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@JoanSeguidor

#Top2016 A Van Avermaet sólo puedes quererle

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Tuvalum

Hay ciclistas que solo puedes quererlos. Por su disposición a sufrir, lo que se exponen, lo mucho que ofrecen, tanto que arriesgan, el camino que hacen sin arrepentirse donde pusieron el pie,… por eso y mucho más admiramos a Greg Van Avermaet, uno de los grandes en carreras de un día de su generación que, curiosamente, no ha ganado nunca un monumento para angustia del buen gusto ciclista.

Van Avermaet sin embargo, nunca dejó de remar, de mirar adelante y seguir avanzando. Lo ha hecho de forma tan concienzuda que sí, encontró oro, al final de una bahía, en Copacabana, como colofón a otro año que se ha pasado, mientras el cuerpo le respondió, delante y en vanguardia, tragando viento y dando la cara, una forma tan particular de correr que no le han valido todas las victorias que merecía, pero que al menos le han dado el cariño del entendido en este deporte.

No fue sin embargo una campaña sencilla para el belga. Cuando mejor estaba, cuando opsitaba entre los mejores para ganar Flandes, se fue al suelo y vio arruinada, entre sollozos, su campaña de clásicas. Esos días andaba fino, fino, fino. En primavera Van Avermaet lo disputa todo y prueba de ello fue que al menos dio el primero de todos, en la llegada Gante de la Het Nieuwsblad, en un desenlace fenomenal en el que acrecentó su etiqueta de verdugo de Peter Sagan.

Al menos de esos meses le cayó una inesperada victoria en la Tirreno, también sobre Sagan, por la nevada que impidió la jornada reina que en teoría debía realizar la criba buena y definitiva en el pelotón. Van Avermaet, dicen, se aprovechó de Sagan y su generosidad el día que se vistiera de azul, es posible que así fuera, pero si lo hizo, quizá es porque estuviera hastiado de otros tantos que se aprovecharon de él o porque hay días en los que sencillamente es imposible colaborar con Sagan, porque éste no corre, vuela. Lo pudo comprobar tiempo después en Canadá, donde su rivalidad se trenzó en sendas victorias en Quebec y Montreal a repartir el uno con el otro. Desde luego una de esas dualidades que marcan los tiempos.

Restablecido del accidente de Flandes, hizo un Tour sobresaliente ganando una etapa tras fuga kilométrica y llevando hasta donde le dieron las piernas ese maillot amarillo que te cambia la vida si un día recae sobre tus espaldas. A modo premonitorio, aquella prenda presagió el oro qe colgaría de su cuello el día de la fantástica carrera de fondo de los Juegos Olímpicos, para muchos el mejor día de ciclismo de la campaña, para un servidor la pieza que Van Avermaet siempre mereció cobrar del deporte al que consagró su vida.

Para el nuevo año, sólo pedimos una cosa para Greg, que rompa ese techo de cristal que son los monumentos, esas carreras que sin duda dan la grandeza que su historial merece. No os quepa duda, que en estos días de precelebraciones navideñas, a éste esa idea ya le ronda, como si mañana mismo fuera a partir de Brujas un nuevo Tour de Flandes…

Imagen tomada de www.letour.fr

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