Opinión ciclista
El respeto que merecen San Remo y Lieja
Monumentos como Lieja y San Remo casi nunca decepcionan
El domingo en el camino de vuelta de Bastogne a Lieja, Javier Ares empezó, a eso de treinta para meta, a barruntar que la Lieja estaba siendo una decepción.
Decepción porque nadie se movía, porque el tacticismo se imponía en el pelotón, porque había ánimos fríos, escapada de rigor y peregrinaje por los muros.
San Remo es muchas veces algo similar. Hasta se la ha empequeñecido ante la Strade.
El primer gran monumento se critica muy fuerte. A veces con razón, pero en otras muchas no.
Creo que en ocasiones le pedimos demasiado a una carrera, la que sea, por el nombre que lleve.
Cuando hablamos de monumentos hablamos de otro estadio y eso se percibe en la pantalla.
Hay tensión, nervios y responsabilidad, y a falta de elementos que rompan todo, sea el adoquín de Roubaix o los muros flamencos, la igualdad se impone.
Pero es una igualdad vestida de tacticismo que engaña, porque donde vemos que no pasa nada, está pasando.
Según pasan los kilómetros el ciclista se ablanda. El fondo le desgasta, le pasa la lija y las fuerzas empiezan a flaquear.
Hay cosas que sólo pueden pasar en el umbral de los 240 o 250 kilómetros. Hay cosas que sólo pueden pasar en un monumento.
Es un látigo, ni más ni menos, un momento de descuido de unos, mezclado de genialidad de otros y el resultado es el que es.
Nibali en el Poggio
¿Merece la pena toda la San Remo para ver a Nibali levitar en el Poggio?
Pues yo creo que sí. Es la electricidad y trascendencia lo que te tiene pendiente y expectante.
Cuando Nibali ataca en el Poggio y abre hueco fueron necesarios 280 kilómetros para que muchos se abran y otros no salgan.
El látigo ese, el final de la subida, el descenso y el remar por San Remo completan el paisaje. Es un monumento.
Jungels en Roche-aux-Faucons
Dicen que Bob Jungels se fue como quien no quiere la cosa, pero el momento estaba ahí.
A veinte de meta, la Lieja se volvió a decidir, sin necesidad que todo quedara para el final.
Donde veíamos que no pasaba nada, estaba pasando, Valverde, por ejemplo, no estaba bien, se estaba vaciando ante nuestros ojos pero no nos percatamos hasta que llegó la prueba del algodón.
Y así con otros muchos.
El ciclismo no es sólo el ataque, la brecha, el cierre… es otra cosa, es el vacío por el que caminan los corredores, un vacío que en un monumento te traga y te deja seco.
Conviene repasar estos momentos para convencernos que el ciclismo de gran fondo es una partida sin las cartas marcadas, que merece la pena seguir, si se quiere, y respetar, y ello no excluye las nuevas carreras o las que sorprenden por estridencias a las que estamos menos acostumbrados, tierra por ejemplo.
Todo vale, todo sirve, todo suma y la cabalgada de Jungels y Nibali nos demuestra que no estamos tan equivocados.
Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © Tim De Waele / Getty Images
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