Ciclismo de carretera
Cuatro descensos que nunca olvidaré
Los descensos han tomado gran protagonismo en el ciclismo actual
Eso que decían los antiguos que las carreras no sólo se ganan subiendo, también bajando, iba cargado de razón: en los descensos está muchas veces la clave.
Lo digo desde la óptica de la total envidia de quienes saben bajar rápido y seguro, es decir todo lo contrario que un servidor, quien se hace pequeñito cuando una bajada se revira.
Dicho esto, la bajada de Mohoric en el Poggio sigue dando que hablar, bueno su bajada y lo de la tija y lo que ésta influyó.
Se sigue hablando tanto, que hasta la marca de bicicletas del esloveno se ha venido arriba y ha sacado punta a su “hazaña”, tienen que venderlo bien, pues no hay mejor embajador que un ciclista dejando a todos boquiabiertos en competición.
Nos lo preguntamos el otro día ¿habrá imitadores de Mohoric dentro y fuera del ciclismo profesional?
Sea como fuere, está claro que cada uno tilda un descenso con los calificativos que le vienen en gana, leo y escucho a muchos decir que el descenso de Mohoric fue histórico, y lo fue, por cuanto le valió una San Remo, que no es cosa pequeña.
Yo sin embargo, guardo cuatro descensos concretos que siempre saco a volar cuando este tema forma parte de la charleta.
El primero no lo vi en directo, pero me lo han contado muchas veces, fue en la Milán-San Remo de 1992, la de hace treinta años, cuando Sean Kelly dejó en nada el ataque demoledor de Moreno Argentin en el Poggio.
El descenso del irlandés ese día mató las ilusiones del italiano, ojo de quiénes estamos hablando, que en el mano a mano en Vía Roma, nunca podía ganar al bueno de Sean.
Al año siguiente, 1993, todos recordamos la maniobra magistral de Miguel Indurain en el Tourmalet, cuando recortó algo menos de un minuto a Tony Rominger, tras atacar el suizo cerca de la cima.
El Tourmalet fue terreno abonado para las gestas “bajadoras” de Indurain, pues dos años antes había iniciado su cabalgada a Val Louron en ese mismo sitio, aunque por la cara opuesta al día de Rominger.
Entre los descensos que siempre recuerdo, uno que casi vale un Giro fue el de David Arroyo en el Mortirolo en la increíble edición de 2010.
Con un torpe Ivan Basso por delante, casi llevado de la mano por Vincenzo Nibali, Arroyo, todo en rosa, casi enjuaga en el descenso todo lo perdido en la subida y encara la recta final, hacia Aprica con los mejores.
Le faltó muy poco por enlazar, aquel día le llovieron las críticas a Carlos Sastre por no echarle un cable al talaverano.
El cuarto descenso viene de mano de Peter Sagan, que tiene unos cuantos en el repertorio, pero pocos tan aclamados como el que se marcó camino de Gap en el Tour de 2015.
Con Rubén Plaza casi seguro ganador de la etapa, Sagan descolgó a sus compañeros de persecución en una bajada tremenda.
No ganó aquella etapa, pero su bajada creo que es más recordada que el nombre del ganador de la misma.
Y es que el descenso siempre ha jugado un papel determinante en las carreras, no por ser la “parte fácil” de la etapa deja tener su peso, como aquellos años en los que los menudos escaladores se dejaban toda la renta de las subidas en la posterior bajada.
Hoy se potencian mucho las llegadas en bajada, para complicar todo un poco más, y que los que no son duchos bajando -desde Richie Porte a Remco Evenepoel o el pobre Ilnur Zakarin- queden retratados.
Por cierto que en mi galería de bajadores meto a Paolo Savoldelli, Dimitri Konyshev, Eduardo Chozas y Vincenzo Nibali, éste último una maravilla verle negociar curvas.
Imagen: Merida Bikes




