Ciclistas
Así metaboliza Tom Pidcock una caída
En caso de conocerlo, no lo reconoce, así es Tom Pidcock con el miedo
Segundo en el inicio del Tour de los Alpes, sinceramente, hay algo en la fisonomía de Tom Pidcock que escapa a la lógica del ciclista convencional, ese que, tras lamer el asfalto en una curva mal trazada, desarrolla un instinto de conservación automático.
Lo vimos en la Volta a Catalunya: un impacto seco, una caída de esas que suenan a hueso contra piedra y que invitan a cualquier mortal a replantearse la trazada en el siguiente descenso.
Sin embargo, para el británico, el infortunio no es una lección de prudencia, sino un simple lance del juego que se olvida en cuanto se vuelve a calzar las zapatillas.
Lo leemos aquí.
Mientras el pelotón suele metabolizar el miedo como un mecanismo de defensa necesario, Pidcock parece operar bajo un proceso distinto donde el riesgo no se penaliza, se integra.
No es solo una cuestión de habilidad técnica, que la tiene a raudales heredada de su alma de ciclocross y mountain bike, sino de una arquitectura mental que desafía la narrativa clásica del “escarmiento”.
Para muchos, un susto de tal calibre en las carreteras catalanas sería el preludio de un descenso contenido, de un dedo más cerca de la maneta del freno y un punto extra de gravedad en la trazada.
¿Quién no se ha caído y le ha pillado manía a la bicicleta?
Pero escuchándole o viéndole trazar apenas unas horas después, se percibe que el británico no entiende de avisos.
Para él, la velocidad no es el peligro, sino su hábitat natural, y una caída no es más que un error de cálculo puntual, nunca una señal de que deba rodar más despacio.
¿Cómo habría de ganar en San Remo, Alpe d´Huez o Siena sin descensos sobrehumanos?
Esa mirada crítica que solemos aplicar al ciclismo moderno nos dice que la temeridad se paga, pero Pidcock se empeña en desmentir la máxima.
Existe una desconexión fascinante entre el dolor físico del golpe y la respuesta psicológica posterior, una desconexión que esta gente lleva a otro nivel.
En un deporte donde la veteranía suele ser sinónimo de saber cuándo levantar el pie, él mantiene esa frescura insultante del que se siente invulnerable.
No busca la épica del superviviente, simplemente no reconoce el miedo como un factor limitante.
Es esa singularidad la que lo hace tan magnético y, a la vez, tan inquietante para quienes analizamos el ciclismo desde la lógica de la pura supervivencia.
Al final, lo que para el resto es una advertencia del destino, para Tom es solo otra anécdota que no merece ni un segundo de duda sobre su forma de entender la bajada.
Por cierto que excelente el triunfo del italiano Tommaso Dati por delante del propio Pidcock en el arranque del Tour de los Alpes, un éxito que no vimos venir y que habrá






