Ciclismo
Viento a favor en el ciclismo francés
Fin de semana de gloria y esperanza para el ciclismo francés
Si hace una semana el ciclismo español miraba aliviado los éxitos de Juan Ayuso e Iván Romeo en sendas vueltas por etapas, ahora le llega el turno al ciclismo francés.
Francia ha vivido un fin de semana de esos que reconcilian a una afición con su propia historia y, sobre todo, con su futuro.
No hace falta mirar siempre hacia el Tour para entender por qué este país sigue siendo el epicentro del ciclismo mundial.
En apenas 24 horas, las carreteras del territorio francés han servido de escenario para demostrar que, más allá de los nombres que acaparan los titulares de la prensa internacional, el relevo galo no solo es real, sino que es variado.
Las clásicas de preprimavera, con su aire de ciclismo auténtico y sin filtros, han coronado dos perfiles opuestos que explican perfectamente el momento que atraviesa el país vecino.
Por un lado, asistimos a la eclosión de Seixas, una exhibición de las que no se ven a menudo o que, curiosamente, solo parecen estar reservadas para los grandes elegidos.
Su victoria no fue una cuestión de cálculo o de esperar el momento propicio en el último repecho; fue una aniquilación sistemática de un pelotón de nivel, una cabalgada en solitario que recordó, de forma inevitable, a los movimientos de largo alcance que suele firmar Tadej Pogačar.
Así estamos, comparándole con el esloveno.
Ver a un corredor joven gestionar esa ventaja y sostener el pulso contra los equipos que perseguían por detrás dice mucho de su motor, pero más de su cabeza.
Fue un triunfo de fuerza bruta y confianza absoluta, un aviso de que Francia ha encontrado a un ciclista capaz de romper las carreras desde lejos, sin miedo al vacío.
Al día siguiente, la moneda mostró su otra cara con Romain Grégoire.
Si lo de Seixas fue una oda al poder individual, lo de Grégoire fue una lección de olfato, colocación y sangre fría.
En un final de infarto, cuesta arriba y contra la maquinaria del Visma -omnipresente también en Kuurne-, el francés supo leer el momento exacto para asestar el golpe.
Negar la victoria a la estructura más potente del mundo requiere una inteligencia táctica que Grégoire parece tener de serie. Son dos formas de entender el éxito: la demolición frente a la precisión quirúrgica.
A menudo nos perdemos en el dominio de las grandes figuras de Eslovenia o el empuje de México en las clasificaciones mundiales, olvidando que Francia es la cuna de muchas cosas en este deporte.
No es solo que organicen la carrera más grande del mundo; es que su estructura de clásicas y su cantera siguen produciendo corredores capaces de ganar en cualquier escenario.
El ciclismo francés ya no espera a que llegue julio para sentirse protagonista; ahora tiene argumentos para dominar desde febrero, recordándonos que su abanico de opciones es, posiblemente, el más completo del pelotón actual.





