Ciclismo
Cambio climático y ciclismo
El ciclismo es movilidad sostenible y salud ante el cambio climático
Curiosamente, la última portada de la mítica ProCycling fue sobre los efectos del cambio climático en el ciclismo y me llama la atención lo poco que hablamos del mismo.
Porque el deporte no es solo competir, pedalear, ganar o pelear en la cancha. Es mucho más.
Forma parte de la cultura, refleja ideas políticas y sociales, y a la vez puede ser una herramienta de educación, inclusión y bienestar. Incluso tiene una cara ecológica: conecta directamente a las personas con la naturaleza y el entorno.
Hemos escuchado un buen ejemplo de esto en lo que comenta Ferdinando Cotugno en su podcast Areale, donde habla del cambio climático y de cómo afecta al deporte.
Según él, el deporte es a la vez víctima y responsable de la crisis climática. ¿Por qué? Porque por un lado sufre los efectos del calor extremo, la falta de nieve o la necesidad de parar partidos por las altas temperaturas; pero, por otro, también contamina.
Las emisiones del mundo deportivo rondan el 1% del total mundial, y vienen sobre todo de los viajes, de los estadios y de todo lo que se produce alrededor: material, camisetas, merchandising, etc.
El ciclismo es un caso curioso: quiere presentarse como deporte ecológico, pero arrastra contradicciones. Se están probando medidas como juntar carreras en la misma zona para reducir traslados o evitar que los ciclistas tiren bidones en la naturaleza.
Además, para enganchar a la gente joven, el ciclismo tendrá que ligar su imagen a la movilidad sostenible y a la salud, más que a la épica del sufrimiento que funcionaba en el pasado.
Cotugno también destaca algo clave: el deporte puede ser el lugar donde la sociedad tome verdadera conciencia del cambio climático.
Tiene un enorme poder simbólico y llega a millones de personas. Un dato lo resume bien: en EE. UU. solo el 20% sigue la ciencia, pero el 80% sigue el deporte.
Si un atleta habla, mucha más gente lo escucha.
Por eso, los próximos grandes eventos, como el Mundial de fútbol de 2026 en EE. UU., México y Canadá, podrían convertirse en un escaparate mundial para hablar de la crisis climática.
Allí, en un país donde todavía existe mucho negacionismo, el calor extremo podría obligar a abrir debates que van más allá del balón.
En el fondo, el deporte debería recuperar su papel más humano: ser un puente entre nosotros y la naturaleza.
No tratar el entorno solo como un estadio o un decorado, sino como un espacio vital que nos recuerda que formamos parte de él.
Recordáis lo que dijimos de la Bola del Mundo, de cómo quedaron Angliru y Arrate, entre otras, tras sendas carreras, pues eso…
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters






