Ciclismo
Si Van der Poel gana en Tirreno…
El sterrato de Tirreno corona a Van der Poel pero impulsa a Del Toro
Ya lo recordaréis, aquella Tirreno de 2021, cinco años, recién salidos de la parte dura y más oscura de la pandemia, y Van der Poer firmando una carrera de antología.
Hoy volvemos a estar como entonces.
La Tirreno-Adriático es esa carrera que no entiende de guiones preestablecidos ni de jerarquías de cartón piedra.
Lo vivimos en San Gimignano, en ese corazón de la Toscana que huele a primavera incipiente, a árboles que despiertan a medias y a esa incertidumbre térmica donde el ciclista no sabe si sobra el chaleco o falta la paciencia.
En este escenario, la lógica de la crono inicial saltó por los aires.
Filippo Ganna, que partía con una renta extraordinaria, descubrió de la forma más cruda que los vatios en solitario no compran la supervivencia cuando el terreno se retuerce y el asfalto se vuelve tierra.
El italiano dijo adiós a cualquier opción de general en un final que le sobrepasó por todos los costados.
Lo que vimos en las rampas de San Gimignano fue un pulso de tres bandas, de los que hacen afición y justifican los quince años que llevamos analizando este deporte.
Mathieu van der Poel tuvo que vaciarse, poner el corazón encima del manillar para contener el empuje de Pellizzari y de un Isaac Del Toro que está rompiendo todos los moldes.
El mexicano es un corredor especial.
Tiene esa capacidad de enjuagar cronos muy mejorables volando cuando el terreno se pone serio, especialmente en ese sterrato final que parece diseñado para su fisionomía.
Entrar en el meollo de San Gimignano, por esas calles estrechas que respiran ciclismo clásico, vestido de líder es un mensaje directo al pelotón.
Del Toro sale de aquí en lo más alto, y no es casualidad.
Si hay una carrera que le tiene estima y donde él se siente como en casa es precisamente esta.
En ediciones anteriores le vimos sacrificarse, asumiendo el rol de gregario de lujo para Juan Ayuso, trabajando en la sombra para que otros brillaran.
Esta vez el guion ha cambiado y el líder es él, con galones ganados a pulso.
Sin embargo, la ventaja es un cristal fino que se puede romper en cualquier esquina.
El mexicano tiene la general a tiro, pero el lobo nunca duerme. Primoz Roglic está al acecho, moviéndose en esa penumbra que tanto le gusta, y Antonio Tiberi sigue lo suficientemente cerca como para que cualquier descuido se pague con el podio.
La Tirreno no perdona y, aunque Del Toro vuele, la jauría que tiene detrás no le va a regalar ni un metro de gloria.
Imagen: FB TirrenoAdriatico – La Presse





