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Lo de Pogacar no es aburrido…
El ciclismo de Pogacar no es aburrido, sólo que necesita contestación
Cuántas vueltas le hemos dado este año a la misma escena, que no deja de ser la imagen del año, Pogacar partiendo a una distancia importante de meta para dejar la carrera sentenciada por anticipado.
Lo comentábamos cuando Montreal, cuando volvió a ganar casi dos meses después de coronarse por su tercer Tour de Francia en Niza.
Es la imagen del año, dos carreras en una, antes del ataque todos juntos y ritmo infernal, luego, que empiece la lucha por el podio.
Decir esto, por eso, no es criticar ni el hambre ni las ganas que le pone Tadej Pogacar, es un mero cuatro descriptivo de la realidad, la de un ciclista que, ahora mismo, es el mejor del mundo con mucha diferencia,
¿Es culpa de Tadej Pogacar ser tan bueno?
¿Te gustan los “solos” a los que nos ha acostumbrado Tadej Pogacar?#ILombardia #PodcastJS
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) October 11, 2024
Evidentemente que no, más cuando pone toda esa calidad en el asador, al servicio de dar un espectáculo digno y mejorar, sin duda, todas las carreras en las que participa.
El problema viene a su alrededor, al tremendo poder de disuasión que imprime y que hemos visto de forma nítida este año, desde el minuto uno, desde ese ataque lejano en la Strade Bianche en el que la concurrencia se dio cuenta que intentar seguirle era tontería.
¿Quieres que Tadej Pogacar gane el Mundial?
¿Por qué?— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) September 26, 2024
Decir que nos gustaría más contestación en el ciclismo de Pogacar, no significa que lo que nos propone sea aburrido, sólo que se convierte una sucesión de “solos” donde el atractivo reside a veces en la impresión que nos cause las diferencias que logra, porque no sólo quiere ganar, busca dejar huella.
Quizá por que compita contra los mejores dela historia, también por que le sale de dentro, a Pogacar no le basta con ir a la Volta, ganar alguna etapa y la general, lo mismo en el Giro o en el Tour, no le vale con atacar en la vuelta final del Giro de la Emilia.
Todo eso que hasta ahora sería lo normal, a él no le cuadra, a él le gusta dejar huella.
Sólo Jonas Vingegaard y Mathieu Van der Poel le pueden proponer un duelo de tú a tú y en momentos determinados de la temporada, como el Tour de Francia y las clásicas de adoquines, más allá de esto, el vacío.
Un vacío sazonado por un equipo poderoso que le allana el camino y le pone autopista hacia la victoria, por si ésta no estuviera asegurada ya.
Es tremenda la seguridad que transmite, su nivel de acierto y efectividad, carreras inciertas sobre el papel, convertidas en soliloquios.
Y así hemos dado con la mejor temporada de la historia, cuando creíamos que nadie iba a igualar a los antiguos, llega y lo firma él, dejando atrás carreras plomizas, como aquellos Tour de Froome que no están tan lejos en el tiempo, a menos de una década.





