Ciclismo
¿Qué tienen en común Cancellara y Pogačar?
La Strade Bianche ya tiene los tramos Pogačar y Cancellara
Estos locos italianos, maestros de vender el pescado, lo han vuelco a hacer.
El ciclismo moderno tiene estas cosas, se mueve entre la mística de lo que fue y el márketing de lo que pretende ser.
La noticia de que la Strade Bianche ha decidido bautizar un sector de “sterrato” con el nombre de Tadej Pogačar no es más que la constatación de una realidad que ya veníamos rumiando: el esloveno ha canibalizado el relato de las clásicas hasta el punto de hacerse dueño de su geografía.
Se trata del sector de Colle Pinzuto, ese tramo de poco más de once kilómetros que, para muchos, es el corazón de la carrera y que a partir de ahora llevará el sello del ciclista que lo convirtió en el escenario de una de las exhibiciones más insolentes que se recuerdan en el ciclismo contemporáneo.
No busquen aquí una oda al romanticismo porque lo que hay es una lectura pragmática de la leyenda.
Pogačar es historia de la carrera, con sus ataques a una eternidad de Siena.
Movimiento que, por su distancia y ejecución, nos devolvieron a una época que creíamos enterrada en los libros de historia, pero con la diferencia de que ahora se mide en vatios y se emite en alta definición para todo el planeta.
La organización de la carrera, rápida de reflejos, ha entendido que asociar su patrimonio visual al nombre de la estrella más rutilante del firmamento actual es una operación de marca redonda.
Sin embargo, conviene mirar esto con el prisma del que lleva años viendo pasar corredores por las carreteras blancas de la Toscana.
El ciclismo siempre ha tenido sus lugares sagrados, desde el bosque de Arenberg hasta el Poggio, pero bautizar sectores en activo tiene un punto de precipitación que a veces asusta.
Se rinde tributo a un corredor que todavía está escribiendo sus mejores páginas, lo cual dice mucho del impacto sísmico que tiene cada una de sus pedaladas.
Es el reconocimiento a un dominio que no solo se basa en ganar, sino en la forma de hacerlo: con una superioridad que roza lo hiriente para sus rivales y una estética que enamora al aficionado que busca algo más que una simple clasificación.
Pogačar ya tiene su rincón en la Toscana, un tramo de tierra donde su sombra será alargada cada vez que el pelotón decida que es hora de romperse.





