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Opinión ciclista

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

Publicado

en

DT – 2022 post

Mov_Gore

Anotad en una libreta cuánta felicidad os regala la bicicleta y quizá os llevéis sorpresas

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Pensaréis qué preguntarnos ahora, y en este momento, si somos felices montando en bicicleta puede parecer una perogrullada, tan obvio como que ahora estamos leyendo estas líneas.

Pero si algo nos gusta este cuaderno es abrir la página a preguntar sobre alguno de los muchos caminos que llevan a esos destinos en los que el ciclismo y el turismo, unidos de la mano, seducen de tal manera que nos sumergen en ese estado de dicha, esa sensación única que experimentamos de bienestar y satisfacción al hacerlo con nuestro propio esfuerzo.

En una palabra: felicidad.

Pero no por elemental hemos de dejar de recapacitar que nosotros somos recuerdos, y que vivimos de ellos, por eso nuestros deseos van encaminados a que nuestras vivencias sean lo más gratas posible.

¿Acaso no somos felices cuando recordamos aquellas maravillosas vacaciones o aquel día tan inolvidable, aquella fecha tan señalada que quedará para siempre grabada en nuestra memoria?

Puede que aquellos momentos pasaran más rápido o más despacio, felices experiencias que evocamos muchas veces como fogonazos en nuestras mentes, como destellos de felicidad intentando revivir aquellas emociones.

Muchas veces no acertamos en ponernos en nuestra misma piel de aquel día para intentar sentir lo mismo y trasladarnos a aquel momento de felicidad.

No es lo mismo y por eso intentamos ser felices buscando siempre nuevas sensaciones.

La felicidad viene en bicicleta

En nuestro caso, los que montamos en bici, cicloturistas que vamos a la búsqueda de la felicidad en nuestras salidas cotidianas o extraordinarias…

¿Cuántas veces recordamos durante el año lo que disfrutamos sufriendo en aquel puerto tan duro o en aquella marcha tan épica?

Sin embargo, nos queda la extraña sensación de que aquello pasó muy rápido, que el disfrute sólo duró un instante, aunque quedó grabado en nuestra memoria, como consuelo de felicidad, el recuerdo de aquella jornada para poder decir: «lo hice, y el año que viene repito».

Pero sigamos escrutando en los misterios de la felicidad de la bicicleta.

Después de lo expuesto, parece claro que existen de dos tipos si la aplicamos, tal y como estamos haciendo, a nuestras experiencias encima de la bici.

Por un lado tendríamos la felicidad instantánea que nos produce el mero hecho de salir ahí afuera con nuestras bicicletas, y por otro, la memoria de la felicidad, que determinará, en términos generales, en qué grado de la escala del bienestar estamos.

Así, podríamos decir, que sólo encajando nuestras zapatillas en las calas ya somos felices.

Y esto dice mucho de nuestra pequeña reina.

Además, son tantos los momentos de felicidad que nos produce que los podríamos ir apuntando a cada instante.

Por poner algunos ejemplos: notar la brisa fresca en nuestra cara, sentirnos libres para ir adonde sea, el reencuentro con nuestra grupeta, los saludos de nuestros amigos, ponerse en marcha y sentir la velocidad, el ascenso a un gran puerto, compartir una ruta maravillosa, el reconfortante descenso, el almuerzo entre batallitas con los colegas, el retorno atravesando bellos paisajes, la satisfacción de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, cansados pero muy contentos…

¿Seguimos?

En efecto, son muchos los instantes de felicidad que nos produce el montar en bicicleta y podríamos poner en marcha un pequeño experimento: se trataría de ir apuntando en una libreta todas esas pequeñas y grandes dosis de felicidad que vivimos cuando salimos en bici.

Podemos hacer la prueba en un día en concreto, o en toda una semana o todo un mes, o por qué no, durante toda una temporada completa, anotando siempre nuestros sentimientos y emociones que experimentemos en todo momento.

De esta manera, si hacemos balance y les vamos poniendo notas a esas vivencias del 1 al 10, nos ajustaremos bastante a la realidad de cuán felices somos como respuesta a la pregunta de por qué disfrutamos tanto montando en bicicleta.

Una media sencilla por jornadas, durante el período elegido, nos daría una aproximación a nuestra nota de felicidad en bicicleta, que podría ser desde un sencillo aprobado (poco, no me lo creo), un bien o un notable (¡no está mal!), hasta un 9 ó 10 de puntuación (¡¿tanto?!) que reflejaría de manera muy clara si disfrutamos sufriendo o sufrimos disfrutando.

Es lo mismo.

Y también, ¿qué decir de la satisfacción que nos da ya no sólo el hecho de vivir una o varias experiencias en formas de montañas de felicidad, sino además el de poder explicarlas luego, ya no sólo a la familia, también a amigos o compañeros de trabajo?

Slow cycling

Eso también es felicidad, porque contándolas reviviremos esos momentos y, todo hay que decirlo, con un punto de anti-modestia, presumiremos de nuestras hazañas delante de ellos, pero sin llegar a ser globeros, por favor.

Llegados a este punto, podríamos proponeros un interesante juego para comprobar lo gratificante que es rellenar de buenos recuerdos nuestra memoria, si bien de nuevo os pueda parecer muy básica la idea, nos hará comprender de inmediato hasta qué punto vivimos de ellos.

La propuesta sería que pudierais elegir cualquier destino en el mundo, a placer, cualquier país, para disfrutarlo en bicicleta, ya sea en Pirineos, Alpes, Dolomitas o por qué no, los Andes y hasta el Himalaya, ascendiendo o descendiendo puertos, escalando o desescalando (término que parece se está poniendo de moda), ciclando por maravillosas rutas por Islandia, Escocia o Nueva Zelanda, por poner algunos ejemplos para hacernos la boca agua.

Lo tendríais todo pagado, durante quince días, viaje, estancia, comidas… sólo os preocuparíais de pedalear y ser felices.

Sólo os pondríamos una única condición, «sólo» una: disfrutaríais mucho, seríais muy dichosos, pero no podríais hacer ni una sola foto, ni a la vuelta contar nada a nadie, ni presumir en vuestras redes sociales de estas vacaciones, es más, como si se tratara de un botón automático, al llegar a casa no recordaríais nada de lo vivido, esta experiencia no quedaría grabada en vuestra memoria.

La pregunta es…

¿haríais igualmente este viaje?

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Ciclismo antiguo

Marino Lejarreta siempre viajó en la clase noble del Giro

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DT – 2022 post

En el Giro Marino Lejarreta hizo grande su historia

El marationano Marino Lejarreta, el bien llamado “junco de Berriz, ha sido una de las grandes personalidades del ciclismo español en el Giro de Italia. E

l ciclista vizcaíno firmó siete participaciones en la grande rosa y todas las concluyó entre los diez primeros.

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A esa benigna estadística, cabe añadirle que en cuatro de esas ediciones, Lejarreta concluyó las tres grandes el mismo año.

Su historia con Italia viene de dejos, del mismo momento que comprendió que allí podría tener una salida natural a su talento en una grande que le iba como anillo al dedo.

En ese tiempo conoció con monstruos como Saronni, Moser, Hinault, Roche y Visentini, entre otros.

 

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Era una prueba que me apetecía mucho conocer”.

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Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave –recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite. Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. No controlas la bici, te duelen las manos y nunca ves el final”.

Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. La batalla suele platearse al final, sobretodo cuando la televisión entra en directo”.

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Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. Estábamos a un kilómetro de meta y veía tanta gente montaña arriba que pensaba que habían subido más allá de meta”, para su desgracia el gentío se acaba en meta.

El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli. Lo mismo reconoce de Gianni Bugno, “ganó su Giro con una pierna” recuerda, y de Bernard Hinault.

Marino en el Giro

1983: 6º

1984 y 1987: 4º

1985 y 1991: 5º

1989: 10º

1990: 7º

Dos etapas ganadas

 

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Ciclismo antiguo

El casi pleno de Miguel Indurain en el Giro de Italia

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DT – 2022 post

Indurain en el Giro: dos victorias y una tercera plaza 

Sólo con esa estadística tan apabullante, uno toma conciencia de la naturalidad con la que ganaba el mejor ciclista español de la historia. Una naturalidad, sea dicho, no exenta de sufrimiento y obstáculos.

Indurain tuvo su estreno en el Giro en 1992, llegaba como ganador del Tour y un saco de incógnitas sobre sus opciones.

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Preparar su segundo asalto a la Grande Boucle era su único objetivo en Italia pero, ganó: “Llegué con la incertidumbre propia de quien llega a una carrera que no conoce. Todos me comentaban que era una carrera muy a la italiana, donde los italianos atacaban mucho. Mi idea era preparar el Tour, aunque si la carrera se ponía tiro no se podía desaprovechar. Una vez salvamos la primera parte nos dimos cuenta de que podríamos luchar por la victoria”.

Se vistió de rosa en Arezzo y reforzó su liderato un día después en la crono de Sansepolcro.

Reconoce que “no fue una victoria fácil por que en definitiva no dejas de ser un rival para todos los italianos”, pese a ello reconoce haberse sentido “muy bien acogido por el público.

En alguna ocasión se oía hablar de alianzas entre corredores italianos –sobretodo en su segundo Giro- pero al final cada uno fue a lo suyo”.

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Recuerda haberse sentido muy impresionado por los Dolomitas: “Son realmente impactantes por la cantidad de roca que se ve en las montañas y el gran ambiente que rodea la carrera. Son puertos que no tienen nada que envidiar a los del Tour”.

Un puerto, por encima del resto, es el más duro a su entender: el Mortirolo.

Pero no es el único: “El Stelvio no tiene tanto desnivel pero su longitud lo hace muy duro. La característica de las etapas de montaña del Giro es que los puertos se suceden casi sin descanso”.

Mortirolo y Stelvio son dos cimas que entraron en aquella fantástica jornada de ciclismo que fue la 15ª etapa del Giro de 1994 entre Merano y Aprica.

Un día extraordinario que hizo vivir a Miguel todos los estados del ciclismo, de la euforia del Mortirolo al calvario del Valico di Santa Cristina. Sobre aquel día ha sido peguntado mucho: “Fui muy bien, pero se me olvidó hidratarme y lo pagué caro”.

Indurain pasó de acariciar el rosa que vestía Berzin a despedirse de él, en espacio de media hora fruto de una tremenda pájara que sepultó sus opciones en el que podía haber sido su tercer Giro.

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Sobre lo que rodea a la carrera está totalmente de acuerdo con que nos contó Marino Lejarreta hace unos días: “Para Italia el Giro es una fiesta. En mi época veíamos pueblos enteros que dejaban de trabajar por ver la carrera. No obstante la gente no sólo vive el Giro, sino todo el calendario en general. Sea en el norte o sur, siempre hay mucho seguimiento”.

Miguel en el Giro

1992 y 1993: 1º

1994: 3º

Cuatro etapas

 

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Opinión ciclista

El Giro hizo muy bien saliendo de Hungría

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DT – 2022 post

El inicio del Giro de Hungría ha puesto otro país en el mapa de las grandes vueltas

Que el Giro, el Tour y la Vuelta de 2022 salgan, respectivamente, de Hungría, Dinamarca y Países Bajos es una noticia excelente por varios motivos.

El primero y principal, porque esto no deja de ser un negocio, es que las organizaciones se sacan una buena pasta para mejorar la calidad de sus eventos, hacerlos rentables y seguir adelante.

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Dijo Contador en Eurosport que se sacaron nueve kilos y medio de euros, bien por Vegni.

Pero no sólo eso, que el Giro salga de Hungría nos ha dado imágenes de un gran pelotón por una soberbia ciudad llamada Budapest, conjugando eso que tantas veces hemos dicho y que el ciclismo logra mejor que nadie: este deporte es perfecto para vender lugares.

También se ha llevado el gran ciclismo a un país con muy poca tradición, que yo sepa, ciclista, con una carrera, la Vuelta a Hungría que empieza al calor del Giro.

Eso es vender este deporte, es llevarlo fuera de sus límites naturales, demostrando que este circo es bienvenido por donde pise.

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Por todo lo dicho anteriormente, me decepciona el resultado de esta encuesta…

… pues no creo que el Giro pierda un ápice de su esencia por hacer un bolo en Hungría, al contrario, demuestra que es un evento querido fuera de Italia y que causa expectación.

Luego está la problemática que le significa a los corredores y equipos, que son muy conscientes que, en el fondo, tanta molestia les sale a cuenta, pues son los primeros interesados en estar en la caravana del Giro y que ésta tenga, por tanto, buena salud financiera.

Cómo se repartan la pasta que el Giro se lleva de Hungría es tema de ellos.

 

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Las salidas internacionales, incluso más allá de países colindantes, es un atractivo brutal para el ciclismo como deporte, que rinde visita unos días y vuelve al país de origen a jugarse lo gordo de la carrera.

Además, en un contexto de turismo cada vez más internacionalizado, vemos otros países y regiones promocionarse en las grandes vueltas: Italia lo ha hecho en la Vuelta, por ejemplo.

Es un caso concreto y puntual, pero hay otros incluso más llamativos, como la salida de la Vuelta a Polonia del Trentino, alineando el mensaje de que al Papá Juan Pablo le gustaba mucho la zona.

Siempre se han hecho salidas internacionales, que últimamente se hagan más responde a la necesidad de llevar la facturación a otro nivel.

Pero incluso diría otra, que la salida de la Vuelta sea de Utrech o la del Tour de Copenhague, como la del Giro desde Budapest, tras el año de pandemia y, por tanto, un retraso en las salidas, hace de cada evento una fiesta, un perfecto maridaje de ciclismo, cultura y países, que al fin y al cabo es de lo que se trata en estas cosas.

Imagen: FB de Giro d´Italia

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Opinión ciclista

Tres cosas que me faltan en esta Volta

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DT – 2022 post

La Volta sigue con el mismo esquema desde hace demasiado tiempo

Escribo estas líneas sobre la Volta, mientras veo el serpenteo y el peligro de la carrera hacia Perpinyà, en una jornada que no pasará a la historia por ser decisiva, pero que nos ha dejado bonitas imágenes y principalmente ha salido un poco del molde que la carrera se ha impuesto en los últimos años.

Y es que la Volta no llegaba a Pepinyà desde los años cincuenta

En todo caso. y no es la primera vez que lo decimos, la Volta a Catalunya ha granjeado un esquema férreo que, con el paso de los años, sigue vigente y repitiéndose, omitiendo a mi juicio etapas bonitas y parajes abrumadores para el ciclismo.

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Otro año nos hemos vuelto a quedar sin contrarreloj, que en medio de la carrera, como el año pasado en Banyoles, implica un muy buen test para los favoritos y obliga a gestionar muy bien las fuerzas ante la gran montaña.

El año pasado individual, hace cinco, por equipos, fueron las dos últimas cronos de la Volta.

La inclusión de las llegadas en alto en miércoles y jueves sigue vigente por el convenio con las estaciones de Ferrocarrils, viendo pasar en carrusel las llegadas en alto vinculadas a la empresa pública, esta vez tocan La Molina y Boi Taull.

No tenemos nada contra estas llegadas, al contrario, lo de Boi es para que se te vaya la olla en ese paraje de Pirineos y románico, a ver qué tiempo dan para el jueves, pero el esquema se repite en círculos, con sendas llegadas en alto seguidas desde hace tiempo.

Lejos queda aquella llegada a mitad del Mont Caró, en Terres de l´ Ebre, donde ganara Valverde por delante de Contador y Froome.

Y es que las aproximaciones a Molina y Boi impiden encadenados atractivos de montaña, sin obviar que por el camino se dejan zonas tremendas para la práctica del ciclismo como cualquier rincón que busquemos en comarcas como Osona, los Pallars o el mismo Berguedà, del que Sepp Kuss habla maravillas.

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La omisión de otros territorios, como el propio de Terres de l´ Ebre o el corazón del Penedès –¿por qué no hacer una etapa que pase entre viñas por algo de sterrato?-, se suma a todo lo que hemos dicho anteriormente.

Hay una etapa, la del sábado que pisa un territorio que quiere más ciclistas por sus rutas, como es la Costa Daurada, que pone todas las montañas de Prades, incluida la emblemática Mussara al principio, dejando un final hacia Cambrils que ajeno a otras opciones.

Entiendo, porque lo sé de primera tinta, lo complicado que es organizar la Volta, las necesidades que la organización tiene y demás, pero creo que otra carrera es posible, fuera de este margen que se ha impuesto, hablo de la misma carrera que ha llevado la Volta por sitios guapísimos, pues si una cosa tiene esta tierra son escenarios ciclistas.

Ya sé que uno no siempre puede hacer el recorrido que quiere, pero sí al menos uno algo diferente cada año.

Imagen: Volta Ciclista a Catalunya / Namuss Films

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TWITTER

El otro día recordando con @gzlz11 el Tour 92 me di cuenta que hay cierto ciclismo que es muy complicado que un día volvamos a ver. Ciclismo de trisca diaria, de valientes, de uno en uno... no digo que el de ahora no me guste, pero el de entonces, ufff.

https://joanseguidor.com/tour-1992-ciclismo/

Cuando tanta gente se alegra de los títulos de Carlos Rodríguez y Raúl García Pierna no es casualidad.
Es fruto de un trabajo cimentado en la humildad, la calidad y motoraco a partes iguales.
Ya vuelan solos y muy alto....
#CEMallorca22

Que ¿por qué me gusta Romain Bardet?
Ciclista valiente
Tipo respetuso y deportivo
Cultivado que vale la pena escuchar

Ya no opta a ganar un Tour, pero siempre brilla, busca su hueco y algo nos da

Ganas de verle en el #TDF2022

https://joanseguidor.com/romain-bardet-tou-r2022/

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