Ciclismo
Las grandes vueltas le resultan caras a Pidcock
Correr por el podio en las grandes vueltas le resulta caro a Tom Pidcock
¿Le cunde a Tom Pidcock jugárselo todo a las grandes vueltas? La respuesta corta es no, no mucho, y el propio corredor británico parece empezar a asumirlo en su fuero interno.
Supongo que le supo a gloria subir al podio de la última Vuelta, ese podio clandestino, pero estar ahí exige unos costes elevados.
La realidad del ciclismo actual es implacable y no espera por nadie.
El británico deshoja la margarita de sus ambiciones, el panorama de las carreras de tres semanas está bloqueado por dos caníbales insaciables como Tadej Pogačar y Jonas Vingegaard.
Intentar asaltar ese fortín cuando se tiene un talento tan disperso y polivalente no es solo una quimera, sino un desgaste innecesario de energía que cotiza a la baja en el mercado del éxito real.
Por si fuera poco, el relevo generacional aprieta desde abajo con una fuerza, personificada en el crecimiento meteórico de jóvenes como Paul Seixas, listos para ocupar las plazas de privilegio.
No puede ser de otra manera, Pidcock ha admitido tener sentimientos encontrados respecto a la búsqueda del triunfo en una gran ronda, un objetivo que exige una devoción monacal y una regularidad de veintiún días que choca frontalmente con su naturaleza competitiva.
Suena fuerte pero es así, Pidcock es un ciclista total, un verso suelto que brilla en el barro del ciclocross, en las clásicas y en los senderos del mountain bike.
Pretender encajonar ese espíritu indomable en el corsé de los vatios controlados y las estrategias defensivas de una general del Tour de Francia parece más un capricho de su estructura que una convicción real del ciclista.
El tiempo pasa, los rivales maduran antes y el margen de error se reduce a cero.
La cabezonería de insistir en un camino que parece vetado por las condiciones del ciclismo moderno solo puede retrasar los verdaderos éxitos que tiene a su alcance.
Fijarse metas utópicas frente a la tiranía de los dominadores actuales es una pérdida de tiempo.
Pidcock ya tiene una fecha de retirada planificada en su mente y una lista de objetivos pendientes que tachar antes de colgar la bicicleta.
En esa cuenta atrás, malgastar temporadas persiguiendo un podio en una gran vuelta, mientras ciclistas más específicos y jóvenes hambrientos le ganan el terreno, carece de sentido práctico.
Al final, el ciclismo premia a los ganadores, no a los que se empeñan en ser lo que no son.






