Ciclismo
París-Niza y Vingegaard: La nieve es el límite
La nieve es un clásico en la París-Niza
La París-Niza, la”Carrera hacia el Sol” que a menudo se empeña en desmentir su nombre, nos ha dejado otra vez con la miel en los labios y el rutómetro reducido.
Comentaba Javier Ares en Eurosport que de las últimas cuatro ediciones, tres han sufrido amputaciones por el clima.
Esta vez le tocó a la penúltima etapa, recortada por un temporal que parece haber pillado a la organización, una vez más, mirando hacia otro lado hasta que la nieve bloqueó el paso.
El tránsito del norte al sur del hexágono francés es, históricamente, una timba meteorológica.
Se sabe que el mal tiempo va a aparecer, es parte del ADN de esta carrera, pero la gestión de estas crisis empieza a ser un ejercicio que deja al aficionado desconcertado.
Jonas Vingegaard, una voz de peso en el pelotón, ha dejado clara su postura tras la etapa reducida a apenas 47 kilómetros.
Para el danés, la lluvia es parte del oficio, algo que se acepta y se pelea, pero la nieve cambia la ecuación.
Incluso fue más allá al afirmar que la jornada debería haber sido aún más corta si el riesgo para la integridad física era real.
Las palabras de Vingegaard no son un simple lamento, sino que bien podrían establecerse como la vara de medir para el futuro.
Digo yo, porque en caso contrario es un desconcierto.
El ciclismo vive hoy bajo el paraguas del Protocolo de Clima Extremo, una herramienta necesaria pero que a menudo parece una hoja de ruta hacia la incertidumbre.
El público necesita saber a qué atenerse.
No se trata de pedir que los corredores se conviertan en gladiadores inmunes al hielo, sino de profesionalizar una toma de decisiones que ahora mismo parece errática.
Lo que queda meridianamente claro tras este nuevo episodio en la París-Niza es que el romanticismo épico está herido de muerte.
Aquellas imágenes del Gavia en el Giro de 1988, con ciclistas convertidos en estatuas de sal y barro, pertenecen a una videoteca que no se va a ampliar.
La seguridad manda, y es lógico, pero la repetición sistemática de estos recortes en una prueba de este calibre obliga a repensar si el diseño de los recorridos sigue ignorando una realidad climática que ya no es excepción, sino norma.
Por cierto, que si lo que dice Vingegaard debe ser la vara de medir, que los pros se corten un poco cuando salen a entrenar con nieve y en lo que suben.
Por las formas más que nada…
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters






Galego de área mindoniense
17 de marzo, 2026 at 21:37
Para los de ciclocross y esquiadores sí que es seguro competir sobre nieve, pero para los ciclistas de ruta no? ¿Cuál es la diferencia exactamente? Porque con otros deportes puedo ver la diferencia, pero con el ciclocross no. Se pueden abrigar igual, pueden montar los mismos neumáticos (creo)… no veo porque para los ciclistas de ruta no podrían competir en esas condiciones, sinceramente. No estamos hablando de competir en condiciones inhumanas como podría ser en Siberia o en la Antártida, sino en una temperatura a la cual se practican muchos deportes de invierno e incluso sobre las que otras disciplinas de ciclismo compiten de vez en cuando.