Ciclistas
Tom Pidcock tiene algo que mola: Nunca se esconde
Es imposible que no te guste la forma de correr de Tom Pidcock
Genio ¿cómo definir a Tom Pidcock? pues eso, genio, y esta primavera lo hemos visto.
Pequeño, joven, inquieto, convive en una generación de monstruos sin ningún tipo de miedo.
Le llamé, cuando el ciclocross, “Juan, sin miedo“, me lo sigue pareciendo.
No ha ganando un monumento, los mejores, cuando están bien, le superan con más o menos claridad, pero tío está ahí, dando el callo, no se esconde.
En un deporte en el que gana uno y casi siempre los mismos, el balance para muchos de los mortales pasa por cosas como las que decimos de Pidock.
En invierno, él no estaba al nivel de Van Aert y Van der Poel, pero “porculeó” todo lo que pudo, entrando en sus cuitas y subiendo al podio con los dos monstruos, cuando no entre ellos.
Se retiró del barro antes del mundial, consciente que todo lo que se centrara de antes en la carretera podía irle bien.
Nada que recriminar a Pidcock, el tío lo intenta contra gigantes. Contra VDP y Van Aert en ciclocross, contra Pogacar en Amstel, hoy con Remco.
Está aprendiendo una barbaridad para otros años #LBL23— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) April 23, 2023
No es un monumento, pero su victoria en la Strade Bianche está entre las piezas de colección de primavera de ensueño.
Su ataque lejano, sabedor del vacío de poder en el pelotón y esa manera de abrir gas en cada tamo de tierra, en los descenso… todo fue perfecto.
Un inicio prometedor que podía presagiar una primavera brillante, pero hablamos de Tom, un ciclista que, a diferencia de otros de su generación, no encadena días buenos con esa facilidad de otros.
Esa atractiva irregularidad, sumada a la caída de Tirreno, hizo de las suyas y le sacó de cabeza, pero no del todo.
En el tríptico de las Árdenas, Tom Pidcock ha estado delante.
Salió a por Pogacar en el ataque definitivo de la Amstel y a por Remco en la clave de la Lieja.
En ambos casos ha muerto con las botas puestas, subiendo a sendos podios carísimos, aunque no siempre en el sitio adecuado, como pasó en Lieja poniéndose a la izquierda del ganador siendo segundo.
En todo caso a lo que vamos.
Pidcock ha probado el dolor en las piernas de no esconderse ante los grandes nombres, no se ha arrugado, les ha aguantado lo que ha podido y una vez destruido, se ha rehecho para salvar, al menos, el podio.
Segundo en Lieja y tercero en Amstel, no es cuestión menor, es un reconocimiento numérico a correr dándote el aire y no escurriendo el bulto.
Un lujo verle competir así ¿cuántos más serían bienvenidos como él?
Y ojo, no lo descartéis para el futuro, el tipo va creciendo como ciclista y no lo saquéis de las quinielas en años venideros, que torres más altas caen y cambios más drásticos hemos visto.
Yo a Pidcock lo veo tuteando a estos en un futuro no muy lejano.
Imagen: A.S.O./Maxime Delobel





