Ciclismo
El Tour en los Pirineos, Superbagneres
Ahora que el Tour vuelve a Superbagneres…
Ahora que el Tour vuelve a Superbagneres, es inevitable que la memoria empiece a pedalear sola. Porque esta cima, olvidada durante años, tiene historia. Tiene peso. Tiene ese algo que no se mide en desniveles ni vatios. No sé cuántos metros de subida hay ni me importa. Lo que sé es que este final ya está marcado en mi calendario.
Estamos hablando del corazón puro de los Pirineos. Del encadenado más clásico: Tourmalet, Aspin, Peyresourde… y remate en Superbagneres.
Solo faltaría el Aubisque para completar la colección. Este final huele a ciclismo de los 80 y 90, de aquel que se ganaba con agallas más que con potenciómetro.
Volver a Superbagneres es volver a Bernard Hinault en el Tour del 86, vestido de amarillo, atacando sin medida.
Ese día, la montaña le devolvió a la tierra. Lemond empezó a imponer su lógica y con ese desfallecimiento de Hinault arrancaron los 40 años sin victoria francesa en el Tour. Historia pura.
Tres años después, en 1989, otro momento para el recuerdo.
Pedro Delgado, que había empezado el Tour grogui en Luxemburgo, tenía una deuda con sí mismo.
Y la pagó en Superbagneres.
Después de perder minutos y quedar hundido en la general, montó una de las escapadas más bellas que se recuerdan.
Con él, Robert Millar y Charly Mottet. Aquello fue ciclismo del bueno, del que se sigue recordando con un nudo en la garganta.
La etapa fue todo lo que se puede pedir al Tour: drama, estrategia, orgullo y locura.
Perico atacó donde no tocaba, lejos de meta, porque no había otra. Y aquel día firmó la mejor actuación de su vida.
No ganó, acabó tercero en París, pero a veces los días memorables no traen maillots amarillos, sino recuerdos imborrables.
Superbagneres es eso. Un lugar casi olvidado, una estación humilde, sin grandes lujos, pero con cicatrices de gloria.
Solo se ha usado un puñado de veces y, sin embargo, siempre ha dejado algo. Como Cauterets o el Granon, es de esas cimas que aparecen poco, pero que cuando lo hacen, se quedan contigo para siempre.
Así que sí, vuelve Superbagneres. Y con ella, la posibilidad de que el ciclismo nos vuelva a emocionar como antes.
Que nos recuerde por qué seguimos aquí, enganchados a este deporte.
Porque algunas montañas, aunque pasen los años, nunca dejan de ser leyenda.
Imagen: A.S.O./Charly Lopez







