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Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe: El truco es que siempre te vean

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Alaphilippe Lieja
DT – 2022 post

El final de Lieja es una parte de Julian Alaphilippe, pero no el todo

El desenlace de Lieja parecía el momento esperado por los haters de Julian Alaphilippe para salir en tromba, en España, sin ir más lejos, mientras el Madrid jugaba contra el Levante, mientras la gente elucubra sobre la salud de Donald Trump, Alaphilippe ha sido TT.

Medios generalistas tachando de «ridículo» lo que ha hecho Julian Alaphilippe, gente sacando punta a su soberbia, a sus cambios de trazada… un show.

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No creo, como también he leído que esto sea cosa de la maldición de arcoíris, sencillamente, hablaría del peso del arcoíris, y de la dificultad de conciliar el sueño y las miradas cuando te sabes objetivo de todas las opiniones.

Por que hasta entrar en Lieja, Alaphilippe corrió como se le presumía, tuvo antes de La Redoute algún problema, creo que un percance, pero poco más, fue en la entrada en Lieja donde le entraron todos los males.

Una de las explicaciones a lo sucedido la vemos en este serial de tweets…

Sinceramente Alaphilippe estaba obsesionado con Marc Hirschi y si en Niza, hace cinco semanas justas, el francés impuso su velocidad, aquí el suizo ya no es una sorpresa, es un corredor moldeado en tiempo récord en la élite de esto del ciclismo, que ha crecido como el biscocho en el horno, a tal velocidad que no ha pasado desapercibido para nadie, tampoco para Loulou.

Y así el desenlace en Lieja es un despropósito, cambios de trazada, bandazos, uno casi acaba con Roglic en el suelo, un esloveno, Mohoric que llega para alterarlo todo, y un sprint lanzado por las vallas que quiere acabar por el centro en un cambio de trazada que provoca dos cosas: la eliminación de Hirschi por la derecha y la puerta para Roglic por la derecha.

Una tragedia doble aliñada con una celebración prematura, antes de perder la carrera y ser descalificado.

Esto es ciclismo y un monumento, va todo tan al límite que los mejores fallan cuando nada invita a pensar que van a fallar.

Pero de ahí a la red ardiendo contra el francés, no lo entendemos, cometió errores de bulto, casi tira a Roglic primero y el suizo después, pero ha pagado un precio alto, un precio en tres incómodos plazos: celebración precipitada ante la vista de todos, derrota en la línea y descalificación a la quinta plaza.

¿Ridículo de Alaphilippe?

Un poco sí, pero esto es ciclismo, lo que Alaphilippe celebraba hace una semana en Imola, Roglic lo lamentaba en la Planche hace dos, es lo que hay, nadie está exento.

A dos cosas se puede agarrar Alaphilippe, a que si todo va bien disputará otra Lieja en arcoíris y que los saborean el buen ciclismo no podemos menos que apreciarlo.

Todo lo de más ruido…

 

-escrito el 28 de septiembre-

La virtud de Alaphilippe es que siempre está cuando se le espera y cuando no

Hace unos días incluimos a Julian Alaphilippe en el ocho del Tour 2020 y lo hicimos diciendo esto:

Julian Alaphilippe ha sabido reinterpretarse en condición de animador de lujoolvidándose de ese sueño que veíamos imposible para él, la general del Tour, y basándose en una presencia casi constante en carrera, presencia que además no es estéril, pues se llevó una etapa y varios días de un amarillo que perdió por desconocer el reglamento.

Hay con Julian Alaphilippe una cierta coña, una trampa, en la que se cae muy a menudo, como en tantas cosas en la vida.

Verle siempre en la escapada con en los Alpes del Tour, realizar el ataque que le arrastra al fondo del grupo, digamos en el Peyresourde, y disputar una plaza de honor lleva a confusión a la gente, por que piensa que el francés sólo quiere estar o figurar, pero nada más lejos de la realidad, quiere eso y  además complementándolo con un sentido táctico y visión de carrera privilegiados en jornadas que las piernas acompañan.

Julian Alaphilippe       Alaphilippe Mundial Imola JoanSeguidor

El Tour 2020 ha sido muy diferente para Julian Alaphilippe, desposeído del amarillo, sin la presión de tener que exprimir el limón para morir, seguramente, en la orilla, se dedicó a hacer lo que mejor sabe hacer: estar.

Corrió siempre por delante, para chanza del narrador y comentarista de Teledeporte, luego nos preguntan por qué no nos gustan, entrando en casi todas las escapadas, cayendo casi siempre, pero con honor, levantando gritos de la gente que se acercaba ¿cuántas veces hemos oído «allez Julian»?, creando imagen, haciendo marca, dándole a su patrocinador imponderables minutos de televisión y yendo a por la victoria cuando realmente estaba convencido que era su etapa, aquella de Niza.

Por que la exposición constante de Julian Alaphilippe no le distrae del objetivo deportivo, al contrario, cuando éste llega, que siempre esté en el tiro de cámara lo hace más grande.

Eso pensamos al verle pasar primero en la meta de Imola.

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Alaphilippe es un corredor que necesita saber que le están viendo para sacar lo mejor, y eso es bueno, acepta, gestiona y convive de forma admirable con la presión, y no es que su repertorio guarde recetas inesperadas.

Puede ganar tipo San Remo o Mundial, atacando cerca de la cima y a sacar quilates a su habilidad para bajar, o atacar de más lejos, como el año pasado en el Tour y meter presión a los de atrás.

Ha ganado contrarrelojes e incluso alguna llegada al sprint.

En Imola se sacó los fantasmas de encima con una pasmosa efectividad, sabía que si Wout Van Aert o Marc Hirschi le tomaban la rueda el cuento cambiaba mucho, pero lo hizo, les miró y se fue… en sus narices.

En un ciclismo homogéneo, casi sin identidad, encontrar algo así es un tesoro, más Alaphilippes y menos «top ten» podríamos decir si no queremos que cada vez que el ciclismo se cuele en nuestra sobremesa nos invada la tentación de la siesta.

Y sí, veremos caras, cucamonas y recuerdos de Voeckler, pero éste es un ciclista que cuando se pone el mono, se olvida de lo superfluo…

Imagen: Cor Vos – Jumbo Visma

 

 

 

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Ander Garcia Lacunza

    6 de octubre, 2020 En 0:22

    Me ha encantado como lo habéis expuesto.

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Julian Alaphilippe

La primavera de mierda de Julian Alaphilippe

Publicado

en

DT – 2022 post

Nada le ha salido a derechas a Julian Alaphilippe esta primavera

Con la primavera en la retina, bien podemos decir que esta vez no ha salido el arcoíris, o lo que es lo mismo, no hemos visto aparecer a Julian Alaphilippe, no en la medida a la que nos tiene acostumbrados.

Aqui vemos eso que decimos del el ciclismo, como algo duro y largo, una suerte de montaña rusa de buenos, malos y medios momentos, un sorteo de dificultades que nunca acaba.

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Recordaréis hace tres años, el amigo Julian, todo le salía, hasta un sprint que le limpió a los velocistas en Tirreno.

Ganó Strade, hizo lo propio en San Remo, con un brutal dominio de la escena, y luego su querida Flecha Valona.

Aquel Alaphilippe era el coco, el amo de la primavera, un dominador de carreras inciertas donde las haya, como pocas veces hemos visto.

Pero la historia cambia según la cuente y quién la protagonice, el año pasado -pues en 2020 no hubo primavera-, Alaphilippe ya tuvo encontronazos en primera persona con el dúo Van Aert-Van der Poel con resultados de todo tipo, pero alejados de la campaña de 2019.

Especialmente bonita fue la Tirreno del año pasado, con los tres jugando al gato y al ratón.

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Este año en Tirreno, ya advertimos que este Julian no era el de años anteriores.

Influyó, seguro que sí, el hostión que se pegó en la Strade Bianche, cuando salió volando en uno de los tramos de tierra.

Esa caída le sacó de la carrera de caminos blancos y creo que le pesó gran parte de la primavera.

En Tirreno se le vio un peldaño por debajo de los mejores y a San Remo no pudo acudir, una bronquitis tuvo la culpa.

Esta vez no quiso experimentos en Flandes y centró las fuerzas en Árdenas

En el camino consiguió mojar en Itzulia, el día que Remco se puso a su servicio, aquella etapa en la que los escapados de los equipos pros españoles se pegaron un tiro en el pie.

Euskadi parecía un buen escenario para engordar el pollo, pero no.

La cuenta se paró en la segunda jornada, pues Pello Bilbao y Dani Martínez le ganaron con claridad en sendos sprints.

Ya veis, Pello y Dani, sobre el papel mucho menos rápidos, pero esos dos días infranqueables para Alaphilippe.

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Vinieron las Árdenas y la cosa no mejoró.

Escogió la rueda de Pogacar para el asalto de su cuarta Flecha Valona y no hubo manera.

El esloveno reventó ante el empuje de Teuns, Valverde y Vlasov y cortó a Julian, ahí se acabó el cuento.

Y luego la Lieja, con la caída en la que Bardet le saca del terraplén, un golpe brutal, con costillas rotas, entre otras cosas, y una recuperación que se anuncia larga, a ver si llega al Tour.

No ha sido la primavera de Julian Alaphilippe, lo que hacía un tiempo sacaba con nota, como si no le costase, ahora se hace un mundo.

Más allá del periodo, el ciclismo necesita tipos como Julian, la pimienta de cualquier ensalada, esperemos verte de nuevo en ruta, campeón.

Imagen: A.S.O./Gautier Demouveaux

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Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe nunca dice «nunca jamás»

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DT – 2022 post

La tenacidad de Alaphilippe es uno de los grandes tesoros del ciclismo actual

En Julian Alaphilippe sucede una cosa que en otros grandes capos de la actualidad no ocurre, algo que le pasa también en cierta medida a Primoz Roglic, y es que ambos vienen del que podríamos llamar «viejo ciclismo», pues lo vemos lejano, aunque hayan pasado «sólo» tres años, y aquí siguen, aguantando el tirón de los «advenedizos».

El año que finaliza no ha sido el mejor, estadísticamente hablando, de Julian Alaphilippe, pero si una cosa tiene el ciclismo de este genio del centro de Francia es que no conoce la palabra «imposible», no la contempla, no existe en su diccionario.

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Julian Alaphilippe es actitud y estado de ánimo, es el claro ejemplo de que si se quiere, si de verdad se desea, y se tienen, obviamente, facultades, es posible tirar para adelante, y sacar la cabeza.

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Y con Alaphilippe, en esas estamos, en un ciclismo que ya no habla de números y sí de emociones.

Conviene verlo y comprobar que los resultados de 2021 del francés no llegan a los de antaño, en especial a los de 2019, cuando el francés culminó una de las mejores campañas que se recuerdan a título individual.

De hecho, el año que acaba Alaphilippe lo finaliza con cuatro triunfos, pero qué cuatro triunfos.

Tres de ellos, frente a las dos paredes que el ciclismo ha puesto frente a Alaphilippe: Van Aert y Van der Poel

Entre el belga y el neerlandés le han puesto tope al inquieto francés, que vio desde el mismo momento que se descuelga en el final de la Strade que ganar con estos dos en liza no iba a ser nada sencillo.

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Pero lejos de desistir, el campeón del mundo, por algo lo es, no baja los brazos, al contrario, se arma de valor, barrunta un plan y como si fuera «Julian sin miedo» va a por ello.

Así, a pocos días de la sonada segunda plaza en Strade, Alaphilippe le devolvió a VDP el palazo de Strade haciendo lo que mejor sabe hacer, anticiparse.

Alphilippe no ganó Flandes, pero formó parte de la manda que acabó reventado a VDP, luego ganaría la Flecha y volvería a hacer en el Tour lo que tan bien saber hacer, anticiparse.

Ganar la primera etapa y sumarle el amarillo son cositas que parecen fáciles pero ejecutarlas en la jauría de la primera etapa del Tour, tras las escabechinas, con los dos cocos viéndole, es meritorio, aunque quizá menos que la estrategia de «acoso y derribo» que sucede en el Mundial, en el que, delante de todos y con todos compitiendo, nos puso la «gallina de piel» con una sucesión de ataques que en cualquier otro había sido el preludio de derrumbe.

No fue el caso de Julian, un ciclista omnipresente, que justifica bien ese abultado sueldo y nunca acepta un «no» por respuesta.

En la terna de grandes momentos del año, su figura emerge en varios.

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Ciclistas

Julian Alaphilippe es el campeón «self made»

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DT – 2022 post

El triunfo de Alaphilippe es un ejemplo de correr a la contra de todo

Horas después del triunfo en la entraña de Lovaina, de vivir a mil por hora durante 260 kilómetros largos y obsequiarnos con una excelente carrera, decir que es la mejor que hemos visto nunca es exagerado, hemos dado vueltas sobre los matices del éxito irisado de Julian Alaphilippe en Flandes.

Y todos nos conducen a una conclusión: éste es un ciclista único, letal cuando está bien, decisivo cuando no, pero siempre presente, siempre protagonista, desafiando las leyes de la lógica ciclista, leyes que hablan de ser conservador y no gastar más de lo necesario, pero que él se empeña en contradecir.

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Alaphilipe es un «self made», un ciclista, un campeón hecho a sí mismo, a su gusto y manera, sin importarle la buena legión de haters que le espera en cada esquina, haciendo lo que sabe hacer tan bien y sacando partido a unas cualidades físicas excelentes, que no inmensas, y mentales sencillamente imbatibles.

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Leyendo reacciones, me llamó la atención la de «maitre Voeckler», seleccionador francés y al que muchos equiparan por su afinidad en poner caras. 

Dice Voeckler que le advirtió de no atacar tan lejos, ni hacerlo tantas veces, curioso.

Todo fue de viva voz, pues no había pinganillos, como la instrucción que le debe dar Alaphilippe a Madouas antes de uno de sus últimos ataques.

Julian hizo todo al revés que los demás, y no sólo respecto a Voeckler.

Circuló buena parte de la carrera en la panza o parte trasera del grupo, dejando el aire y el desgaste del top ten en el pelotón para otros, entre ellos el propio Van Aert.

Desafió la lógica con un seguido de ataques que empezó antes de los cincuenta para meta.

Alaphilippe no corría con la celeste de Evenepoel, pero visto ahora, a toro pasado, creo que el belga le hizo la carrera e incluso diría más, que Lefevere, dinero por delante de todo, no cuestione la estrategia belga, cuando el principal beneficiado fue uno de sus mejores ciclistas los doce meses del año.

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No es la primera vez que decimos, también lo leemos por ahí, que Julian Alaphilippe compite contra monstruos que sobre el papel parecen mejores que él.

De hecho en los numerosos cruces que ha tenido con Van der Poel y Van Aert, los dos venidos del ciclocross le han mojado la oreja al campeón del mundo.

Pero igual que eso es cierto, no menos lo es que Alaphilippe debe ser el tío que más nervioso te pone llevar al lado, por que no descasará hasta que encuentre la manera de joderte y en este caso el francés lo tiene claro, si les lanza los ataques de lejos, si no espera a que los otros arranquen la moto, eso que lleva por delante.

Ha ganado dos mundiales saltando en la cota definitiva a la vista de todos, sin excepción, sin dejar lugar a la duda, «es que no le he visto».

Incluso en Flandes ha redoblado la apuesta yéndose solo a más de una vuelta del final, como Olano y Criquielion hicieron por última vez en más de 35 años de mundial.

De todos los caminos, el perillas francés siempre cogerá el más insospechado, porque sabe que ahí reside su primera ventaja, siendo consciente de que en choque a lo bruto le puede pasar lo que le sucedió con VDP en Strade o WVA en Gran Bretaña.

Y así, corriendo a la contra del manual, con una actitud a prueba de bombas, este pequeño portento de centro de Francia lleva dos arcoíris, cosa que le pone muy arriba en la historia de una carrera que acaba de celebrar 100 ediciones.

Imagen: FB Flanders 2021

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Julian Alaphilippe

La loca vida que Alaphilippe le ha dado al arcoíris

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DT – 2022 post

Podemos decir que Alaphilippe ha honrado el maillot arcoíris

En breve la prenda irisada, el maillot arcoíris, de Julian Alaphilippe se pondrá en juego en Flandes.

Ha sido un año menos una semana de intensa relación y podríamos decir que, a veces, sobreexposición de la prenda más bonita del ciclismo.

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Cuando Alaphilippe lanzó su órdago al arcoíris en Imola, abriendo un hueco que Van Aert, Hirschi y Roglic, entre otros cocos, fueron incapaces de contener, empezaba un show que nunca imaginábamos tan potente, pues el francés le ha dado a la camiseta de campeón del mundo un uso y omnipresencia que no muchos corredores serían capaces de garantizar durante un año.

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Alaphilippe ha puesto el maillot arcoíris en el podio del Tour, lo ha roto en caídas infames como la de Flandes, lo ha paseado por las islas británicas, le ha dado cera en las Árdenas y empolvado en la Strade Bianche.

Y lo hizo casi de salida, a toque de pito, recién estrenado, con una antológica cagada en el desenlace de la Lieja-Bastogne-Lieja en su versión otoñal, cuando hizo más eses de las necesarias, acabando descalificado pero al mismo tiempo superado por Roglic por celebrar antes de hora.

Quería la foto, era la foto, ganando en el Boulevard de Lieja con el maillot de campeón del mundo, era el póster que la eternidad le quitó al momento.

Le llovieron chuzos de canto, con razón, hizo el tonto más de lo necesario, y encima retratado por la imagen de una celebración precipitada y vacía.

Pero tenía el foco, el ojo del aficionado, el mismo que casi vio repetida la misma jugada tres días después en la Flecha Brabanzona que casi pierde, esta vez con Van der Poel, por celebrar antes de tiempo.

A la semana de Lieja, lo recordaréis, se las quiso ver con Van der Poel y Van Aert en Flandes y acabó estampado contra una moto de carrera, fractura y final precipitado de temporada.

Ese maillot irisado había tenido, en siete días una sobreexposición que me atrevería a calificar de histórica

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2022 no le ha ido a la zaga, si Julian Alaphilippe sin arcoíris se dejaba querer por las cámaras, con él, ha sido el acabose.

Omnipresente en todo perfil de carreras y clásicas, buscando un día y otro el triunfo, ayudando al equipo puntualmente, pero muy hábil en buscar las cosquillas de los dos cocos de la primavera, Van Aert y Van der Poel.

La Strade fue un espejo de la realidad para el campeón del mundo, neerlandés y belga iban a ser huesos duros de roer, iniciando una batalla a tres, a veces con uno, a veces con otro, que nos ha dado parte de los mejores pasajes de la campaña.

Alaphilippe, lo dijimos el otro día, ha sido esta temporada un ejemplo de actitud, de picar piedra y, en definitiva, honrar el maillot arcoíris, intentándolo por un lado, por otro, lográndolo a veces, la inauguración del Tour fue antológica, y siendo derrotado otras muchas.

Pasadas 51 semanas desde Imola, poniendo el cetro en juego en Flandes, podemos decir que Julian ha sido un dignísimo portado de esta prenda, la ha exhibido y homenajeado cada vez que ha salido a competir y, aunque a veces nos carguen sus gestitos en carrera, ha sido un placer verle estos casi doce meses.

Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

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TWITTER

El otro día recordando con @gzlz11 el Tour 92 me di cuenta que hay cierto ciclismo que es muy complicado que un día volvamos a ver. Ciclismo de trisca diaria, de valientes, de uno en uno... no digo que el de ahora no me guste, pero el de entonces, ufff.

https://joanseguidor.com/tour-1992-ciclismo/

Cuando tanta gente se alegra de los títulos de Carlos Rodríguez y Raúl García Pierna no es casualidad.
Es fruto de un trabajo cimentado en la humildad, la calidad y motoraco a partes iguales.
Ya vuelan solos y muy alto....
#CEMallorca22

Que ¿por qué me gusta Romain Bardet?
Ciclista valiente
Tipo respetuso y deportivo
Cultivado que vale la pena escuchar

Ya no opta a ganar un Tour, pero siempre brilla, busca su hueco y algo nos da

Ganas de verle en el #TDF2022

https://joanseguidor.com/romain-bardet-tou-r2022/

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