Ciclismo antiguo
Van der Poel, entre VDB e Indurain
La exhibición de la Strade sitúa a Van der Poel entre dos monstruos del ciclismo
Cuando uno está viendo una carrera como la del sábado, corrida por encima de lo que dan las posibilidades, con todos los capos que tenían que estar, metidos en una fuga, rompiendo la carrera de lejos y escribiendo la historia con mayúsculas, se corre el riesgo de idealizar para siempre lo visto.
Ya sabéis eso que dicen de recordar versionando, mezclando con los sentimientos y las emociones, obviando lo objetivo y demás.
Eso sucedió en esta Strade Bianche que gana Mathieu Van der Poel
Pero lejos de caer en esa idealización, creo que le haríamos justicia a la hazaña perpetrada, ahora que han pasado unos días, si pusiéramos dos monstruos y dos fechas en el recuerdo para dimensionar lo visto.
Al menos servirá para plasmar, someramente, lo que esta carrera deja marcado en nuestra memoria.
La performance de Van der Poel en dirección a Siena puede ser un antes y un después para el neerlandés
Ya hemos dicho más de una vez, que al nieto de Poulidor y el hijo de Adrie no le gusta ganar por lo convencional, prefiere retorcer la historia, buscar el riesgo y dejar marca.
Hasta la fecha ya nos había obsequiado con algunas exhibiciones del tipo, pero lo de Strade marca un antes y un después.
En lo sucesivo, cada vez que Mathieu Van der Poel se ponga un dorsal en una carrera grande, pero grande de las que nadie falla y todos quieren, sabemos que nos podemos esperar cualquier cosa, pero especialmente lo mejor.
Este punto de inflexión me recuerda al de Indurain en Luxemburgo, cuando en una tarde de furibundo dominio dejó fuera del mapa al que era el universo de estrellas y aspirantes al Tour de Francia.
Aquel día Gianni Bugno, Charlie Mottet, Greg Lemond, Claudio Chiapucci y otros tantos tuvieron la certeza nunca ganarían el Tour estando Indurain en la salida.
Similar sensación me quedó con Wellens, Van Avermaet, Mollema, Bardet, Asgreen, Fuglsang y otros en Siena, estos, que son buenísimos, han quedado fuera de órbita y muy cerca de salirse del mapa también quedaron otros tantos que por el momento queremos verles más adelante.
Lo que Van der Poel hizo en la Strade es que nunca más le miremos como antes cuando tome la salida en Flandes, Roubaix u otra “major” de la campaña.
Eso son palabras mayores.
Luego estuvo la escena, más allá de los dichosos vatios, el efecto que produjo en nuestra vista tamaño dominio.
comparación que me vino a la mente
el maltrato de MVdP a Alaphilippe en Strade me recordó al de VDB a Bartoli en Lieja 99 https://t.co/4NET9wShp7— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) March 8, 2021
Y ahí nos recordó a Fran Vandenbroucke, pero no en Navalmoral ni en la muralla de Avila, y sí en la Lieja de 1999.
Llegaba a aquella carrera Michele Bartoli tras arrasar en la Flecha Valona y con las dos últimas ediciones en el bolsillo, en ambas escandalosamente superior ante gente como Zulle, Jalabert y Boogerd.
El italiano se quiso medir al valón en La Redoute y ya comprobó que aquello no iba bien, que no le distanciaba, al contrario, VDB le mantenía desafiante un pulso que, un poco más adelante, decantó como un huracán a su favor.
Un poco como Van der Poel a Alaphilippe, quien de tanto picar piedra no para de ver rivales que le surgen y porfían por doquier, Van Aert en San Remo, Hirschi y Roglic en Lieja y ahora el neerlandés en Strade.
Es obvio que la emoción empapa parte de este palabrerío, pero la comparación que nos trajo a la mente Van der Poel en Italia, en la bella Toscana, creo que habla de la dimensión de su obra y del tamaño que empieza a adquirir su palmarés, también, en carretera.
Por de pronto veremos a dónde llega con esa OPA que ha anunciado para la primavera en su totalidad.



