Ciclismo
Es imposible no querer a Matej Mohoric
El año de Mohoric deja perlas dentro y fuera de la carretera
Admito que la cuarta plaza de Valverde en el Mundial de gravel nos ha dejado tan impactados que, como en otros muchos sitios, no hemos reparado, casi, en la victoria de Matej Mohoric.
El esloveno era un favorito per se y su triunfo entraba dentro de lo posible, más con su manejo de la bicicleta y el motor que tiene el bicharraco.
Ese maillot arcoíris posiblemente ahora no tenga un valor excesivo más allá de la foto, pero dadle tiempo al gravel y a su evolución, porque estos que están siendo campeones ahora serán las leyendas que pusieron las primeras piedras en unos años.
Para Mohoric, el irisado es la guinda a un temporada en la que no pudo revalidar su triunfo en San Remo pero que ha conseguido crecer en otros frentes, como el de ganar una general en la Vuelta a Polonia, además de firmar otra etapita en el Tour.
Ya sabéis cómo han sido algunas etapas del pasado Tour, ásperas, agresivas, muy veloces y espectaculares, como la del esloveno, como la de Pello Bilbao como la del mismo Kasper Asgreen, el rival que tuvo Mohoric en el Tour.
Las tardes de julio de 2023 han sido intensas gracias a esta gente.
Pero Mohoric se ganó nuestro cariño y admiración por lo que hizo ante las cámaras acto seguido de su triunfo de etapa en el Tour, por las declaraciones que soltó entre lágrimas y emoción y que hoy quiero devolver a este mal anillado cuaderno.
Las mismas en las que dejó al descubierto el enorme, monstruoso sacrificio que realizan estos héroes rodeados de personas que se acuestan tarde y se levantan temprano para que todo esté al 110% en el circo del ciclismo.
Una dureza que se vuelve insoportable cuando un compañero como Gino Mader cae en la ruta y nunca más vuelve.
Si las tenéis a mano volvedlas a escuchar, esas palabras de Mohoric son humanidad pura y dura en un deporte que no espera a nadie.




