Ciclismo
El no reconocido mérito de Filippo Ganna
El balance de Filippo Ganna en las cronos es de época
Filippo Ganna es un animal de costumbres y, sobre todo, de una potencia que parece no conocer el desgaste ni el paso de los años.
Lo vimos, otra vez, en el Lido de Camaiore, en esa apertura de la Tirreno-Adriático que domina por aplastamiento, recordándonos que cuando el italiano se acopla sobre la máquina, el resto simplemente compite por ser el primero de los mortales.
Su dominio no es una flor de un día ni un pico de forma pasajero; es una constante que arrastra desde aquel febrero de 2019 en el Tour de la Provence, justo cuando el ciclismo mundial empezaba a presenciar la explosión de Pogacar en el Algarve y los primeros pasos de un imberbe Remco Evenepoel.
Desde aquel entonces, Ganna ha coleccionado 31 victorias contra el crono, una cifra que marea y que incluye hitos como esos dos mundiales donde desplazó a especialistas de la talla de Van Aert con una victoria apurada pero suficiente.
Ver rodar a Ganna es asistir a una clase magistral de eficiencia.
Hay una belleza plástica en su posición, una quietud de hombros para arriba que contrasta con el motor que ruge en sus piernas, permitiéndole doblar rivales como si estos fueran cicloturistas en una salida dominical.
Es cierto que la irrupción de Evenepoel le ha arrebatado el cetro absoluto de la especialidad, pero el palmarés de Pippo habla por sí solo, forjado además mientras cumplía con sus obligaciones sagradas en el velódromo.
No conviene olvidar que, más allá del brillo de la carretera, Ganna es el hombre que todavía quita el sueño a los daneses tras aquella remontada histórica en la persecución olímpica de Tokio.
Es un corredor total que no entiende de transiciones.
Ahora, con la Tirreno de nuevo bajo su mando, el mensaje es claro.
El año pasado solo el descaro de Juan Ayuso pudo apartarle del trono en la carrera de los dos mares, y aunque nombres como Roglic o Del Toro merodeen la general, Ganna tiene la capacidad de aguantar mucho más de lo que los puristas de la montaña suponen.
Están a medio minuto o más del piamontés.
Lo hace además con la vista puesta en Milán-San Remo, donde hace un año fue capaz de resistir el intercambio de golpes entre Pogacar y Van der Poel para acabar segundo.
Este Ganna, a diez días de la Classicissima, es una amenaza real que trasciende la crono y que vuelve a poner sobre la mesa la duda de hasta dónde puede llegar un coloso cuando decide que el terreno no es tan ajeno a su poder como dictan los manuales.
Imagen: FB TirrenoAdriatico – La Presse





