Ciclismo
Este Vingegaard nos resulta familiar
La París-Niza recuperó al Jonas Vingegaard más dominante
Vaya por delante que este Jonas Vingegaard nos resulta familiar, casi reconfortante en su tiranía.
Es el corredor que nos retrotrae a tiempos pretéritos, a esa era que parecía suspendida en el limbo tras la pavorosa caída en la Itzulia de 2024.
Antes de que el asfalto vasco le cambiara el gesto y la trayectoria, el danés resolvía las carreras por la vía del aplastamiento, con una suficiencia que solo Tadej Pogačar se atreve a replicar.
Lo vimos en aquella Itzulia de 2023, lo sufrimos —o disfrutamos— en O Gran Camiño y en el Dauphiné, y volvió a quedar patente en la Tirreno de 2024, apenas unas semanas antes del desastre.
Ahora, con la París-Niza en el bolsillo, Vingegaard ha vuelto a domar la carrera hacia el sol como en sus mejores días, devolviéndonos una imagen que creíamos perdida.
Ha pasado un día desde que se coronó en Niza y las sensaciones que deja en el paladar son inmejorables.
No pretendo afirmar de forma categórica que vaya a ser la sombra constante de Pogačar en cada momento clave del calendario, pero al menos hemos recuperado la versión previa al accidente, ese punto de inflexión que sospecho marcó un antes y un después en su mentalidad.
En el camino hacia la Costa Azul, Jonas marcó las diferencias que se le suponen frente al resto del pelotón, saliendo indemne de las caídas y protegiéndose del frío con un culotte largo, abierto y resquebrajado, una estampa que evocaba irremediablemente sus años en la lonja de pescado, cuando los pantalones sujetos con tirantes eran su uniforme de faena.
Ganó y convenció por una eternidad.
Queda, por supuesto, la duda razonable de cuánto tiempo le habría aguantado el pulso un Juan Ayuso al alza, aunque mi convicción personal es que el alicantino no habría podido seguir ese ritmo sostenido de demolición.
Lo que sí es una certeza absoluta es que Vingegaard sigue haciendo los deberes con pulcritud germánica.
Con la Volta en el horizonte y el Giro de Italia como siguiente gran objetivo, el danés parece decidido con cerrar el círculo y ganar las tres grandes antes que su eterno rival esloveno.
Todo esto no es más que el prólogo necesario para el gran colapso, el duelo de su generación que volverá a cristalizar en las carreteras del Tour de Francia.
Imagen: Imagen: A.S.O./Billy Ceusters





