Ciclismo
Van Baarle en Roubaix, una victoria que sabe bien
Van Baarle es ese tipo de ciclista que merecía una Roubaix
La historia de otra excepcional edición de Roubaix nos ha dado la victoria de uno de los nuestros, de un ciclista que se hace querer y queremos como Dylan Van Baarle.
Gregario top, valioso para sus jefes, con habilidades conocidas y motor testado, un ciclista mayúsculo, que veía los años pasar, mientras un tercero se llevaba la gloria.
Lo bueno del ciclismo es que, incluso a ciertas edades, la gloria no te está vedada, tienes opción de recuperar el tiempo perdido y la fe entregada.
Sucedió con Dylan Van Baarle, pero si una cosa tiene el camino de Roubaix es acordarse de ciclistas que merecieron lo mejor en su tiempo pero para los que nunca fue tarde.
Dylan Van Baarle entra en ese perfil, creo que estamos de acuerdo, mil veces poniendo talento, muy bien pagado, en favor de otros, un ciclista mayúsculo, hecho para estas carreras: ancho, algo y angulado, muy elegante, una maravilla sobre la máquina.
Y así se ha hecho, en una París-Roubaix de polvo y ambiente seco, corrida a mil por hora, en la que un equipo, el Ineos, ha tenido la llave del triunfo.
Porque mirar la victoria de Van Baarle en clave de individualidad sería una error
El neerlandés fue la punta de lanza de una maquinaria engrasada ye efectiva que jugó a ganar la primera Paris-Roubaix de su historia.
Desde aquellas ediciones en las que Flecha le puso por primera ver en el podio, hace más de diez años, a las que compitieron a full, pero sin suerte, recuerdo aquella de la caída de Moscon y Rowe, cuando marchaban como tiros hacia el grupo de Hayman y Boonen.
Pero a este Ineos todo le sale bien, y no es por casualidad, una máquina de matar en la que todo lo que se les cruza les vale.
Van Baarle pone guinda a una racha brutal, que encadena varias carreras del World Tour del nivel de Itzulia, Amstel y Roubaix.
Pueden parecer pruebas muy diferentes entre sí, pero el elemento común es la camiseta que viste el ganador.
Ineos propuso de inicio y durante toda la carrera y el premio que se han llevado es el merecido.
Desde los abanicos en el tramo inicial, a más de doscientos de meta, a la omnipresencia en grupos en los que los grandes iban ya solos, con Turner, con Ganna, con el mismo Van Baarle,.
Eso, en esas circunstancias, es oro.
Eso, si se le añade la suerte, lo es todo, porque creo que no pocos llegamos a pensar que ese Mohoric olía a esloveno triunfando en el velódromo más célebre de mundo.
Ineos ha logrado aunar todo y lo ha hecho sobre las espaldas, no olvidemos, del actual subcampeón del mundo y segundo en Flandes.
Eso es Dylan Van Baarle, resultados, clase y efectividad de movimientos, pues a todo lo dicho se le unen las fuerzas: Roubaix la puedes ganar sin ser el mejor, pero no la hueles si no estás bien.
Van Baarle entra en la historia de esos ciclistas que tuvieron su momento de gloria en el infierno, tras tanto dado por otros, tras tantos sacrificios.
Van Baarle gana por Lampaert, tirado al suelo por un imbécil, por Stuyven, por Hoste, por Flecha y otros tantos que lo merecieron tanto como él, pero que nunca lo consiguieron.
Se lo mereció, pero exactamente igual que otros, como mi querido Van Aert que sí, tendrá que seguir esperando…
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet





