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Strade Bianche: Todas las virtudes de Pidcock

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La Strade Bianche de Pidcock retrata un ciclista único

El ciclismo son muchas cosas, estados de forma, de ánimo, compañeros, días buenos, menos buenos, jornadas en las que crees que eres invencible, otras en las que flojeas, pero sobretodo es una cosa, es actitud, palabra bella, redonda y contundente, una palabra que en el pelotón maneja muy bien un tal Tom Pidcock, tan pequeño como arrojado, tan bueno como para darnos una Strade Bianche como ésta de 2023.

Qué carrera señoras y señores, qué ciclista.

Recuerdo en la campaña de invierno, entre Van Aert y Van der Poel, que le llamé “Juan sin miedo” en alusión a ese libreto que nos leían de pequeños para convencernos que todo, en un momento dado, puede ser posible.

CCMM Valenciana

Tom Pidcock es de esos, un ciclista hecho de la materia del  atrevimiento infinito y la confianza eterna, que engaña en apariencia, con ese físico pequeño, pero peleón, una maravilla de corredor que se prodiga cuando las cosas, las suyas, se alinean, pero que cuando todo rueda, es incontenible, como hemos visto en la Strada Bianche.

La carrera de los capos para los capos, no es la más antigua, ni será el sexto monumento para muchos, pero lo que es un hecho irrefutable que los mejores la quieren en su palmarés.

Tom Pidcock, también.

Ha sido su día, marcado no sé si desde el mismo momento que renunció a defender el mundial de ciclocross, pero sin duda, no un día más.

El convencimiento que Pidcock muestra en jornadas así es inspirador, una palabra que ls anglosajones les gusta mucho: breathness o algo así.

Su ataque a más de cincuenta de meta, con Alaphilippe, con Van der Poel, con Wellens y el resto de favoritos viéndole fue el primer brochazo de esa sensibilidad que creo única.

Con escapados por delante, con los favoritos guardando el fortín, salta y se va.

Tan sencillo como letal para los rivales.

Esa curva que traza en descenso, en medio de un sterrato, para sacarle una eternidad a Bettiol, la posterior remontada a De Marchi y la gestión de una diferencia a veces por debajo de los diez segundos.

Fue todo tremendo, en la Strade Bianche de Tom Pidcock, quien si gana ha de hacerlo a lo grande, para marcar y perpetuarse en la memoria de quienes queremos este deporte.

Sí, es cierto, por detrás nunca hubo consenso para cogerle, tampoco la fuerza definitiva en aquellos que creíamos aspirantes al triunfo, pero es que el pequeñín dio una vez y dio primero, sin más concesiones, ni partidos de vuelta.

Si le hubieran cazado habría muerto con su estilo pero -oh sorpresa- salió.

La cabalgada de Tom Pidcock hacia Siena ya queda en las postales de Strade Bianche, un ciclista que caerá mejor o peor con esa arrogancia que a veces maneja, pero que sobre la bicicleta no hace más que causar admiración.

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