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Tour: Cuando Chente mojó los fuegos de la “Fête Nationale”
La etapa que ganó Chente García en el Tour salió de la fuga de la fuga
Firma el genial Javier de Dalmasaes en su inicio de la crónica del 15 de julio de 2000 que Chente había echado agua sobre la mecha de los fuegos de la Fiesta Nacional evitando el triunfo francés en el Tour.
No recuerdo muchas victorias españolas en una jornada tan marcada al otro lado de los Pirineos, pero sí ésta de Chente, destacando todo lo que muchas veces habíamos dicho de él, que era un rodador excelso, un tío que llevaba el sufrimiento a otro nivel y que de haber aterrizado en otro equipo, a saber qué suerte habría corrido en las clásicas.
Una reflexión que ya hicimos cuando Oier Lazkano quedó segundo en una clásica flamenca.
En todo caso aquel 14 de julio de 2000 llegaba en un momento dulce para el ciclismo español
Destacaban en la general gente como Joseba Beloki o Paco Mancebo, subiendo hasta cinco los españoles en un top ten dominado con mano de hierro por Lance Armstrong, el ciclista que nunca ganó siete veces el Tour.
A todo ello, se añadieron las dos etapas firmadas por hispanos, la crono por equipos de la ONCE y la cima de Hautacam de la mano de Javier Otxoa, a su vez rey de la montaña unos días.
Aquella etapa llegó en plena resaca del triunfo de Marco Pantani en el Ventoux, en un desenlace que cabreó al italiano por el inusitado regalo de Amstrong.
Eran unos 185 kilómetros desde el corazón provenzal, Aviñón, hasta Drauguinan, 185 kilómetros de terreno pestoso y cálido, típico de la segunda semana de Tour.
A menos de 120 de meta, un grupo de trece se distanció del resto.
Gente de calidad, gente Tour en la fuga, entre otros el velocista cabezón Robbie McEwen, Frankie Andreu, Nicolas Jalabert y el estiloso Pascal Hervé.
Aquello se resolvería como mandan los cánones, como diría Chente: Con la fuga de la fuga.
Y así fue, Nico Jalabert y Pascal Hervé, junto a Chente García, salieron como flechas a defender el honor patrio en el Tour de Francia.
El pequeño de los Jalabert buscó el corte dos veces, pero fue a trece de meta que Chente inició la conquista de su etapa del Tour.
Un par de años antes Erik Dekker y sobretodo Daniele Nardello le habían privado del éxito que esta vez no se escaparía.
Chente sacó ese rodar sólido, bruto, irreverente, con su gesto torcido, sin casco ni corra, con mirada clavada y objetivo claro: ganar su etapa en el Tour.
Lo logró para alimentar esa creencia que siempre tuve, más allá del excelente gregario y hombre de equipo que resultó ser, Chente podría haber sido un ganador más asiduo.
Imagen: Relevo





