Ciclismo
La que se le viene a Paul Seixas
No hay mayor peso en ciclismo que el que le quieren colocar a Paul Seixas
La historia se repite en el Alto da Foia, o eso nos quieren vender.
El paralelismo es tan goloso que resulta casi imposible no caer en la tentación: en 2019 un imberbe Tadej Pogačar estrenaba su palmarés profesional en la cima lusa y, siete años después, Paul Seixas calca la gesta en este 2026.
La urgencia por encontrar herederos se ha puesto en marcha a una velocidad que asusta, situando al joven francés bajo un foco que, a menudo, termina por deslumbrar más que por iluminar el camino.
Seixas no pudo con Juan Ayuso en la pelea por la general de Algarve, pero eso parece importar poco en el relato que ya se está construyendo.
El ciclismo francés, que vive en un estado de nostalgia desde que Bernard Hinault cerrara el libro en los ochenta, ha decidido que este chico es el elegido.
Han pasado cuatro décadas de sequía, de proyectos fallidos y de esperanzas que pesaron demasiado en las espaldas de Laurent Fignon, Jeff Bernard, Laurent Jalabert, Richard Virenque o Romain Bardet.
Ahora le toca a Seixas cargar con la mochila de ser el siguiente en la lista para conquistar la carrera de casa, esa que se les resiste con una crueldad casi poética.
Su irrupción es el vértice de la ambiciosa apuesta de Decathlon, una estructura de raíz francesa que ha sabido crecer entre los gigantes del World Tour tras un 2024 excelente.
El entorno es el ideal, pero la comparación con Pogačar es una sombra alargada y peligrosa.
Seixas ni siquiera ha cumplido los veinte años; está en esa fase donde debería tener permiso para equivocarse, para descubrir qué tipo de corredor es más allá de los resultados y de los podios precoces, como aquel del último Europeo junto al propio esloveno y Remco Evenepoel.
Se dice que debutará en la Vuelta a España, siguiendo otra vez el guion de Pogačar. Sin embargo, en las carreteras españolas veremos realmente de qué pasta está hecho.
Hasta ahora, el francés solo conoce la cara amable del ciclismo, el viento a favor y el aplauso unánime.
Pero este deporte no perdona y los momentos oscuros llegarán inevitablemente. Será entonces, cuando la carretera se ponga de espaldas, cuando tendrá que demostrar si tiene la capacidad de respuesta que diferencia a los buenos corredores de los elegidos.
¿Ganará el Tour de Francia algún día? Es una posibilidad, desde luego, pero el camino es desesperadamente largo y conviene recordar que las comparaciones, aunque vendan periódicos, no pedalean.
Imagen: @rodrigorodriguesphotography / @im.igor.martins (FPC)





