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Mi primera marcha cicloturista

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¿Quién no recuerda su primera marcha cicloturista?

Fue mi primera vez, mi experiencia inicial. Andaba nervioso aquellos días previos. Normal, el momento llegaba, el día que por vez primera lo iba a hacer. Me lo pedía el cuerpo, porque uno ya tenía una edad. Ella, tan seductora, me esperaba: mi primera marcha.

Pero no amigos, ni acabé borracho ni con resaca. Ni me fui de bares ni trasnoché, como tampoco acabé dentro de un coche pelando la pava en una cuneta de Collserola, con Barcelona a nuestros pies. No, qué va, para nada. Mi primera marcha no fue de este tipo, si bien, los 140 kilómetros que me metí entre pecho y espalda aquel día casi produjeron los mismos efectos en mí como si hubiera salido toda la noche de fiesta: cansado, con malestar general, dolor de piernas y un cierto mareo producido sin duda por el esfuerzo realizado, pues quedé algo tocado por el principio de pájara que padecí aquella jornada, un fenómeno del rendimiento físico que ni conocía ni por supuesto había oído nunca hablar de él.

Era un 9 de mayo, pero de 23 años atrás. También llovía, como esta mañana mientras escribía estas líneas, aunque las precipitaciones nos respetaron en la salida pero no a la vuelta, que nos cayó un buen chaparrón que nos caló hasta los huesos.

Ciclista… perdón, cicloturista tardío, empecé a levantar el culo del sillín intentando imitar los hachazos que pegaba Perico en la montaña del Tour, al que seguía por la tele en memorables tardes de julio. Después, ya con Induráin, mi afición se convirtió en pasión y salir con mi primera bici de carreras era algo ya habitual aquellos fines de semana de principios de los 90, hace más de 25 años.

Pero aún no había salido nunca de marcha. Aquello me parecía otro mundo, pobre de mí. ¿Adónde iba a ir yo con aquellos ciclistas con aquellas pintas de profesionales? Además yo pensaba, ingenuo de mí, que estos eran a los que llamaban «aficionados», para darme cuenta, poco tiempo más tarde, que no, que éstos eran (casi) tan buenos como los pros.

Con el aspecto que tenía por aquel entonces (piernas peludas y con bambas, sí, con bambas, para mis calapiés sin correas-) y con mi «hierro», equipado con todos los accesorios posibles (portaequipajes, luces), nunca se me pasó por la cabeza presentarme a una manifestación deportiva de ese calibre.

Además salía siempre solo. Tampoco conocía a nadie que compartiera mi incipiente locura por el ciclismo y ni siquiera estaba al tanto de las diferentes asociaciones que miman nuestro deporte favorito. Ni por asomo. Una época en la que aún no existía ni internet ni los correos electrónicos, claro está, pero sí los carteles de toda la vida que se pegaban en las farolas, como el que vi un buen día que anunciaba una marcha cicloturista que organizaba el club ciclista del barrio en el que yo trabajo, el genuino distrito barcelonés de Gràcia.

Me llamó la atención el bonito trofeo con el que obsequiaban a todo aquel que acabara la prueba: una figura de un ciclista en un pedestal, muy maja. En aquellos años y hasta hace bien poco, era lo normal y los premios más atractivos eran recibir copas, trofeos, piezas con motivos ciclistas que durante mucho tiempo fuimos coleccionando y guardando, llegando a acumular tantos que, como un día dijo nuestro buen amigo Javi, cuando mis descendientes los vieran en el futuro se pensarían que entre Induráin y yo ganamos todos los grandes premios de la primera mitad de la década de los 90.

Observé la fecha y el recorrido: 9 de mayo, 7 de la mañana, para recorrer 140 kilómetros a un ritmo mínimo de… ¡20 km/h! Pensaba que sería incapaz, que no podía ser, muchos kilómetros, mucha exigencia y para mí… ¡una velocidad de vértigo! No sabía si aguantaría.

Pero tenía que probar, por fin.

Unos días antes salía a entrenar con vistas a participar y me animé, pues ya empezaba a recorrer distancias entre 75 y 80 kilómetros digamos que dignamente.

Recuerdo que lo primero que hice fue sacarle todo el peso posible a mi pobre bici: si quería que fuera un poco competitiva tenía que quitarle tanto lastre, así que fuera portaequipajes, luces, etc.

¿Y yo? Tenía que mejorar mi imagen. Admiraba a aquellos ilustres cicloturistas que me iba cruzando en carretera, con sus impecables equipaciones, sus depiladas piernas, brillantes y con los músculos bien definidos. Quería ser como uno de ellos y me las afeité sin sufrir «graves» contratiempos: algún corte por aquí, algún tajo por allá, ya se sabe.

Qué sensación más extraña tuve cuando me puse el pantalón o cuando dormí aquella noche, bajo las sábanas, y después salir al día siguiente con culote corto, notando una reconfortante y fresca impresión en mis piernas al aire libre, entre ligereza, comodidad y fortaleza, algo que nunca más ha vuelto a emocionarme, como aquella primera vez.

Llegué a la línea de salida de aquella recordada jornada. Formalicé la inscripción a mano, claro, rellenando un impreso y me quedé un rato sólo observando, mirando, descubriendo detalles entre los ciclistas y la organización. Vi ambulancias, policía, coches de asistencia, parecía que estaba en el Tour, y en el ambiente, un cierto olor a carrera, producido, seguramente, por los ungüentos y linimentos de las piernas de aquellos fieras.

Arrancamos y en aquel momento sólo se oyeron los click-clack de las zapatillas colocándose en las calas. Yo me situé con modestia en el seno de un pelotón de más de 300 ciclistas. Poco a poco, me fui animando al ver que podía seguir bastante bien el ritmo del grupo. Ingenuo de mí, ignoraba que nos llevaban neutralizados hasta la salida de la ciudad de Barcelona, por la gran arteria urbana de la Avenida Diagonal, que presentaba un aspecto inmejorable: la gente animando como si se tratara del paso de la caravana del Tour. Hasta el cabello se me erizó de la emoción.

Una vez fuera de la gran metrópoli, el ritmo se avivó y me desengañé un tanto, ya que en las subidas me quedaba junto con otros compañeros, pero estaba contento al comprobar que por detrás aún venía mucha gente descolgada, y no era precisamente de los últimos.

Así fuimos hasta llegar al primer avituallamiento: parada obligada, firma de control y a desayunar con todo el pelotón reagrupado, igual, igual, que se hace ahora, vamos, porque entonces ni existían dorsales, ni chips, ni control de tiempos, ni maldita falta que hacían. Se trataba de hacer cicloturismo, de descubrir nuevas tierras o montañas, nuevos pueblos o ciudades, que sobre todo al ciclista urbano, como era mi caso, le hacía conocer más y mejor su entorno más cercano.

Reanudamos la marcha y otra vez la carretera puso a todo el mundo en su sitio. Con bastante esfuerzo llegué con un grupo muy majo a la plaza mayor de Vilafranca del Penedès, donde se almorzaba y se daba la vuelta.

Allí empecé a charlar con otros cicloturistas, de sensaciones, de entrenos, de alimentación, de temas que yo nunca había dado importancia y que a partir de aquel momento tendría muy en cuenta, y tanto.

Hablaba con aquellos chicos del Gràcia, con aquellos maillots tan antiguos que parecían sacados de un libro de historia del ciclismo, y me parecieron estupendos. Luego me despedí de ellos, de los que luego serían mis colegas y amigos.

De regreso me encontré algo mejor, supongo que por el almuerzo, porque íbamos más juntos que a la ida y porque el terreno era más propicio, charlando más con los participantes. El caso es que se me pasaron los kilómetros volando, pájara y aguacero aparte, y enseguida llegamos a la entrada a Barcelona, donde de nuevo nos esperaba la Guàrdia Urbana para cruzar la ciudad.

Muy contento por haber finalizado mi primera marcha, ¡dentro del horario establecido!, por haber conocido a mucha gente, por el trofeo y recuerdos que nos dieron, marché a casa muy satisfecho y con sólo un pensamiento en la cabeza.

Al día siguiente, lunes, un muchacho entraba en la sede del Club Ciclista Gràcia y salía de ella con una sonrisa de oreja a oreja con su carnet de socio, su licencia cicloturista y con aquel maillot tan raro. Se le abría ante sí un nuevo horizonte: excursiones y marchas épicas, grandes compañeros y amigos, un nuevo y diferente estilo de vida.

Muchos miles de kilómetros más tarde, recuerdo aquel día aún con emoción y muy orgulloso de pertenecer a este nuestro pequeño y gran mundo cicloturista.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de LetSport

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@JoanSeguidor

El fantasma que persigue a Abraham Olano

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Abraham Olano es uno de los ciclistas más injustamente tratado

Esta tarde Teledeporte se acuerda de Abraham Olano

Lejos queda ya el mundial que dieron al inicio del confinamiento, que alimentó el estéril debate si Olano fue campeón por gentileza de Indurain, para que el astro guipuzcoano vuelva a las pantallas.

Es el Mundial CRI de Valkenburg año 98, aquel famoso año.

Una tarde de perros en octubre -la Vuelta prevé salir de allí en noviembre- y oro para Abraham Olano, tres años después de la plata en Colombia, y plata para Melcior Mauri, uno de los héroes de Mende.

Esa tarde Abraham Olano fue el primer ciclista, y creo que hasta la fecha el único, que ha sido campeón de ruta y contrarreloj.

Tras un serial dedicado a Miguel Indurain y un empacho de Perico, creo que era ya hora se acordaran del de Tolosa.

 

No hace mucho corrió por las redes un polvorín de felicitaciones para Abraham Olano.

50 años cumplió el guipuzcoano. Curiosamente cada felicitación, cada retweet que sonaba en el espacio, tenía una respuesta, una retahíla que quienes vivimos la época del tolosarra nos recuerda a la de entonces.

Miembro de la generación del setenta, Olano fue posiblemente el mejor de esa hornada. Coincidió con Eugeni Berzin, ejemplo de devaneo de grandeza acompañado por la total desaparición, el vacío. Hoy vemos al ruso vendiendo coches con una figura que no insinúa su percal de ganador del Giro. También Francesco Casagrande, grande pero lejos de sus limites, y Michele Bartoli, enorme en lo suyo, en las Árdenas. Coincidió con Marco Pantani, sobran palabras, pero su palmarés es menos extenso que el de Olano. También Erik Zabel, Eric Dekker, Peter Van Petegem y otros rodaron con más o menos fortuna y no buenos finales en todos los casos.

Hace cuatro meses nos felicitó las Navidades desde Gabón, aquí al lado…

Abraham Olano acumula un bagaje que le sitúa entre los cinco mejores ciclistas de la historia del ciclismo español y sin necesidad de haber ganado el Tour, la carrera que marcó su techo. Ganó el primer mundial para España, sí con la ayuda de Miguel indurain, pero arrimado a la grandeza de un pedaleo que fue grande hasta el final, incluso con la rueda pinchada. También ganó el mundial contrarreloj tras la hacerlo en la Vuelta y a ello le añadió muchas e interesantes piezas que para muchos sólo una de ellas justificaría una carrera entera.

Con estas credenciales, a Olano, sin embargo le persigue un fantasma, un estigma, una especie de reproche generalizado porque no llegó a donde no sé quién pensó que debería haber llegado. Cuando Miguel Indurain colgó la bicicleta todos les miraron. En el Tour de 1997 Olano demostró que nunca ganaría a carrera francesa y que su regularidad, siempre coronaba noveno los puertos, no le valdría en el empeño.

 

Decepción, amargura, frustración,… cuando se siembra de falsos argumentos el camino, pasa lo que pasa y Olano fue una estrella ahogada en las nunca cumplidas proyecciones, proyecciones que por cierto él nunca lanzó. En la Vuelta del 98 se vio claro, el público en general y su equipo en concreto se decantó por el Chaba Jiménez. Emoción frente a razón. Momento ante gesta. En los peores instantes de aquella relación imposible, pocos dudaron en ponerse al lado del abulense.

Pero a Olano le quedó un segundo capítulo de ingratitud por parte del ciclismo, ese que le vino desde Unipublic, que prescindió de él cuando se sacó el famoso listado de ciclistas manchados en el Tour de 1998. Sabiendo lo que se sabía, resultó curiosa la sorpresa mostrada, pero en fin, esto es el ciclismo, esto es la vida y a Olano, felicidades por tus 45 primaveras, siempre le tocó bailar con la más fea.

Imagen tomada de diariodeltriatlon.es

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@JoanSeguidor

El veredicto de los adoquines, Juan antonio Flecha

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Al habla Juan Antonio Flecha, el hombre de ciclismo de Eurosport, que nos da algunas de las claves de la campaña de adoquines

Juan Antonio ¿Quién se lo habría dicho a Mathew Hayman?

Desde luego, quién lo hubiera dicho más saliendo de una lesión de brazo y habiendo corrido tan sólo Miguel Indurain y La Rioja. Tuvo una fractura en la Het Nieuwsblad y ha sabido mantener un estado de forma que entonces ya sería buenísimo. Lo que ha hecho no es algo tan raro, el año que yo fui cuarto en Roubaix me rompí la mano y necesité cirugía para fijarlo, incluso una semana después que él, pero mantuve el ritmo y pude llegar a Flandes en buenas condiciones

Tú coincidiste con él…

En Roubaix era la persona que debía estar cerca mío los años de Rabobank. Estaba siempre detrás por si tenía algún problema, o algún cambio de rueda. Recuerdo la Roubaix que perdí por un pinchazo en la zona anterior a Arenberg. Aquello le enfadó mucho porque él había cumplido su misión y otros no. No es usual ver gente tan desinteresada. Cuando salió la opción de irnos al Team Sky le animé a que me acompañara. Me ayudó mucho en la Het Nieuwsblad que gané, me dio la rueda de atrás, sin él no habría ganado

Por cierto qué Roubaix la de este año

Ha sido una carrera muy bonita, quizá la mejor de los últimos tiempos, con un grupo de hombres importantes que anticipa el ataque y lleva los favoritos a la contra toda la carrera. Cuando atacas como lo hizo Etixx el otro día, tienes que estar muy seguro de tus fuerzas porque no siempre sale bien. Sea como fuere creo que a un corredor que ha ganado cuatro veces Roubaix como Boonen no se le puede dejar ir aunque quede mucho para meta. Cuando un favorito ataca debe responder otro favorito

Parece que Boonen se nos va

No acabo de ver claro que deje el ciclismo. Ha estado ahí, muy cerca, y él ya ha declarado que una quinta Roubaix es su sueño

Cancellara también lo puede dejar ¿no te apena que se planteen dejarlo estando tan bien?

El año de tu retirada no tiene porque se un mal año. No obstante todos tienen su motivo y Cancellara tendrá el suyo, quizá no le llene como antes, o no quiera más sacrificios,… es muy subjetivo. Yo por ejemplo dejé el ciclismo porque me apetecía probar otras cosas en la vida, y varios años después puedo decir que lo estoy consiguiendo. A ello se unía, tengo que ser sincero, que mis objetivos en estas carreras cada vez estaban más lejanos

Eurosport-ParisRoubaix

Y Sagan ¿qué te ha parecido su primavera?

Excelente, ha ganado un monumento y le ha sumado la Gante-Wevelgem. Sagan fue un valiente en Flandes y nos ha dado una de las mejores ediciones de los tiempos recientes, y eso que no siempre es sencillo con ese circuito

¿Qué te parece el circuito de Flandes?

Que pierde la esencia de lo que es la carrera. Un monumento dando vueltas a un circuito, no lo acabo de ver, llámame clásico, pero así yo no recuerdo Flandes. Yo recuerdo el final del Muur y Bosberg… la generación que está ahora dentro de diez años podrá decir que para ellos Flandes es este recorrido porque es lo que han visto siempre, pero no es mi caso. No obstante el circuito es el que es, y lor organizadores que son los que tienen que rentabilidad la carrera saben qué tienen que hacer”

Volviendo de Sagan, es increíble el manejo que tiene de la bicicleta

Viene de BTT y eso es juega a su favor. Siempre ha tenido una gran destreza sobre la bici, otro en su lugar se hubiera caído con Cancellara en Roubaix, él pudo salvarlo de un salto. Pero en su caso no todo es técnica, hay que sumarle un estado de forma excepcional. En el pelotón hay gente con una técnica increíble, mira por ejemplo las cromos de Fabian, su forma de trazar, de entrar y salir en las curvas. Todo eso viene de base, desde pequeños, en mi caso lo logré en el velódromo, rodando mucho, cogiendo cadencia en el pedaleo y acostumbrándome a no usar los frenos cuando las cosas se ponen feas

Además Sagan tiene la enorme presión de ser el objetivo de muchos

No creo que sea diferente a la presión de otros grandes campeones, por ejemplo todo el mundo espera que Contador siempre esté delante o gane, como el gran campeón que es

Otro que sale reforzado de la primavera es Michal Kwiatkowski

Es que es campeón del mundo, es un todo terreno que es capaz de muchas cosas. Quizá su hándicap sea la escalada, pero todo se andará

Ahora vienen las Árdenas

Son cosas que no se pueden comparar. Carreras como Amstel o Lieja son excelentes y tienen mucho prestigio, pero como ellas ves muchas todo el año. En la Vuelta al País Vasco puedes ver una Lieja cada día. La gente aprecia Flandes y Roubaix porque no hay nada que se les parezca, son únicas

Por último ¿qué te ha parecido lo de Erviti?

Ha sido excepcional, pero en honor a a verdad yo nunca he oído a Erviti que quiera ganar Flandes o Roubaix, ni siquiera ahora que ha hecho top ten en ellas. Primero deberíamos preguntarle si quiere ganarlas. Está en un equipo con una cultura muy marcada. Yo recuerdo una presentación en Banesto que presentaba Perico. Me preguntó cuál era mi sueño ciclista y le respondí que Flandes y Roubaix. Se oyeron risas y me miraron extrañados. Erviti ha dicho que ya sabe que puede estar hasta el final en estas carreras

Imagen tomada de FB de París-Roubaix

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@JoanSeguidor

El último grande del adoquín se llama Tom Boonen

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La suerte de nuestra generación fue disfrutar de Tom Boonen

No hace muchos días que Tom Boonen dijo que igual volvía, ahora eso pasó a la prehistoria de nuestra acelerada vida.

Que la realidad nos tenga confinados no reduce la imaginación ni mata el recuerdo…

Es por ello que queremos recuperar algunos pequeños recuerdos a los grandes clasicómanos de la historia, un minúsculo tributo en forma de busto marmóreo en la entrada de casa en el que pasearemos por las excelencias del momento más singular de la campaña ciclista.

Habrá de todo, leyendas, mitos y recortes, pero empezaremos por uno que lo dejó no hace mucho.

Ciclobrava – 400×100 Landing
400×100 Sea otter Landing
Gravel Ride 400×100

Tom Boonen se explica en Roubaix, la carrera que prioriza y prestigia como la primera de sus preferencias.

Otras como Flandes pasan varias veces por el Kwaremont, la capilla la suben en más carreras, los parajes de Roubaix son únicos, patrimonio exclusivo de esta carrera, de ese domingo de Pascua.

Ni el Tour se atreve a entrar a la entraña de Arengerg, se queda a las puertas, ni al Carrefour, lo toca tangencialmente.

El primer disgusto ciclista de Boonen fue cuando, siendo un crío en el US Postal de Armstrong, perdió su primera Roubaix ante Museeuw, que se fue mientras el revoloteaba por la panza del grupo en pleno tramo de pavé.

Catorce años después se llevó idéntico disgusto cuando veía que en el mejor día de ciclismo en mucho tiempo no fue capaz de soltar a Mathew Hayman y éste le ganaba en los peraltes del velódromo cuyas míticas duchas no ha utilizado porque ya se limpia en el camión del equipo.

Decir Boonen es decir muchas cosas, pero sobretodo Roubaix.

Dos momentos, esa edición que ganó porque se puso al frente y vio como detrás de él los rivales caían presa de una mala maniobra o de la imprecisión: Van Summeren, Felcha, Hushovd, Pozatto,… uno a uno cayendo en serpentín y él, azul y blanco, en solitario hacia el velódromo.

Otra imagen, la de 2012, el “quasi pleno”, pues ganó todas las del adoquín salvo Het Nieuwsblad.

El Cruz Cyclone es un portabicicletas de bola de remolque para 2/3 bicicletas abatible y con antirrobo

Atacó a una eternidad de Roubaix y llegó.

“Aquel día me sentía capaz de cualquier cosa” admite.

Y yo admito que Boonen no me gustaba, no al menos en sus primeros años de insolente facilidad para ganar, tanta que causaba recelo.

Pero el paso del tiempo pone a cada uno en su sitio y a Boonen éste le ha situado muy arriba en una escala de aprecio.

Es un ciclista único, irrepetible, un lujo que hemos visto en directo, correr y ganar en grandes carreras, crecer como persona, conviviendo con la esfera social que rodea a los ciclistas en Bélgica y siendo fiel a Lefevere como éste lo ha sido con él.

Desde el principio hasta el final.

Imagen tomada de Pinterest

Ciclo 21 – 400×100
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Holanda y las bicicletas, el equilibro holandés

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La pasión de Holanda por las bicicletas no conoce límites

Holanda y las bicicletas. En esta vida nos asombramos muchas veces por lo instaladas que están ciertas cosas y asimilados algunos tópicos en muchos sitios.

Hablamos estos días, los enfermos de todo esto, de la grandeza de Flandes, de Roubaix, de las clásicas valonas, y a veces, con el presente presionando, no nos damos cuenta de que hablamos de cosas ancestrales, tan arraigadas en esos sitios que son parte intrínseca de la gente y el lugar.

Holanda y sus bicicletas

Pasa algo similar con la bicicleta y Holanda, un mito, un eco, que lejos de serlo, es más que nada un rasgo, como otro cualquiera, de la gente de ese país. Muchos de los que lean estas líneas habrán estado el Delft, en Utrech, en La Haya y en Amsterdam.

Yo lo estuve, en rol de peatón y me asombré con lo que vi, allí las bicicletas te arrinconan, literalmente, te dejan en un segundo escalón.

Cuando volví de allí hice un post sobre ellas por Amsterdam, las llamé las “vacas sagradas” porque alcanzan el nivel de deidad que tiene este animal en la cultura de un país como la India.

Estos días estoy leyendo un interesante ensayo francés sobre la bicicleta en las ciudades que habla no sólo del presente, también se va a los primeros tiempos de esta mágica máquina por las calles y la proyecta al futuro.

La bicicleta y la Gran Guerra

En el viaje al primer pasado, a los días originales, este libro cuenta cosas muy curiosas de los Países Bajos. Al parecer la bicicleta se trenza con la idiosincrasia que el país tuvo que adoptar durante la Gran Guerra.

Los Países Bajos, en medio de los bloques alemán e inglés, se declararon neutrales, ni con unos, ni con otros, y e ese inestable equilibrio la bicicleta, siempre en movimiento, representaba mejor que otro objeto la equidistante situación.

A ello se le añadió una red de pistas ciclables realmente amplia, si tenemos en cuenta el tamaño del país respecto a Alemania, por ejemplo, la comparación de 2600 kms holandeses contra 8500 germanos habla del tamaño de apuesta.

Estamos en el año 1938. También influyó la sequía de carburantes en la época, cosa que obligó a dejar los primeros coches por las ciudades bien aparcados en el garaje.

Y por último, y muy importante, como en el presente, la propia actitud de las personas encarnada en las asociaciones de ciclistas holandesas, que fueron muy activas en la promoción de la bicicleta e incluso en el coto a las posibles tasas que las autoridades quisieron cargar sobre la emergente máquina.

Aunque a grandes rasgos, esta pequeña historia es perfecta entender aquello y ver lo lejana que está por ejemplo España en esta materia, aunque sólo sea por la cantidad de años de desventaja que lleva.

Imágenes tomadas de www.dutchjewry.org & www.rionegro.com.ar

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En tiempo de vatio/kilo y números ¿quién habría podido medirse con lo que arrastraba Indurain?

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Con Luis Ocaña no había gris, era blanco o negro, sin punto medio, nunca equidistante.

“Él tiraba y tiraba, se dejaba el alma y llegado a un punto reventaba. Se había acabado la historia. Punto, no había más” me contó un día Jaime Mir.

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De la incertidumbre de Astana al calorcito de Ineos, así ha sido el viaje más reciente de Omar

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#PodcastJS con @OmarFraile

Entre las cosas a celebrar de 2021 está el retorno de Fabio Jakobsen, algo que hace menos de un año veíamos como un milagro.
Incluso soltando la fresca que le propinó a Sénéchal, se quiere a este intrépido neerlandés.

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Qué cima Hautacam, qué no habrá pasado allí, desde Indurain estrenándola entre la niebla, a la sobrada de Riis y de los Saunier.
El Tour vuelve a ella...

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