—, es el gran coco.
Con tres coronas, conoce cada recoveco de la ruta, sabe medir el tiempo exacto del hachazo y se siente superior.
Pero cuidado, porque Pogačar no corre solo, sino contra genios que si están de dulce, ojo.
Hay dos nombres que conviene subrayar si tienen el día inspirado: Remco Evenepoel y Tom Pidcock, con asterisco, no obstante, tras la caída de la Volta.
Son dos esperanzas reales, dos diques de contención que podrían aguantar el pulso como ya hizo el belga el año pasado en Amstel o el inglés en la pasada Milán-San Remo.
A ellos se suma la irrupción de Paul Seixas, el fenómeno francés que viene de asombrar en Flecha Valona.
Quizá le falte un punto de madurez comparado con el trío de cabeza, pero el desparpajo que maneja obliga a tenerlo muy presente en el desenlace.
Fuera de estos cuatro, el panorama se vuelve nebuloso.
Podríamos hablar de la agilidad ratonera de un Lenny Martínez que nos encanta por su ciclismo de inspiración -como el del ausente Ben Healy-, o de un Mattias Skjelmose si encuentra el punto de pedal necesario.
Pero la realidad es tozuda: el ciclismo actual se divide en dos mesas muy separadas y, si no te sientas en la de los elegidos, cruzar la meta en Lieja como ganador es hoy una quimera casi inalcanzable.
Imagen: UAE






