Ciclismo
Strade Bianche: Ya está aquí, ya llega Pogačar
Se hizo esperar pero la Strade Biache nos trae a Pogačar
Han pasado casi cinco meses desde que vimos a Tadej Pogačar doblar el espinazo sobre el manillar para abrocharse un dorsal, allá por las hojas muertas de Lombardía.
La espera vuelve a terminar en la Strade Bianche, una carrera que no solo le sienta como un guante, sino que se ha convertido en el jardín particular del esloveno.
Hablamos de una cita joven, la clásica del siglo XXI, que ha encontrado en Pogačar al embajador perfecto para elevar su mística entre colinas toscanas y tramos de tierra blanca.
El morbo esta vez es doble.
Por un lado, Tadej busca su cuarta corona en Siena, una cifra que le situaría por delante de Fabian Cancellara en el palmarés histórico, rompiendo el empate técnico y consolidándose como el dueño absoluto del Campo sienés.
Por otro, debuta en la temporada luciendo un maillot arcoíris que, lejos de pesarle, parece darle alas.
El líder del UAE llega a una edición que, curiosamente, reduce su kilometraje de grava de 80 a 64 kilómetros, eliminando sectores como La Plana o Serravalle.
Para cualquier otro, esto sería un alivio; para Pogačar, es una china en el zapato aunque hasta cierto punto, porque no hay recorrido que creamos le vaya mal.
La estructura que le acompaña da miedo.
No viene solo a verlas venir.
Junto a él destaca Isaac del Toro, que tras su UAE Tour y el recuerdo de la última vez que el Giro estuvo por aquí, se postula como segundo de abordo o la alternativa de fuego si la carrera se vuelve loca.
El bloque lo completan piezas como Jan Christen y Florian Vermeersch, brillante en Het Nieuwsblad, perfectos para endurecer el ritmo antes de que el terreno se ponga serio en Monte Sante Marie.
La gran duda que sobrevuela el ambiente no es si Tadej estará delante, sino cuándo decidirá que la carrera ha terminado para el resto.
En una prueba de superficie variable y explosividad máxima, el esloveno ha demostrado que no necesita permiso para romper el guion.
Quedan atrás las tardes de sofá viendo ganar a sus compañeros; ahora es el jefe quien se pone los cortos para recordar que, en la Toscana, la historia se escribe con el polvo blanco que él deja a su espalda.





