Ciclismo
El Tour de Philipsen y la levedad del ser
Vaya montaña rusa acaba de firmar lastimosamente Philipsen en el Tour
¿Cómo contar el Tour que acabamos de ver de Jasper Philipsen?
Un ciclista que empezó siendo protagonista en las tres primeras etapas, que se llevó con autoridad la primera, rozó la segunda y peleó en la tercera… para acabar descolgado del pelotón y, quizá, del Tour para siempre.
Lo que estamos viendo en la lucha por los puntos intermedios es difícil de digerir. Y más cuando, por coincidencia o no, en las desgracias están involucrados dos corredores de Cofidis: Bryan Coquard y Benjamin Thomas. Lo que ha ocurrido no tiene nombre.
Es increíble cómo, en un segundo, cuando todo parece ir bien, el trabajo de meses —incluso años— puede venirse abajo. En el caso de Philipsen, es aún más cruel. Este año había ganado su primera etapa mucho antes que en ediciones anteriores.
Se vistió de maillot amarillo, y todo apuntaba a que podía luchar de verdad por el maillot verde.
El inicio del Tour para Alpecin-Deceuninck estaba siendo perfecto, y se ha convertido en una auténtica montaña rusa de emociones.
Y sin embargo, lo terrible es esa verdad que tantas veces hemos escrito en este maltratado cuaderno: el ciclista vive atado a circunstancias que no puede controlar.
Lo que hizo Coquard fue, como mínimo, imprudente.
Y me cuesta no pensar que merezca algún tipo de sanción.
No sé si la habrá, pero el resultado está claro: ha destrozado las ilusiones de un corredor que se había preparado con todo —y más— para repetir como rey del sprint en este Tour.
Philipsen ganó con brillantez la primera etapa. Fue protagonista en la segunda. Y en la tercera acabó camino del hospital, magullado por fuera y, sobre todo, por dentro, con la amarga sensación de que le han robado su momento.
Todo esto deja una lección que el ciclismo, pese a todo, nos sigue recordando: por muy buena que sea tu preparación, por muy alto que apuntes, el deporte —y en especial este— está sujeto a mil circunstancias que pueden cambiarlo todo en cuestión de segundos.
La indefensión que eso genera forma parte también del estrés que vive el ciclista profesional. No sólo está en juego el cuerpo: también la mente, la motivación y, en muchos casos, la vida personal y familiar.
Después de lo que hemos visto, sinceramente, no me gustaría ser ciclista de Cofidis en este Tour, las circunstancias les han puesto en compromiso en una tierra, además, que es el origen de su empresa.
Imagen: A.S.O./Maxime Delobel






