Ciclismo
La restricción que no vimos venir: Orinar en el bidón
Orinar en un bidón no es decoroso, pero si no hay alternativa…
El bidón del ciclista, pocos elementos tan icónicos y tan deseados por el aficionado cuando va a las carreras.
Aquí dimos cuenta hace tiempo de aquellos ciclistas que una vez cruzada la línea de meta fueron rodeados por niños que querían su bidón
Ahora nos encontramos con lo que sucede en el Giro donde el jurado de comisarios se ha visto obligado a emitir una advertencia ciertamente inusual en su informe oficial tras la novena etapa: se prohíbe terminantemente a los ciclistas orinar dentro de sus propios bidones para luego arrojarlos a la cuneta.
Esta insólita medida surge a raíz de las severas multas económicas impuestas recientemente a varios corredores por satisfacer sus necesidades fisiológicas a la vista del público en zonas urbanas o de gran afluencia de aficionados.
Ante el temor a las sanciones y la dificultad manifiesta para encontrar momentos de calma en un grupo que rueda enfilado de salida a meta, algunos integrantes del pelotón decidieron improvisar un método higiénicamente cuestionable.
¿O no?
Porque si ese bidón llega a meta o se entrega en el coche durante la carrera para su posterior desecho, no debería haber problema.
Si el ciclista se mea en ruta, tiene que aliviar la necesidad.
Sea como fuere la polémica ha desatado valoraciones directas entre los propios corredores en carrera.
Arjen Livyns, enrolado en Astana, afirmó que, aunque no es una práctica generalizada ni la ha ejecutado en primera persona, el verdadero pionero y experto en la materia es el belga Victor Campenaerts, una atribución que el corredor del Visma Lease a Bike esquivó con una sonrisa ambigua al ser cuestionado por los medios de comunicación.
Yo sabía que le molaba la cerveza.
Por su parte, Oliver Naesen secundó la autoría señalando a las iniciales de Campenaerts y recordando que presumiblemente Peter Sagan realizaba maniobras similares en el pasado.
El fondo del problema radica en el peligro y la falta de decoro que supone el destino final de estos envases plásticos.
En cada jornada, miles de aficionados, incluidos niños, se agolpan en los márgenes de las carreteras con el único deseo de recoger los bidones que descartan los ciclistas como si fuesen auténticos trofeos de recuerdo.
La posibilidad de que un seguidor manipule o intente ingerir el contenido de un bidón contaminado con orina ha encendido las alarmas de la organización por el evidente impacto negativo en la imagen del deporte y los riesgos de salud pública asociados.
Dantesco.
Los oficiales de carrera han remarcado que se vigilará con estricto rigor el cumplimiento de las normas de decencia visual a partir de las próximas etapas, aplicando sanciones bajo los artículos relativos a conductas impropias y lesivas para el ciclismo, obligando a los corredores a anticipar sus paradas técnicas en los tramos limpios de espectadores.
Imagen: A.S.O./Herve TARRIEU






