Ciclismo
Le Samyn: Ahora sí Van Aert
Wout van Aert ha decidido que su camino hacia la gloria para por Le Samyn
Tras ganar con Brennan en Kuurne, Visma tiene otra cosa que celebrar, la vuelta de Wout van Aert en Le Samyn.
Hablamos de eesa carrera que habita en una especie de limbo temporal y geográfico.
Se disputa un martes al mediodía, un horario que parece diseñado para que solo los muy cafeteros o los que tienen la suerte de teletrabajar con un ojo en la pantalla y otro en el pavés puedan paladearla.
Es una clásica sin el brillo mediático de Flandes o Roubaix, pero con una mística que reside precisamente en su modestia.
Estamos en ese rincón fronterizo entre Bélgica y Francia donde el paisaje es una sucesión de campos grises y pueblos que parecen detenidos en el tiempo, un escenario donde nunca pasa nada hasta que el pelotón decide que es el momento de romperse en mil pedazos.
Lo que hace bella a Le Samyn es su esencia purista.
Es la primavera concentrada en unas pocas horas: muros cortos, carreteras que se estrechan hasta la claustrofobia, cambios de dirección constantes que invitan a los abanicos y tramos de adoquín que no por ser menos famosos perdonan las piernas.
Sin embargo, este año el interés se dispara por un nombre propio que altera el ecosistema habitual de la prueba.
Wout van Aert ha decidido que su camino hacia la gloria de abril pasa por este martes laborable.
Tras su ausencia en el Opening Weekend, una baja que dejó un vacío evidente en las piedras de la Omloop, el belga reaparece en un escenario poco habitual para un corredor de su estatus.
La última imagen que guardamos de Van Aert en competición es lejana y algo amarga.
Hay que remontarse a esa nieve post-Nochevieja, en plena campaña de ciclocross, donde un infortunio en forma de lesión cortó su progresión invernal.
Desde enero, el silencio.
Verle ahora en la línea de salida de Le Samyn no es solo un reclamo publicitario para la carrera, es una declaración de intenciones sobre su estado de forma y su hambre de competición.
No viene a rodar ni a dejarse ver; un tipo como él no se pone un dorsal para probarse.
La carrera ya era singular por su ubicación en el calendario, pero con la presencia de Van Aert, el jardín de Valonia se convierte de repente en el epicentro del ciclismo mundial.





