Ciclismo
¿Cómo nació el Giro de Italia?
El Giro de Italia surgió con un objetivo: vender diarios
El ciclismo es ese deporte bendito que nació en las rotativas, entre el olor a tinta y la urgencia de vender periódicos.
El Giro de Italia no es una excepción a esta regla de supervivencia editorial.
Todo surge cuando en la redacción de La Gazzetta dello Sport empiezan a mirar de reojo la ambición del Corriere della Sera, que ya jugueteaba con la idea de organizar un Giro en automóvil.
El contraataque fue magistral: si ellos van a motor, nosotros iremos a pedales, emulando ese éxito que ya se cocinaba al otro lado de los Alpes con el Tour de Francia.
La Gazzetta no era una recién llegada.
Sus páginas de color rosa ya eran el catecismo del deporte italiano.
Para entender el nacimiento de la Corsa Rosa, hay que poner nombres y apellidos a un tridente de visionarios: Eugenio Camillo Costamagna, Armando Cougnet y Tullo Morgagni.
Este último, un joven editor jefe que conoció a Costamagna en las alturas, a bordo de un globo aerostático, fue quien prendió la mecha de la idea.
Costamagna, fundador de la cabecera en 1896, puso el sello de legitimidad.
Cougnet, un francés de Niza que terminó siendo el alma administrativa del diario, aportó el músculo organizativo.
A Cougnet le debemos, años después, esa genialidad de 1931: vestir al líder de rosa para que el público supiera quién era el mejor, mimetizando el color del papel del periódico con la piel del corredor.
Pero el Giro no fue un experimento aislado, sino la evolución natural de un éxito previo.
Antes de que Italia se pintara de rosa en 1909, estos mismos hombres ya habían parido dos monumentos.
En 1905 nació el Giro de Lombardía, la clásica de las hojas muertas que cierra el calendario con el ascenso místico a la Virgen del Ghisallo.
En 1907 llegó la Milán-San Remo, la Classicissima, esa tortura de casi 300 kilómetros que une el norte industrial con la costa de Liguria.
Con el rodaje de Lombardía y San Remo, el salto a una carrera por etapas era el paso lógico.
Fue así como la Gazzetta se lanzó a una aventura que hoy cumple más de un siglo, cimentada sobre la rivalidad periodística y la pasión de unos cronistas que entendieron, antes que nadie, que no hay mejor narrativa que la épica de un hombre contra la carretera.






