Ciclismo
Volta: Lo único bueno fue Quinn Simmons
La etapa clave de la Volta se resume en un triste estreno para Quinn Simmons
Lo único positivo de la etapa del Berguedà en la Volta a Catalunya ha sido el ganador, Quinn Simmons, un ciclista que muchos teníamos bien señalado desde hace tiempo, incluso con sus opiniones políticas, y que, por suerte, ha podido inaugurar al fin su palmarés, aunque fuera en una de las etapas más extrañas que ha vivido este deporte en los últimos años.
No eran pocos los que conocía que querían ver la etapa de la Volta a Catalunya en el Berguedà, una etapa diferencial, mítica, auténtica de gran vuelta, insertada en una carrera de siete días que ha quedado absolutamente reducida y totalmente empañada por la mala situación que, lamentablemente, se repite con frecuencia en este deporte.
Lo que ha sido esta etapa, y lo que debería haber sido, es algo que todos tenemos más o menos claro. Ante los problemas del viento en los puntos clave de la jornada, la etapa se fue reduciendo hasta convertirse prácticamente en un Criterium, donde se decidió trazar un circuito que debía cubrirse dos veces.
La primera vuelta se decidió neutralizada hasta que los corredores se dieron cuenta de que estaban haciendo un paripé totalmente visible para todos, la TV estaba retratando algo infame.
Finalmente, se decidió lanzar la carrera y completar solo una vuelta, terminando mucho antes de lo previsto, lo que también ayuda ante la programación de la etapa de mañana, que empezará temprano debido, en parte, a otro recorte impuesto por un horario que, sinceramente, la liga de fútbol profesional podría haber revisado por respeto a un deporte y por el cambio de hora que ocurrirá esta madrugada.
Escuchando las declaraciones, te das cuenta de que ahora mismo los organizadores de carreras que no están dentro del Tour de Francia (y quizás tampoco en el Giro de Italia o las carreras flamencas) están completamente desbordados y con las manos atadas ante el poder de los ciclistas.
Un poder que hace 30 o 40 años era impensable y que hoy en día se ha vuelto totalmente decisivo en la balanza.
Escucho a Rubén Peris y me da mucha pena, porque a pesar de que muchas veces podemos ser críticos con su forma de plantear la Volta a Catalunya, buscando otras etapas e innovando en el recorrido, creo que esta vez se ha visto completamente chafado por el rol, a veces caprichoso, otorgado a los ciclistas.
Decía Carlos De Andrés que Ineos llegó a la salida de Berga con la decisión de no competir hoy, como si esto fuera tan sencillo como que el viento te afecte de una manera u otra.
Y sinceramente, no puede ser así. Nunca puede ser así.
El ciclismo vive de muchas cosas, y entre ellas están los territorios que quieren ver pasar a sus estrellas y figuras.
No podía ser que una etapa tan emblemática, que debía haber sido muy especial, hubiera dejado a la gente en las cunetas totalmente desabastecida del espectáculo que vino a ver.
No sé cuál es la solución a todo esto, puesto que no me corresponde plantearla, pero lo que está claro es que, con cada paso, las cosas empeoran.
Este año se está viendo más que nunca: las relaciones se tensan, se enfrían y están a punto de romperse.
El ciclismo vive de tres vértices: equipos, corredores y organizadores.
Y si uno de estos tres flaquea, el circo se viene abajo.
Sabemos que los ciclistas son los artistas, pero también deben saber que, si no corren porque no hay carreras, si no dan lo que el público espera, el motivo de su presencia en todo esto pierde sentido.
Imagen: LIDL-Trek




