Ciclismo
El triste prólogo del Tour de Romandía
El arranque del Tour de Romandia se hace muy lejos del centro de Lausana
El Tour de Romandía ha arrancado con una crono que ha ganado Ethan Hayter por aplastamiento, aunque aquí no hayamos venido a hablar de resultado deportivo.
No es la primera vez que en este mal anillado cuaderno hablamos bien de ciertos experimentos, tales como los de la Vuelta a España saliendo de un portaviones o una batea, o aquella crono del Giro por puentes flotantes en Venecia, sin olvidar escenarios de la singularidad del Mont Saint Michel en el Tour.
El ciclismo es como el agua, tiene la capacidad de meterse por cualquier rendija y rendir visita y homenaje por cada ciudad que pisa, pocos deportes pueden tener tantos y tan grandiosos escenarios, desde la nieve del Stelvio al desierto catarí.
Si una cosa se había impuesto en el ciclismo reciente es la necesidad de pisar los centros urbanos con todas las de la ley.
La crono inaugural de la Iztulia, por el corazón de Hondarribia, la París-Niza en el Boulevard des Anglais, la Vuelta a Suiza atravesando el casco viejo de Berna… son algunos ejemplos de lo que decimos
El ciclismo tiene que entrar hasta la cocina de los sitios, desnudarlos y mostrarlos, ponerles luz y que la gente luego, cuando escoja sus vacaciones, se acuerde de lo que ha visto.
Nada de eso ha sucedido en el arranque del Tour de Romandía, que ha empezado con una crono de cinco kilómetros en la idílica ciudad de Lausana, sin pisar ninguno de los símbolos de esta ciudad en cuesta que mira desafiante el precioso Lago Léman.
Al contrario, se han llevado el arranque a la banlieue, pasando al lado del campo de fútbol, entrando a una parte del aeropuerto y acabando en un escenario de obras y grúas.
En un ciclismo que mira los enfoques, que estudia los sitios, que escruta localizaciones, esto nos parece fuera de norma.
Empieza el Tour de Romandia y se han currado este pedazo cartel con una preciosoa imagen de Ferdinand "Ferdi" Kübler, uno de los mejores ciclistas de finales de los 40 y principios de los 50, facellido en 2016 con 97 años pic.twitter.com/GZGZzsdbXq
— jorge lastra (@jorgeanlastra) April 26, 2022
Hablamos de una carrera World Tour, que celebra sus 75 años, con un cartel precioso en el que aparece la leyenda suiza Ferdi Kübler, en medio de un descampado, lejos de la catedral y museo olímpico, en la orilla del lago, como grandes símbolos de la ciudad.
Nos ha dado la impresión que el ciclismo y todas las molestias que ocasiona no eran bienvenidos en la ciudad olímpica por excelencia, que lo han llevado a un nivel casi de clandestinidad en un itinerario lleno de tantos giros que menos mal que no ha llovido.
Meter la carrera en el aeropuerto podría haber tenido su gracia, como decíamos al principio, si no diera la impresión que se buscaba sacar el Tour de Romandía de la urbe, la misma que paga una pasta por albergar la salida sin saber muy bien qué rédito le saca a una inversión que no creo sea pequeña.
Imagen: FB de Tour de Romandie






