Ciclismo de carretera
Strade Bianche en la oscuridad de lo incierto
LA CARRERA EN DIRECTO!
A partir de las 14:30, relatamos lo más destacado de la carrera
STRADE BIANCHE 2021
Estaremos actualizando en este blog lo mejor de esta carrera que es historia.
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El encanto de la Strade Bianche reside en romper el guión que ahoga otros ciclismos
Con la Strade Bianche el ciclismo entra en la dimensión de le leyenda, un libro de hojas en blanco que sólo admite gestas, sudor y polvo, por medio de aquellas rutas que, surcadas de cipreses, hicieron de la Toscana un paisaje de la humanidad.
En las carreteras blancas, en la casa de Bartal y Magni pero también los que vimos en directo, Cipollini y Bartoli, entre otros muchos, el ciclismo pierde el oremus de la modernidad para adentrarse en la oscuridad de lo inesperado, de lo inalterable, de lo que perdura.
Por que los doscientos kilómetros que conducen hacia Il Campo de Siena, esa plaza en forma de abanico coronada por una torre que es la torre del municipio, del pueblo, suponen para muchos el momento más singular de la temporada.
El cielo será protagonista, si amanece gris y descarga, puede ser la hecatombe, la Strade Bianche recupera parte del misticismo que el barro y la lluvia han quitado a estas primaveras actuales que, con el cambio climático, ya no ofrecen la adversidad de nuestros ancestros.
La #StradeBianche ha ganado en pocos años lo que a otras le ha costado décadas…
✔️ Ciclismo impredecible en medio de una modernidad insufrible
✔️ Tierra de grandes ciclistas
✔️ Paisaje mundialmente conocido
✔️ Meteorología influyente#preview pic.twitter.com/tvsHpLedaf— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) March 4, 2021
En el túnel de lo incierto, la Strade Bianche es el “monumento” moderno que pone en jaque el ciclismo contemporáneo.
En una ruta hacia San Remo se puede saber qué vatios mover para evitar el corte, por Flandes se conocen los rincones de memoria, los marcajes matan la carrera, Lieja ha revivido con la llegada al Boulevard, Lombardía, lo mismo, arribando a Como…
… sin embargo nadie sabe qué pasará en las alfombras adoquinadas de Roubaix, como nadie predice con certeza qué suerte se correrá en los caminos blancos de la Toscana.
Es el órdago del ciclismo de siempre, al actual, al de vatios, números y rendimientos, al que pierde la magia por los cuatro costados.
Por eso enamora la Strade Bianche.
Por eso y por los pocos grandes nombres que se la quieren perder.
En en casillero de salida poner esos tres cocos que tuvieron Flandes a sus pies, pues resulta complicado pensar que Wout Van Aert no haya trabajado sobre los “excesos” del ciclocross para pulir su figura y optar a la reválida del triunfo en la carrera que le abrió las puertas al nivel top en carretera hace ya tres años.
Con él se alinea el anterior ganador, Julian Alaphilippe, quien puede acabar rivalizando con Mathieu Van der Poel por quién lanza primero y más lejos de meta el ataque definitivo.
Un plan que bien podría ser el de Jakob Fuglsang, con agallas, como los citados, pero obligado a anticiparse por su perenne falta de velocidad en finales como el de la Strade Bianche.
No nos atrevemos a añadir muchos más, quizá Pidcock o Benoot, en terrenos favorables para ambos, quizá Kwiatkowski, ganador hace cuatro años, pero sí expresar especial predilección por el ciclista que honra su oficio como pocos, Bauke Mollema, en forma como hemos visto.
Ah, y dos ganadores de Tour en liza, los dos últimos, muy fan y muy pendiente de Tadej Pogacar y Egan Bernal, que hacen monumentos a su deporte cada vez que se ponen un dorsal.
Imagen: FB de Strade Bianche







