Ciclismo
Mont Ventoux: ¿Final de etapa o puerto de paso?
Siempre he pensado que el Mont Ventoux es más espectacular cuando no es línea de meta
Tengo fresco mi primer recuerdo consciente del Mont Ventoux en el Tour de Francia.
Aunque guardo pasajes de la edición de 1987, en especial cuando Perico es amarillo en Alpe d´Huez, la escapada de Anselmo Fuerte y Laurent Fignon en La Plagne y el desenlace de la crono en Dijon, de ese año no tengo vivos recuerdos de la super cronoescalada del Mont Ventoux que firmaría Jeff Bernard.
Sin embargo, sí que mantengo la imagen del paso de 1994, cuando Eros Poli, el ciclista más alto del pelotón, cruzó la cima escapado, en medio de la agonía, mientras Indurain controlaba los ataques de Pantani y tenía un susto bajando.
Aquella vez supe de la mística del lugar, de lo que sucedió con Tom Simpson, de la historia de Petrarca en el monte pelado.
Desde entonces he visto varias veces el paso por el Mont Ventoux, siempre expectante, aunque rara vez hemos visto un espectáculo que podamos definir como memorable.
Aquí Iban Mayo voló en una cronoescalada del Dauphiné, Armstrong propició un regalo que indignó a Pantani, Juanma Gárate puso broche a su carrera, el ataque sentado de Chris Froome, quien a los tres años perdería hasta la bicicleta en medio del caos, e incluso Wout Van Aert logró una victoria en dos actos, pues fueron dos las veces que se subió y se bajó del Gigante de Provenza.
El Mont Ventoux tiene algo, nunca deja indiferente.
Es una historia de éxito, que entra bien, con uno de esos perfiles de etapa que si fuera en la Vuelta seguro que nos cabrearía, pero como es el Ventoux y encima no tiene grandes montañas alrededor, lo compramos.
En todo caso no me convence el gigante pelado como final de meta, por tanto que me parece disuasorio, más en este ciclismo en el que llevarán al pelotón a mil por hora hasta la base y a partir de ahí, a temblar.
Cuando el Ventoux fue puerto de paso vimos cabalgadas icónicas como la de Poli y Van Aert, acoso al líder en el pelotón y un descenso larguísimo que implica pedalear y seguir gastando.
Con el actual dúo de favoritos, seguramente hayan mamporros incluso antes que el bosque deje de existir, veremos si cambiar la percepción, pero quizá estemos en un momento en el que el gran monte provenzal merece que una crono vuelva a celebrarse por sus pendientes.
A.S.O./Pauline Ballet





