Ciclismo
Evenepoel & Vingegaard: Ciclismo de superciclistas en la Volta
Lo de Evenepoel y Vingegaard en la Volta ya no debería sorprendernos
La Volta a Catalunya en Vila-seca va a ser recordada por la cabalgada imposible con final ciego de Remco Evenepoel y Jonas Vingegaard.
Estamos ante el ciclismo de los superhombres, una dimensión paralela donde un grupito de elegidos no es que camine por delante del resto, es que parece habitar un plano físico dos o tres niveles por encima del pelotón de los mortales.
Como digo lo vimos camino de Vila-seca, en una jornada que serpenteó por el precioso Priorat y que terminó rescatando fantasmas de un pasado no tan lejano.
Dorian Godon se llevó el gato al agua, confirmando que esta edición sonríe a los ciclistas rápidos y con bigote, pero la verdadera sustancia de la etapa se cocinó en esa cabalgada que nos trajo a la memoria, de forma casi inevitable, aquella tarde de sterrato en el Tour de Francia de 2024.
En aquella ocasión, Jonas Vingegaard se soldó a la rueda de Remco Evenepoel y Tadej Pogacar, pero con una actitud pasiva, negándose a entrar a saco en los relevos, una imagen que generó ríos de tinta sobre la táctica y el conservadurismo.
Esta vez la historia tuvo un eco similar pero con sólo danés y belga.
Evenepoel decidió que el llano era su Tourmalet particular.
En una recta interminable, el belga reventó el grupo como si estuviera subiendo una pared, con un ritmo que solo Vingegaard fue capaz de amortiguar.
El danés recortó la distancia, le cogió la rueda y desde ahí se proyectaron juntos hacia el cielo, o al menos hacia esa frontera donde el ciclismo deja de ser un deporte de equipo para convertirse en un duelo de fuerza pura.
La exhibición fue de tal calibre que dejó en evidencia la brecha abismal que separa a las estrellas del firmamento de los gregarios de lujo.
Sin embargo, el drama siempre acecha a Remco.
Su caída a menos de un kilómetro de la meta dejó un sabor agridulce y una nube de dudas.
Las imágenes desde el helicóptero no permiten descifrar con nitidez qué sucedió exactamente en ese instante fatídico, y el propio Vingegaard parecía incapaz de explicar la maniobra en caliente.
Tendremos que esperar a las declaraciones oficiales o a la versión del propio belga para entender si fue un error de trazada, un problema mecánico o simplemente la fatalidad que persigue a quien siempre corre al filo de lo imposible.
Es la paradoja de estos tiempos: la omnipotencia física convive con la fragilidad más absoluta en el último suspiro de la etapa.






