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Tom Boonen sería una alegría efímera
Pensar en el regreso de Tom Boonen nos hace salivar
Pues parece que en esta primavera loca podemos hasta soñar con la vuelta de Tom Boonen.
Leemos que superestrella belga medita volver a las carreteras a competir, a las puertas de los cuarenta, una edad en la que están otros corredores que compiten por lo mejor.
Recuerdo este post de hace unos años, cuando Nico Van Looy firmó en este mal anillado cuaderno que Tom Boonen quería ser Valverde.
Toma ya.
Se basa Tom Boonen en el regreso del tenista Kim Clijsters, ocho años ausente.
Tom dejó esto hace menos tiempo, hace tres años, en su querido velódromo de Roubaix, siendo el 13, número que no debió dejarle satisfecho.
Esa tarde que vio Greg Van Avermaet tocar el cielo adoquinado, Boonen pasó de la carretera a ver el ciclismo en la televisión.
Precisamente esto le lleva a pensar que podría ser mejor pro, a su condición física, que entiendo habrá cuidado, le añade lo que ha visto y aprendido por la caja tonta.
La posibilidad de ver a Tom Boonen de nuevo en ruta nos podría hacer salivar, más en días desazón y perplejidad por todo lo que está pasando, pero hemos de admitir que esa misma perplejidad nos asiste cuando leemos la noticia del astro belga y sus ganas de volver.
Querer es una cosa, poder, otra muy diferente.
Tom Boonen es muy libre de volver e intentarlo, pero lo cierto es que las segundas partes rara vez fueron buenas.
Andrea Tafi especuló con ello y desistió, aunque el italiano es mucho más mayor que Boonen.
Un sueño húmedo del aficionado ciclista sería volver a ver esa chepa, manos en la parte baja del manillar, mirada asesina y nuca tan rapada como angulada.
Esa estampa, desde luego que la extrañamos, como las trifulcas a cien kilómetros de Roubaix, pero eso, en estos días de plomo y realidad, es soñar, y mucho.
Aunque si se nos permite, nos encantaría verle con el quinto adoquín y la cara del cascarrabias De Vlaeminck mirando la escena.








