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#Top2019 Tadeg Pogacar no entiende de reglas
La explosión de Tadeg Pogacar es el grito de una generación que no se somete a la norma
En los vértices de la estrella que más brilla en este balance de año sale el nombre de Tadeg Pogacar.
Es el nombre de un ciclista que desmiente, con otros de su edad o similar, que el talento entienda de edad o convencionalismos, que entierra teorías, dogmas macerados en el tiempo que hablan de maduración, crecimiento y esas cosas que hoy nos parecen del siglo pasado.
Hay estadísticas que hablan de la edad perfecta del Tour y sus ganadores, la línea hace punta en los 28-29 años, tiempo perfecto, equidistante entre la efervescencia de la juventud y la experiencia de los años.
Tadeg Pogacar se sale de esa foto, de esa estadística, su nombre va por otro camino, el suyo, que será lo largo que el tiempo dicte o el mismo quiera, pero que será otro, diferente en definitiva, a todo lo que estábamos acostumbrados.
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Yo no será porqué no avisara.
Es un corredor cuya efervescencia juvenil, esa carita redonda de no haber nunca un plato, no tiene sangre en las situaciones de peligro, en la presión.
Demuestra una madurez que sólo entendemos de serie, que viene en el pack, en el producto de origen.
Una madurez que ya en el cerco que le montaron en Algarve, con las piernas aún frías, nos dio la clave de que aquí no había un ciclista que viniera a esperar.
Salió y gestionó una situación adversa como lo había hecho en el Porvenir medio año antes.
Entonces Pogacar abrió el melón, pero hizo la brecha más gorda durante el año, consolidando lo bueno que se decía de él, desde dentro afuera, sacando una clase que parece imperecedera.
¿Momentos?
Su irrupción en País Vasco, no es poca cosa, con gente que lleva años bregando en el mundillo.
Luego California, y una victoria histórica, abrió su cuenta en el World Tour y cerró el ciclo de una carrera que el año que viene no tendrá lugar.
Pero no tuvo nada como la Vuelta, la carrera en la que explotó, dice que incluso antes de Andorra se veía para algo grande, aunque ese día tocó la perfección, dejando por sentado que el ciclismo premia a quienes corren dando la cara, no mirando atrás.
Y así, desde su admirable juventud, desde un contador a casi cero construyó un podio de la nada, en Machucos sacando de rueda a ciclista que no hace mucho le doblaba la edad, el sempiterno Valverde, y en Gredos tomando el mando él solito, dando el vuelco y granjeando un podio que, como otras veces hemos dicho, fue muy merecido.
Un podio, tres etapas en la Vuelta, mas California, más Algarve, más… esto es Tadeg Pogacar con 21 años, esto es un prodigio, como los compis de clase, de Bernal a Evenepoel… y sobre eso al infinito.
Ahora Pogacar planea su segundo año en el máximo nivel pivotando sobre el Tour de Francia, ahí es nada.
La generación precoz no espera, ni lo pretende y optan a lo más alto casi de inicio.
El Tour no es la Vuelta, eso dice la teoría, pero esta gente ha venido para eso, para romper las reglas.



