Ciclistas
Un tipo fiable llamado Tiesj Benoot
Con Tiesj Benoot sucede que el palmarés no hace justicia a la calidad del ciclista
Aquella Strade Bianche, año 2018, la que descubrió a Wout Van Aert al gran público, más una etapa en la París-Niza, justo antes de pararlo todo por la pandemia, ambas piezas eran lo más cotizado del palmarés ciclista de Tiesj Benoot hasta esta Kuurne-Bruselas-Kuurne.
Tiesj Benoot es uno de esos ciclistas que lo tenían todo para estar arriba, pero que con el paso de los años y de las oportunidades te percatas que el ciclismo no le ha dado lo prometido.
Desde bien joven, hemos puesto a Benoot en las quinielas de Flandes y Roubaix, no como primer espada, pero sí en calidad de outsider, que no es poca cosa.
Siempre algo, siempre un imprevisto aparecía para cortarle las alas a un corredor que, por otro lado, es un espectáculo.
Y no lo digo al calor de su triunfo en Kuurne, mirad las veces que ha estad en la pomada disputando, eso cuando no ha sido decisivo.
En el momento que Tiesj Benoot vino al Jumbo desde el DMS, sabía lo que le tocaría hacer.
Ceñirse al guión de los grandes líderes, pero con rendijas de oportunidad en muchas carreras y así ha sido.
En la Kuurne, como en la Het Nieuwsblad un día antes, Tiesj Benoot ha estado delante, formando parte de un grupo que es el más potente del pelotón de una clásica, desplazando al mismísimo Soudal-Quick Step.
Eso te lleva a sacrificarte, pero también a estar más cerca de los mejores en los instantes importantes, como se está viendo.
Benoot corría su segunda carrera desde la lesión en el cuello que tuvo entrenando el verano pasado, una lesión que le hizo plantearse si volvería a recuperar su nivel.
Hablar del nivel de Benoot es hacerlo del ciclista que, por ejemplo, destroza el pelotón del Tour en la etapa de Calais en la antesala del ataque ganador de Van Aert, ojo atención.
El Jumbo tiene sus piezas dispuestas, Benoot no es una más, además de su valor ciclista entra también el arraigo con el terruño.
Su imagen en la Strade Bianche 2018 cubre unas de las paredes del Museo del Tour de Flandes en Oudenaarde, frente a un pequeño parque infantil, cientos de personas pasan por ahí cada día.
Benoot les resultará casi de la familia.



