Ciclismo
El trenecito del Jumbo ha mejorado el del Team Sky
La apuesta agresiva del Jumbo nunca la vimos en el Team Sky
En la historia del ciclismo, todos tenemos alienaciones de leyenda en la mente, y no hace falta irse muy lejos, pues hace nada teníamos el trenecito infame, pero efectivo, del Team Sky siendola comidilla ciclista como hoy es el ocho que Jumbo ha juntado para este Tour.
Y es que, como dijimos tras la etapa del Galibier, pero también en otros momentos, como en Calais, o la etapa que gana Laporte o la misma crono final, el gran mérito del Jumbo Visma ha sido reunir un superequipo, lleno de talento y grandes nombres que se ha dedicado a proponer ciclismo, dar espectáculo e ir a por la carrera.
Estábamos acostumbrados a equipazos hechos para defender, no para lo contrario
Hace tres o cuatro años, el Tour de Francia era esa gran carrera, la más importante, con la que cabía tragar cada mes de julio.
Tras una primavera excelsa y un Giro que resultón casi siempre, el Tour se había convertido en lo que un día Jorge Quintana nos describió como el velódromo de los ingleses.
Con un cálculo brutal sobre cada situación y un control exagerado, el Team Sky convirtió la mejor carrera del mundo en su coto privado, con siete victorias, de las que recordamos, con fidelidad, el paso de puertos y puertos al tratrán que marcaban los Landa, Castroviejo, Rogers, Porte y Poels, entre otros muchos.
Jumbo de hecho quiso ser el Team Sky en su adolescencia, lo imitó casi a la perfección con una alienación de vértigo hace dos años.
Les salió mal, y me alegré, no por Roglic, tipo que me cae genial y sí por la estrategia de brutón del espectáculo que nos habían practicado.
Pero las cosas han cambiado.
En los últimos 2-3 años, ha aparecido un sonriente esloveno que camina como un rodillo hacia la historia del ciclismo.
A diferencia de Team Sky con Froome, quien se medía con rivales que el británico, a pelo, batía, el Jumbo se ha cruzado con Tadej Pogacar.
Al citado esloveno sólo se le puede combatir en plan avispero, atizando por varios sitios y haciendo valer la superioridad numérica.
Eso hicieron desde el minuto uno en el Tour, con ejercicios de intimidación culminados por Jonas Vingegaard.
El concierto del Galibier queda entre los momentos más memorables de siempre, momentos en los que los neerlandeses hicieron todo aquello que siempre le pedimos a un equipo así, que ya que aglutinan tanta calidad no sólo gane, que se luzcan.
Y eso han hecho, con un ejercicio colectivo e individual que habla muy bien del trabajo realizado, con una complicidad entre ellos, de puertas hacia afuera, envidiable y un resultado que compensa el currazo que se han pegado.
Imagen: A.S.O./Charly Lopez




