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Mathieu Van der Poel puede escribir la historia del ciclocross
Ahora mismo la campaña de ciclocross de Van der Poel es un misterio
En la resaca del mundial de gravel, incluso del de ruta, en el que acabó tercero, ahora viene la nueva pantalla para Mathieu Van der Poel con su temporada en ciclocross.
Al neerlandés le gusta hacerse querer: “Si lo supiera, te lo diría“.
En otros años, podría entender que estuviera más saturado de bicicleta, con muchos más objetivos en su punto de mira, calendario más cargado y en definitiva mucha tralla y presión en el cuerpo.
Pero este Mathieu Van der Poel es otra cosa, es, como ya hemos dicho otras veces, un francotirador, que juega fuerte cada vez por menos más selectos objetivos, que los disputa a fondo y rara vez falla.
Este año, no le hemos visto mucho más allá de los cuatro monumentos de primavera, ayudar a Philipsen en el Tour y mundial de fondo.
Aquel ciclista pluriactivo quedó quedó en el camino y lo entiendo, correr como corría Van der Poel en 2019, por ejemplo, tenía que se insano.
Es por todo ello que imaginarme una temporada de ciclocross sin el nieto de Poulidor me parece imposible, llega más fresco, sobre el papel, y con hambre de bicicleta.
El año pasado se puso a ello en diciembre, renunciando de inicio a la Copa del Mundo, pero ganándolo todo salvo Benidorm.
Su paseo por el mundial fue histórico, pues le significó ponerse a un título de Eric De Vlaeminck.
Dicho de otra manera, Van der Poel está a un paso de escribir la historia del ciclocross y eso es tan goloso que no me creo que renuncie al que podría ser su séptimo mundial.
Sabe que le ha tocado convivir con otro astro en carretera llamado Tadej Pogacar, por eso si quiere su renglón, su huerto particular dentro de la leyenda, el ciclocross debe ser su patio.
No me imagino las sobremesas navideñas sin sus pulsos con Van Aert o paseos en solitario…
Foto: Guillem Riera/Joanseguidor





