Ciclismo
Vuelta: ¿Qué ciclista habría sido Jay Vine sin tantas caídas?
En Andorra Jay Vine encontró otro éxito que le debe compensar tantas penurias
Impresiona pensar en el ciclista que sería Jay Vine sin tantas caídas.
El australiano es un tipo que siempre cae bien: simpático, afable, con ese bigote carismático y una sonrisa que hace que te lo imagines tomando unas cañas contigo.
Pero detrás de esa buena vibra hay una historia marcada por golpes, caídas feas y regresos que rozan lo imposible. Solo por seguir ahí, ya merece todo lo bueno que le pase.
El año pasado, en Burgos, ya lo vimos feliz en la entrevista después de su victoria, transmitiendo esa sensación de que estaba otra vez de vuelta.
No era la primera ni sería la última. Jay es, sin quererlo, un coleccionista de caídas.
Aquella Itzulia, por ejemplo, donde se fue al suelo con otros nombres grandes, le costó media temporada.
Y no fue la única: ha tenido percances muy serios, otros que podrían haber acabado muy mal, y muchos más en los que, milagrosamente, salió medio entero.
Aun así, nunca se rinde.
En la Vuelta de hace cuatro años ya nos ganó el corazón, llegando desde Zwift, debutante y con el cuerpo hecho polvo tras otro accidente, pero luchando hasta el final en Villuercas.
Esa imagen de ciclista sufrido, simpático y con un motor enorme es la que hace que la gente le tenga tanto cariño.
Matxin lo dijo claro cuando le preguntaron por un motor por explotar en UAE: “Jay Vine”.
Y vaya si tenía razón. Porque lo que hizo en Burgos fue grande, pero lo de esta Vuelta lo confirma: hoy en Andorra volvió a levantar los brazos, atacando en La Comella y dedicando el triunfo a su hijo Harrison.
Una victoria que además se une a las dos que ya logró en la Vuelta 2022, demostrando que lo suyo no es casualidad.
Y es que lo bonito de Jay no es solo verle ganar, es verle volver.
Cada vez que se recompone y sonríe, nos recuerda por qué merece que le vaya bien.
Jay Vine no es solo un ciclista fuerte, es un ejemplo de resiliencia. Por eso, cada vez que cruza la meta primero, sabe a justicia: el premio para alguien que, después de besar tantas veces el suelo, se levanta y vuelve a volar.
Imagen: Unipublic / Cxcling / Antonio Baixauli





