Ciclismo antiguo
El primer ganador del Giro de Italia
El primer Giro de Italia de la historia coronó como ganador a un empresario
La mística del Giro no nació en las cimas nevadas, sino en la urgencia de una redacción.
El 24 de agosto de 1908, La Gazzetta dello Sport lanzaba un órdago en su primera página: un Giro d’Italia de 3000 kilómetros y 25.000 liras en premios.
No era solo deporte, era una guerra de fondo contra el Corriere della Sera por la hegemonía del papel impreso. De aquel empeño comercial heredamos el icono más sagrado del ciclismo transalpino, aunque la Maglia Rosa tardara en llegar hasta 1931.
El color que hoy define el liderazgo fue, curiosamente, una cuestión de ahorro; el rosa era el tono del papel reciclado, más barato que el verdoso original de las revistas Il Ciclista y La Tripleta que dieron vida al diario.
Aquel primer Giro se puso en marcha el 13 de mayo de 1909 desde la plaza de Loreto de Milán, un lugar que el destino marcaria décadas después conla ejecución de Mussolini.
Pero en 1909, la atmósfera era de pura épica pionera.
Ciento veintisiete valientes se lanzaron a una aventura de ocho etapas y 2.448 kilómetros.
El ritmo de la carrera lo marcaba el propio periódico, que al publicarse tres veces por semana, obligaba a los corredores a descansar dos o tres días entre jornadas de esfuerzo inhumano.
El nombre que quedó grabado en la base del trofeo infinito fue el de Luigi Ganna.
Empresario y ciclista, Ganna se impuso en una clasificación por puntos que hoy nos resultaría extraña, pero que premiaba la regularidad en una época donde llegar al final ya era un milagro.
Solo cuarenta y nueve supervivientes regresaron a Milán, una lista de elegidos que incluía a nombres ilustres como Rossignoli o Galetti.
Ganna, apodado “El rey del barro” por su resistencia granítica al frío y la lluvia, representaba al ciclista total de principios de siglo: capaz de ganar la Milán-Sanremo el mismo año que el Giro o de establecer un récord de la hora que duró seis temporadas.
Edoardo Bianchi, el maestro milanés, supo ver en él la potencia necesaria para liderar su escuadra por un salario de 200 liras.
Junto a Pavesi y Galetti, formó la mítica alianza de “Los tres mosqueteros”. Tras retirarse en 1914, Ganna cerró el círculo fundando su propia marca de bicicletas, esas que luego llevarían campeones como Bottecchia o Magni.
Hoy, en el velódromo de Varese que lleva su nombre, el eco de sus pedaladas sigue recordando que el Giro es, ante todo, una cuestión de resistencia y carácter.






