Ciclismo
El segundo Giro de Nibali fue “darwinismo” puro y duro
El final del Giro 2016 es la obra cumbre de Nibali
Hay una carrera en los tiempos recientes que explica lo que es resilencia, no morir nunca, no bajar los brazos, no renunciar: sí es el Giro 2016, el segundo Giro de Vincenzo Nibali.
En los revivals de la corsa rosa que Eurosport nos sirve estos días, hemos revivido la recta final de aquella edición, la recta final más descacharrante que hemos tenido la suerte de vivir y recordar de estos tiempos que muchos tildamos de aburridos.
Pero el plomo de los tiempos presentes, tiene contrapesos, y a veces llegan como quien no lo espera ni lo prevé.
El saldo, a 48 horas de llegar a Turín, porque aquella edición moría en el ombligo piamontés, era de Nibali más allá de los cuatro minutos de un líder frío, duro, sólido, sin fisuras llamado Steven Kruijswijk.
Cuatro minutos largos y Esteban Chaves, en su mejor versión, por medio.
Esa era la foto que separaba a Nibali de su segundo Giro, nada que ver con el primero que ganó por KO de los rivales, rotos por el siciliano y las temperaturas extremas.
Como diría Charles Darwin “no es mejor aquel que es más fuerte y sí quien se adapta al medio” y Nibali en la adversidad es un ciclista sublime
La cosa empezó en el Agnelo, con el llorado Scarponi por delante, y el propio siciliano descolgado una vez se adivinaba la cima, allá arriba.
Chaves tiraba del líder y Alejandro Valverde, hasta que Nibali surge de atrás y empieza a acelerar el ritmo.
No era violento, era machacón, constante, convencido del objetivo.
Quizá entonces no lo supiera, quizá trabajara para desplazar del podio a Valverde, pero Nibali estaba cimentando su segundo Giro.
Kruijswijk no cejaba no pestañeaba, era una roca, encajaba los golpes con una natural superioridad aparente que sólo él, en su seno, podría sentir resquebrajarse.
Esos cambios fueron el caldo de cultivo, luego vino el descenso, largo, larguísmo, con neveras de metros de nieve a los lados: toda la fortaleza del líder neerlandés se heló con el paisaje.
Y así acabó estampado en aquella pared, para desencadenar el desastre.
Entonces empezó el baile, Scarponi espera a Nibali, Rubén Plaza a Chaves, los huecos se abren, el líder se hunde, Valverde comprueba que la exactitud suiza de Astana y Orica no se da en su equipo…
Aquel Giro de Movistar fue memorable.
Nibali deja a Chaves y gana en Risoul
El colombiano es maglia rosa pero en insuficiente, al día siguiente entre Francia e Italia, en Nibali le remonta para ganar su segundo Giro.
Una etapa memorable, un fin de carrera increíble, el motivo que hace de Nibali el ciclista más admirado de su generación, porque sin ser más fuerte, en el mano a mano que Contador, Froome, Nairo y otros se ha granjeado un palmarés de culto que firma él, sólo él.
Este año optará, esperemos que sí al tercer Giro, entretanto poneros aquellos días como asidero al que agarrarse en este presente tan lamentable que nos ha tocado padecer.



