Ciclismo
El problema del Giro es el de las grandes vueltas en general
Las grandes vueltas deben reformularse en la era de las redes sociales
Digo yo que en Nápoles debe de haber sitios más bonitos que los alrededores de la terminal de cruceros a tres kilómetros de la meta. Más aún en estos tiempos de redes sociales, clips, Instagram y emociones fuertes, intensas y comprimidas. El ciclismo no escapa a eso. Ni el ciclismo ni, sobre todo, las grandes vueltas. Hoy hablamos del Giro.
Más allá de que el recorrido es claramente mejorable —con una primera semana planteada casi como una secuencia de sprints (que también tienen su lugar, ojo)—, lo cierto es que la correlación de fuerzas ha cambiado.
Hoy, una simple llovizna, fina pero traicionera, provoca una caída y el pelotón condiciona una decisión que afecta al desarrollo de la carrera.
El organizador lo acepta y anuncia que no se tomarán tiempos en meta, que el riesgo es evidente y que todos pueden rodar hasta el final sin jugarse nada.
No hubo toma de tiempos en Nápoles, tierra de buenas pizzas y lluvia resbaladiza, para proteger a los favoritos de la general. Pero, al mismo tiempo, se dejó vía libre a los velocistas, como si fueran un mundo aparte.
Como ocurrió hace dos años en Montjuïc, en la Vuelta, cuando los capos se mantuvieron a resguardo mientras otros se jugaban la etapa.
Es un ciclismo de dos velocidades, sí. Pero también es el ciclismo que quiere el organizador, que sigue creyendo que mientras más conserve a los favoritos, más protege el valor de su carrera. Aunque eso implique tener que digerir etapas como esta.
No me atrevo a juzgar la peligrosidad del recorrido en Nápoles —no estaba allí—, y tampoco creo que los ciclistas quieran caerse.
Al fin y al cabo, los primeros perjudicados son ellos.
Pero esto se ha vuelto el pan de cada día. La historia de nunca acabar. Si ya sabemos lo que va a pasar, ¿por qué nos seguimos sorprendiendo?
Es lo que hay.
El ciclismo, en mi opinión —y aquí coincido con Javier Ares—, es mejor que el de antes. Y la seguridad forma parte del paquete. Yo no vendo nada, no trabajo para el Giro, pero esto ya lo hemos vivido antes. Un déjà vu.
Y luego están las grandes vueltas, enfrentadas a la intensidad que exige el público.
No se puede tener espectáculo todos los días, es imposible. Por eso las clásicas ganan expectación. Y por eso las grandes vueltas deben repensarse: buscar fórmulas para que la llama no se apague.
Lo que necesitan es pura alquimia.
¿Sabrán hacerlo? Si el ciclismo ha evolucionado tanto y tan bien, deberían ser capaces de encontrar el modo de mezclar la emoción diaria con el fondo y el ritmo lento de las tres semanas.
Imagen: FB Giro d´Italia







