Ciclismo
Dramático Igor Arrieta en la “Etapa” del Giro
Igor Arrieta ya tiene en el Giro el triunfo que mercería y necesitaba
La llegada a Potenza no sé si acabará siendo la etapa de este Giro de Italia, pero desde luego tiene todos los números para opositar al podio tras el dantesco espectáculo que nos han brindado los corredores.
Ha sido una de esas jornadas en las que el pelotón ha caminado al borde del abismo, envuelto en una mezcla de lluvia y misericordia durante kilómetros interminables.
El escenario era puramente italiano: bajadas eternas, niebla cerrada, cambios bruscos de temperatura y esa persistente cortina de agua que no les ha dado tregua, como si una nube negra les pisara los talones con la intención de engullirlos en cualquier momento.
Son días que no cuentan como uno solo, sino que computan por tres o por cuatro en las piernas, de esos que desgastan el alma y aceleran el corazón no por el ritmo, sino por el frío paralizante que el cuerpo intenta combatir mientras los ciclistas se pelean con chaquetas, manguitos y guantes en una rotación constante para mantener un mínimo de calor vital.
Pero el clima solo ha sido el decorado para un duelo de los que justifican la afición a este deporte, una de esas peleas que, como bien apunta Javier Ares, no se entenderían sin una pizca de justicia divina.
Lo vivido entre Afonso Eulálio e Igor Arrieta ha sido sencillamente brutal y eso que las caídas de ambos no han permitido el pacto de pura lógica -liderato para uno, etapa para el otro-.
En ese sube y baja constante, las caídas de ambos y las salidas de cadena pusieron el nudo en la garganta hasta el último metro.
Cuando parecía que Arrieta lo tenía en la mano, un recto le hizo perder unos segundos preciosos que logró recuperar con una rabia impropia de su juventud.
Verle desconsolado en la línea de meta, tras semejante paliza, solo explica la intensidad y la brutalidad de lo acontecido.
Es una jornada para los libros de historia, una victoria que reconcilia al ciclismo español con el éxito esquivo y que premia la actitud siempre valiente del hijo de José Luis Arrieta. Nos alegramos infinitamente por él.
Mientras tanto, Eulálio se viste con una merecidísima Maglia Rosa que, vista la renta sobre los capos, promete durar unos días, recordando aquel idilio de João Almeida con la prenda líder hace seis años.
El caos fue tal que vimos a la Maglia Rosa saliente, Giulio Ciccone, tirando del grupo por detrás en una imagen surrealista.
No sabemos si quería honrar el maillot, si temía perder demasiado tiempo o si simplemente evidenciaba que su equipo estaba desbordado.
Italia en estado puro: recorrido extraordinario, final espectacular y un tránsito glorioso hacia la meta a costa de un sufrimiento extremo de los corredores, un esfuerzo que, a buen seguro, no será gratuito y que pasarán factura en las próximas jornadas.
Imagen: FB Giro d´Italia






