Ciclismo antiguo
Bahamontes en 5 esenciales
Pionero, hambriento y genialidad, algunos de los rasgos que describen a Bahamontes
En la historia que contamos del Puy de Dôme admito que pasamos muy de puntillas por la hazaña de Federico Martín Bahamontes, como un lector nos hizo notar en un comentario.
Sin embargo, aprovechamos las circunstancia, que celebró su cumpleaños el día que volvió el volcán al Tour y que nos apetecía recordarle para sumarlo a la lista de retratos de trazo gordo que estamos haciendo, tras Indurain y Lemond.
Muchas felicidades a Federico Martín Bahamontes en su 95 cumpleaños.
Deseando volver a Toledo y hacernos otra foto en su estatua. pic.twitter.com/uygn6kK1D7— Libro Chava (@ChavaLibro) July 9, 2023
Ahí van cinco hechos para entender a Fede Bahamontes sin más pretensión que recordarle con el cariño que le tengo.
El primero tiene que ver con su origen, humilde, como casi toda esa España que nació en tiempos tan oscuros.
Cuando estuve con él un día entero por Toledo, miraba el Alcázar, y recordaba verlo en ruinas desde la ventana de su casa, Fijaros a cuándo se va su memoria.
Él, como Mariano Cañardo, como Luis Ocaña, surgió del hambre, como la casi totalidad de ciclistas que se metían al oficio.
Creo que de ese hambre, surgió la actitud, que mezclada con el talento, la aptitud dio un ciclista único.
Un ciclista que fue y es un genio, un tipo con un ego kilométrico, orgulloso de sus logros y de no haber tentado una bicicleta en serio desde el día que la colgó como profesional.
Federico Martín Bahamontes es tan personaje en las distancias cortas, como grande en su época de ciclista.
La salud es otra de sus características.
Si no me equivoco es el único ganador de Tour de la década de los cincuenta con vida, un libro de memoria en el que es una gozada sumergirse y saber si eso del helado en la cumbre era cierto o si era saludable meterse un copazo de brandy antes de salir a conquistar Arrate u Orduña.
El cuarto rasgo fue su viveza en la elección de las compañías.
En su triunfo en el Tour de 1959 jugó un papel relevante Fausto Coppi, auténtico tramador de aquella victoria, muy por encima de Dalmacio Langarica, el amante de las generales por equipos por encima de cualquier otra cosa.
Y el quinto punto, el Puy de Dôme, la cima en la que se acaba de coronar Michael Woods, Fede inició la sentencia de su Tour con una cronoescalada que con los años recrearían Arroyo y Perico.
Ese día, en 12 kilómetros, le cascó minuto y medio a Gaul, tres a Anglade, segundo en ese Tour, y 3´41´´a un tanto Jacques Anquetil en una gesta que describe la grandeza ciclista y singularidad personal que describen a este grande de siempre.





