Ciclismo
La organización de la Vuelta no es el desastre que muchos venden
El principal fallo de la organización de la Vuelta ha sido no contemplar los peores escenarios
En todo evento como la Vuelta, con mil imponderables, con una caravana de miles de personas pululando por los sitios, es imposible que algún enano le crezca a a organización.
El inicio de esta Vuelta está trasladando una imagen que considero incompleta e injusta para quien está detrás de la carrera.
Es cierto que se han cometido errores, algunos de primero de organizador, como rascar el horario de la contrarreloj por equipos.
Una decisión apurada por ese prime time al que aspira el ciclismo algún del año combinada por el lio de las farolas de BCN que de haber funcionado en hora habrían mitigado en parte los problemas de visibilidad, que no solucionado.
Creo nunca habría organización de la Vuelta a España un inicio tan complejo como el actual.
Saliendo de una gran ciudad, con todos los medios a mano y con la complicidad de los sitios, era complicado pensar en un escenario tan hostil, y quizá por ese exceso de confianza les pilló el toro.
El cóctel del primer día, agitado con la lluvia del segundo y el viento racheado y el porrazo de Evenepoel, el tercero, parecen demasiados contratiempos para una gente que lleva años en el negocio.
En toda organización cabe plantearse lo peor en cada hecho que pueda acontecer en el desarrollo de la Vuelta o de cualquier otra gran carrera, y creo que lo mentores de la grande hispana no lo han hecho esta vez.
Pero ello no quita que se realizara otras veces y que las cosas salieran bien.
La Vuelta de 2020, por ejemplo, fue un gran espejo de pulcritud en un escenario extremo como el que planteó la pandemia.
Incluso se activo el plan B en Formigal, cuando las autoridades francesas negaron el paso al Tourmalet.
Los recorridos de la Vuelta no siempre me han gustado, pero en el tiempo han resultado atractivos para mantener la atención del público incluso no ciclista, cosa que no es sencilla.
Han tenido tan buena aceptación que el hermano mayor, el Tour, los ha adoptado en sus etapas.
Ayer en Andorra un vendaval se llevó varias carpas y luego vino el porrazo de Remco en meta, en una circunstancia que no puedo juzgar desde aquí: todos los ciclistas, salvo él, empezaron a frenar pasada la meta, la chica que atropella no sé si estaba pendiente de la llegada y por último el tema de la distancia con fotógrafos y auxiliares.
También está el capitulo del comisario que llega tarde al premio de montaña de Montjuic por que le entretuvieron a nuveve de meta.
Todo va tan en la misma dirección, que corremos el riesgo de ser injustos.
Más cuando vemos que las otras dos grandes también tienen sus cositas.
Atascos de público en el Tour, etapas recortadas al criterio de los corredores en el Giro… en todos los sitios se cuecen habas.
Pero claro, que digamos que la suerte tiene mucho que ver sería autocomplacencia, y la búsqueda de una mejor organización nunca llega a puerto.
Imagen: Guillem Riera







