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Ciclistas

Harelbeke y Deceuninck, ciclismo de videojuegos

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Tuvalum

El Deceuninck de Harelbeke debería estudiarse en los coles de ciclismo

Cuando hace tres semanas Mathieu Van der Poel logró adjudicarse por aplastamiento la Strade Bianche, concluimos que aquel éxito no era algo puntual, era una OPA al la primavera en su conjunto, pero que también sus rivales, en especial el Deceuninck, iban a esbozar planes para que ese paseo que intuíamos no fuera tal: pues bien, en Harelbeke lo vimos.

Horas después de una carrera memorable, otra más esta campaña, no nos equivocamos si decimos que Harelbeke ha sido una de las mejores lecciones de ciclismo coral que hemos visto en los tiempos recientes.

Sabíamos que la manada, término muy desafortunado en España, no iba a soltar la pieza, pero el concierto que los azules nos dieron nos dejó el mejor sabor de boca posible.

Harelbeke no era una carrera extraña en las huestes de Deceuninck…

Se da la circunstancia que en las tres ediciones citadas en este tweet, Deceuninck, Quick Step en 2018, no tenía un capo del tipo a Tom Boonen, retirado el año anterior.

Philippe Gilbert podría ser considerado capo, pero nunca al nivel de Tom por no haber ejercido tiranía en los adoquines hasta que ganara Flandes y Roubaix en años consecutivos.

Con esa premisa, sin Julian Alaphilippe en la salida, Lefevere, con Tom Steels y Wilfried Peeters a los mandos, no escatimó.

Se pusieron manos a la obra a ochenta de meta, reventando el grupo y aislando a los dos cocos: Van Aert y Van der Poel.

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Ambos astros supieron de primera mano lo que implica correr con un azul echándote el aliento.

Un juego de marcaje que tuvo dos claves, mayoritaria presencia en el grupo importante, los cuatro que debían estar, Stybar, uno a la espalda, Asgreen, Lampaert y Sénéchal, y el movimiento de Kasper Asgreen, un trotón de los de verdad, un portento rodando y gestionando ventajas exiguas, lo máximo un minuto durante cincuenta kilómetros.

Asgreen fue todo, delante y delante, como el «conejito de Duracell», sabedor que por detrás no iban a fallarle.

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Cada arrancada de Van Aert y especialmente Van der Poel era secada por un azul, como si alguien estuviera con el joystick desde el coche.

Incluso cuando la cabezonería de Van der Poel devolvió a Asgreen al grupo, Deceuninck seguía teniendo la llave de Harelbeke.

Pusieron al danés en la sala de recuperación, a retomar las sensaciones y el punch, incluso como gestos de Stybar como el que describimos en su momento…

Matemática pura, Kasper Asgreen atacaba para ganar ante el desborde de Van der Poel y la miopía de Naessen-Van Avermaet con Florian Sénéchal para cerrar el 1-2 de Deceuninck, otra vez en Harelbeke.

Aquello fue Playstation en Flandes, por Kwaremont, Paterberg y alrededores, pero también una clase de motivación de grupo como pocas se pueden ver en directo con cobertura mediática.

Quien venga a Deceuninck sabe que quizá ganaría más en otros equipos, pero sin embargo podrá ponerse un dorsal con la certeza que un día por ti otro por mí, que donde las dan las toman, que aquí, todos acaban teniendo chance.

Fotos: © Deceuninck – Quick-Step – ©Luc Claessen / Getty Images

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