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Ciclismo

Mi ocho para el Tour

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La grandeza del Tour incluye muchas veces nombres que no necesariamente son favoritos a ganarlo

A pocas horas de que el Tour de Francia rompa a caminar y la crono por equipos altere la fachada mediterránea de Barcelona, llega ese momento del año tan propio como necesario: hurgar entre los nombres del pelotón.

Más allá de los focos que apuntan a los de siempre, la atención dispersamos en una lista de ocho elegidos, nombres propios con historias cruzadas que merecen un seguimiento minucioso en las próximas tres semanas.

El primero de ellos es Isaac del Toro.

CCMM Valenciana

Su debut es, sin duda, el más destacado y esperado de la carrera, aunque deba convivir a la sombra de Tadej Pogačar, el indiscutible rey sol del ciclismo y del deporte en general.

En la rueda de prensa de los favoritos se le vio serio, sentado a la izquierda de un astro que acaparaba todas las preguntas. Sin embargo, el mexicano tiene capacidad real para estar en el podio de su primer Tour.

Ha crecido en todos los aspectos, pero especialmente en la gestión de esfuerzos, alargándolos hasta matar a los rivales a ritmo.

La experiencia acumulada en el Giro del año pasado le resultará sumamente valiosa y, siendo realistas, salvo Jonas Vingegaard, no se aprecia a nadie verdaderamente superior a él.

En Visma emerge Sepp Kuss, el comodín.

Es un ciclista tan querido por el público como valioso para su equipo, algo que el propio Vingegaard no se cansa de repetir: siempre que el danés ha ganado algo importante, el americano ha estado ahí. Kuss se mantiene como el último resiliente de aquel mítico Jumbo de hace cuatro años, consolidándose como el perfil perfecto y el escudero ideal para cualquier líder con aspiraciones amarillas.

La mirada se detiene luego en el producto francés.

Lenny Martínez es un ciclista que encanta por su corte creativo, pequeño y ratonero.

Cuesta creer que no vaya a tener minutos de televisión en su propio terreno y que no termine optando seriamente al maillot de la montaña o a firmar una o dos etapas.

En una línea gala diferente, y dejando fuera de la ecuación a corredores como Grégoire o Vauquelin, aparece Dorian Godon.

El ciclista ha dado un paso adelante definitivo en las filas de Ineos; es un animador nato que ha crecido enormemente en la media montaña y al que casi seguro se le verá metido en algún desenlace para disputar la victoria parcial.

El factor de la veteranía lo pone Ion Izagirre.

Diez años después de aquella victoria memorable en el descenso del Joux Plane, el vasco afronta su último Tour.

Es una estrella de brillo tenue pero sumamente consistente.

El deseo es verle ganar una etapa y no sería extraño que lo lograra; ya demostró este mismo año en la Itzulia que cuando se centra en un objetivo, lo consigue o se queda muy cerca.

Para Izagirre la edad no es un problema porque lo que cuenta es el método, la ilusión y una experiencia que derrocha en cada kilómetro.

Por la redención pasa la historia de Biniam Girmay, quien debe volver a ser el de hace dos años.

Hablamos de un ciclista que prefiere la tranquilidad de una escuadra modesta como NSN, con la que llegó a ganar el maillot verde y varias etapas.

Girmay supone un islote en medio de un pelotón de monstruos arropados por colosales estructuras financieras.

El ciclismo necesita verle delante de nuevo, recordando que fue de los pocos con arrestos suficientes para porfiarle victorias a Mathieu van der Poel y Wout van Aert en sus mejores momentos.

Y no conviene olvidar que sigue siendo joven.

El examen de madurez le llega a Cian Uijtdebroeks, quien tiene ante sí el reto de retomar el hilo de las clasificaciones generales que domina el gen de su equipo. Movistar necesitaba un golpe de efecto y el fichaje del belga lo parecía, pero lleva todo el año ahí, con los mejores, aunque sin terminar de destacar, rodando en modo persecución muchas veces. Le toca dar el salto definitivo.

Ha pasado por tres equipos en poco tiempo y asentarse se impone como una obligación.

El Tour, la carrera en la que siempre quiso ejercer de líder, es el escenario idóneo. ¿Un buen resultado? Un top 5. ¿El resultado más probable? Luchar por entrar en el top 10, aunque ello le implique renunciar por completo a las etapas.

El octavo nombre es Tom Pidcock, un corredor al que es imposible no querer, un inconformista que quiere probar hasta dónde le da el cuerpo en una clasificación general.

Su trayectoria es curiosa: dejó las filas de Ineos donde Carlos Rodríguez parecía la gran baza de futuro, y ahora los británicos no tienen al español mientras Pidcock lidera el proyecto del Q36.5. Es, sin duda, un corredor al que hay que seguir con atención.

Cuenta con la solidez exhibida en la Vuelta del año pasado, pero arrastra la espada de Damocles de que en cualquier momento puede desconectar y decir adiós a la general. Si ese caso se confirma, cazar una etapa significativa, del tipo de Alpe d’Huez, sería un más que respetable objetivo para él.

Imagen: a.s.o./jonathan biche

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